La Colección digital de fotografías históricas de la BLAA, disponible en la Biblioteca Virtual de la Red de Bibliotecas Públicas del Banco de la República , incluye cerca de 900 fotografías de Colombia o relacionadas con el país, producidas entre 1840 y 1920. Esta selección constituye una muestra representativa de las imágenes que la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Luis Ángel Arango conserva, y reúne materiales de diversas colecciones, como las de Pilar Moreno de Ángel y Manuel María Buenaventura, además de varios álbumes, como los de la familia del presidente Julián Trujillo Largacha, del fotógrafo Demetrio Paredes, de las familias Arboleda y Pombo, y la Galería de notabilidades colombianas de José Joaquín Pérez. La muestra también incorpora fotografías sueltas que amplían y enriquecen la diversidad temática de la colección.
La selección se realizó teniendo en cuenta varios criterios: la calidad material, el periodo de producción, la diversidad de los lugares donde fueron capturadas las imágenes, y la variedad de fotógrafos, técnicas, formatos y géneros. Las descripciones se basan en una investigación del contenido, contexto de producción y materialidad de cada imagen. Este proceso contó con el acompañamiento del área de Conservación de la Red de Bibliotecas, que supervisó la revisión de las fotografías de acuerdo con los protocolos establecidos para el manejo de material patrimonial. Se identificaron así las técnicas, las medidas y los formatos, y se encontró nueva información relacionada con la autoría, el lugar y la fecha de producción de las imágenes.
El marco temporal de la colección (1840-1920) se definió teniendo en cuenta cambios tecnológicos, técnicos y de circulación de las fotografías a finales del siglo XIX y principios del XX. La fecha inicial obedece a la presencia de piezas realizadas con las técnicas fotográficas más antiguas que conserva la Red de Bibliotecas del Banco de la República: el daguerrotipo, el ambrotipo y el ferrotipo, procedimientos que marcaron los comienzos de la fotografía y que permiten documentar sus primeras etapas de desarrollo.
El daguerrotipo, creado por Louis Daguerre en 1838 y presentado oficialmente en Francia en agosto de 1839, fue el primer procedimiento efectivo para capturar imágenes de manera permanente. En la República de la Nueva Granada, nombre que tenía entonces el territorio de los actuales países de Colombia y Panamá, las noticias sobre el invento llegaron apenas un mes después de su anuncio oficial en Francia. En el Manual de arte del siglo XIX en Colombia, Beatriz González señala que, el 22 de septiembre de 1839, el periódico El Observador de Bogotá ya había escrito sobre el daguerrotipo (González, 2017, pp. 386-387). El barón Jean-Baptiste Louis Gros, diplomático francés que llegó al país a finales de junio de ese mismo año, fue uno de los primeros personajes vinculados con la introducción de la nueva tecnología. En la Historia de la fotografía en Colombia, Eduardo Serrano sostiene que, gracias a la información disponible en prensa y a diversos folletos especializados, a los que probablemente tuvo acceso por su posición privilegiada como representante del gobierno francés, Gros logró construir en Bogotá la cámara con la que realizó sus primeros daguerrotipos (Serrano, 1983, p. 20). La llegada de esta tecnología despertó posteriormente el interés de otras figuras del mundo de las artes y la política. Entre ellos se encontraba Luis García Hevia, considerado el padre de la fotografía en Colombia (Moreno de Ángel, 2000, p. 128).
Se estableció la década de 1920 como límite de la colección, ya que durante esos años ocurrieron transformaciones técnicas y tecnológicas que modificaron las primeras formas de producción y circulación asociadas al oficio y ampliaron su alcance en la sociedad colombiana. Aunque los estudios fotográficos continuaron siendo relevantes durante las primeras décadas del siglo XX, desde 1888 la Eastman Kodak Company de Estados Unidos empezó a comercializar cámaras compactas con la intención de poner la fotografía al alcance de un público más amplio. Así surgió la popular “cámara caja”, promocionada como “un producto que cualquier persona podía utilizar sin la necesidad de leer un manual de instrucciones” (Preceden, s.f.). Si bien estas cámaras aún tenían algunas limitaciones, como la necesidad de enviar el dispositivo al fabricante para revelar las imágenes, entre 1920 y 1930 se produjeron mejoras en estos modelos, y otras marcas, como Agfa Box, desarrollaron equipos similares. De esta manera, la fotografía comenzó a ser “un pasatiempo al alcance de todos” (Preceden, s.f.).
Al mismo tiempo, durante la década de 1920 comenzaron a surgir nuevos géneros y usos de la fotografía, relacionados con necesidades políticas, como la fotografía aérea que se empezó a emplear en la producción de mapas, trazar fronteras y conocer territorios para la explotación de sus recursos, y nuevas formas de comunicación, entre ellas la reportería gráfica. Publicaciones como El Gráfico , fundada en 1910 y publicada hasta 1941, Cromos, fundada en 1916 y aún vigente, incorporaron progresivamente fotografías en sus páginas. De esta forma, se convirtieron en diarios pioneros del reportaje gráfico en la prensa colombiana (Vampa, 2013, p. 5). El periódico Mundo al Día, fundado en 1924 y publicado hasta 1938, introdujo desde sus comienzos el uso de fotografías en sus páginas. Este hecho fue especialmente significativo, pues “era la primera vez que un diario […] utiliz[ó] la fotografía, el reportaje gráfico como parte de la noticia” (Vampa, 2013, p. 5). Estos cambios marcaron el tránsito hacia una nueva etapa en la historia de la fotografía, caracterizada por una mayor circulación de imágenes y por la ampliación de sus formas de producción y consumo.
Sobre la colección
Esta muestra reúne fotografías producidas en distintos países de Europa, como Inglaterra, Francia, Alemania e Italia; de Norteamérica, como Estados Unidos; y de América Latina, como Colombia, El Salvador, Perú y Chile. De Colombia se seleccionaron imágenes realizadas en nueve de los actuales 32 departamentos: Antioquia, Atlántico, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Nariño, Norte de Santander, Santander y Valle del Cauca. Aunque la mayoría procede de ciudades como Bogotá y Medellín, la colección también incluye fotografías realizadas en Buenaventura, Pasto y Tumaco, donde hasta ahora se conocía poco sobre el desarrollo de la práctica fotográfica. Su inclusión enriquece el conocimiento sobre la historia de la fotografía en Colombia y evidencia que esta actividad no estuvo restringida a los principales centros urbanos.
La investigación permitió identificar un amplio conjunto de fotógrafos, establecimientos y distribuidores de fotografías, tanto nacionales como extranjeros. En la muestra se cuentan alrededor de treinta fotógrafos colombianos. La lista incluye nombres reconocidos como Luis García Hevia, Demetrio Paredes, Julio Racines, José Gregorio Gutiérrez Ponce de León, Gonzalo Gaviria, Pastor Restrepo y los hermanos Horacio Marino y Luis Melitón Rodríguez Márquez. A estos se suman figuras menos conocidas como Emilio Mendoza, Juan Carrasquilla y Saturno Zapata, activos en Bogotá; Cayetano Landazabal, Marco A. Lamus y Amalia Ramírez de Ordoñez, activos en los departamentos de Santander y Norte de Santander; Sixto Jaramillo, activo en Antioquia; y Juan D. Vargas, activo en Nariño. La colección también incluye ocho fotógrafos extranjeros que se establecieron temporalmente en el país para ejercer su oficio, como John Bennet, Augusto Schimmer, Quintilio Gavassa, Antonio Faccini y Pablo Perrase. Cabe señalar que, en muchas ocasiones, ellos se desplazaban de una ciudad a otra, dejando a su paso imágenes que daban testimonio de la calidad de su trabajo y de los lugares en los que estuvieron.
La colección también incluye imágenes producidas por fotógrafos que no residieron en el país. En la mayoría de los casos, se trata de retratos de personajes ilustres que, durante sus viajes al exterior, aprovechaban para posar ante fotógrafos de renombre y posteriormente llevaban consigo estas imágenes a Colombia. En otras ocasiones, los fotógrafos eran enviados al país para realizar tomas de paisajes urbanos y rurales de diferentes ciudades, con el propósito de promocionarlas como lugares exóticos. En total, se hallaron diecinueve nombres de fotógrafos extranjeros, entre ellos Gaspard-Félix Tournachon (Nadar), André Adolphe Eugène Disdéri (quien patentó la tarjeta de visita) y Alexandre Ken, activos en Francia; Rudolf Conrad, activo en Alemania; William Kurtz y José María Mora, activos en los Estados Unidos; y Fernando Garreaud, activo en Chile. También se reconocieron nueve establecimientos fotográficos, entre ellos The London Stereoscopic Company, con sede en Inglaterra; Fratelli Alinari, en Italia; Dana Portraits, en los Estados Unidos; y Courret Hermanos, en Perú.
La selección, además, da cuenta de 16 establecimientos fotográficos que funcionaron en el país a finales del siglo XIX. Estos aparecían cuando dos o más fotógrafos se asociaban para trabajar conjuntamente. Por ejemplo, en Bogotá funcionaron Racines y Villaveces, y Racines y Compañía; en Medellín, Latorre, Restrepo y Gaviria, Rodríguez y Jaramillo, y Rodríguez Hermanos; y en Popayán, Ramírez y Fernández. Por último, se identificaron distribuidores de fotografías que, en algunos casos, además de dedicarse a su comercialización, participaron en su producción. Cuatro de ellos operaron en Colombia: la Librería Torres Caicedo y la Librería Barcelonesa del catalán Felipe N. Curriols. Asimismo, se encontraron cuatro distribuidores de fotografías estereoscópicas de los Estados Unidos, como las compañías Keystone View Company y Underwood & Underwood.
Estos hallazgos contribuyen a comprender las redes de producción, circulación y comercialización de la fotografía durante el periodo estudiado, así como la diversidad de actores y establecimientos que participaron en estas dinámicas, tanto dentro como fuera del país.
Técnicas, materialidad y circulación
De acuerdo con la investigadora María Fernanda Valverde, para identificar y hacer estudios técnicos de los registros fotográficos se reconocen tres elementos que conforman la imagen: el soporte o base, el aglutinante y la sustancia formadora de la imagen que, en la mayoría de las fotografías del siglo XIX, está constituida por partículas de plata (Valverde, 2003, pp. 11, 20). A partir de esta clasificación, se puede decir que la colección reúne procesos fotográficos realizados sobre diferentes tipos de soporte: metálicos, como el daguerrotipo y el ferrotipo; de vidrio, como el ambrotipo y los negativos en gelatina; y de papel, como las albúminas, gelatinas de impresión directa y fotomecánicas.
Una vez revelada, la fotografía dejaba de ser únicamente una imagen para convertirse en un objeto cultural. Las formas en que circulaban y se exhibían respondían a la necesidad de protegerla, facilitar su manipulación y, al mismo tiempo, otorgarle un determinado valor social. En el caso de las fotografías sobre soportes metálicos o de vidrio, era habitual que fueran protegidas con estuches o marcos decorativos. Los primeros fueron frecuentes en Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras que los segundos tuvieron mayor presencia en Francia (Prieto, 2018, pp. 11, 13).
Los estuches estaban compuestos por cinco elementos: un contenedor elaborado según las dimensiones de la placa fotográfica, generalmente rectangular; l a placa que contenía la imagen; un marco denominado “espaciador”, que en sus primeras versiones consistía en una lámina de latón dorado y que posteriormente adquirió un carácter ornamental; un vidrio destinado a proteger la imagen; y un cierre, también llamado “preservador”, que mantenía unidos estos componentes y aseguraba la estabilidad del conjunto (Riera, 2012, pp. 13-14). Además de conservar, estos objetos formaban parte de la presentación de la fotografía y, en algunos casos, podían constituir objetos de lujo. Su circulación también implicaba el intercambio de mercancías, pues algunos de estos estuches eran importados (Riera, 2012, p. 13).
En el caso de las fotografías realizadas sobre papel, la mayoría de las piezas que integran la colección digital, con excepción de algunas pertenecientes a la colección Manuel María Buenaventura y al Álbum de Demetrio Paredes, se encuentran montadas sobre un soporte de cartón conocido como tarjeta. Estos soportes cumplían una función práctica: proteger la imagen de posibles deterioros, como craqueladuras o rasgaduras, y facilitaban su manipulación. Este tipo de montaje comenzó a utilizarse hacia 1854 y alcanzó especial popularidad con la tarjeta de visita, asociada al fotógrafo francés André Adolphe Eugène Disdéri, mencionado arriba (Sánchez Vigil, 2018, p. 2).
El respaldo de la tarjeta también adquirió otras funciones. Los fotógrafos solían utilizar este espacio para marcar las fotografías con su nombre, el del establecimiento fotográfico y el logotipo distintivo del estudio. Se trataba, en buena medida, de una estrategia comercial, pues la marca permitía asociar la imagen con un establecimiento determinado. Esta información cobraba importancia cuando el retrato había sido realizado en el estudio de un fotógrafo conocido, ya que contribuía a otorgar prestigio a la persona retratada (Goyeneche, 2009, p. 167). El reverso de las tarjetas podía cumplir, además, una función personal. Allí existía un espacio destinado a escribir dedicatorias (Sánchez Vigil, 2018, p. 179).
A partir de la década de 1870 surgieron nuevos formatos de tarjeta, cuya diversidad quedó registrada en publicaciones especializadas de la época, como el Catálogo de los productos químicos: papeles, aparatos y demás artículos para la fotografía de Lohr y Morejón (Lohr y Morejón, 1890, p. 61). La colección reúne varios de estos formatos: tarjeta de visita (aproximadamente 6.2 x 10.2 cm), tarjeta gabinete (aproximadamente 10.8 x 16.8 cm), victoria (aproximadamente 8.2 x 12.7 cm), promenade (aproximadamente 10.2 x 21 cm), parís (aproximadamente 13 x 22 cm), salón (aproximadamente 17.3 x 25.3 cm), gran promenade (aproximadamente 19 x 33) y tarjeta estereoscópica (aproximadamente 9 x 18 cm) (Sánchez Vigil, 2018, p. 4). Las dimensiones de las tarjetas incidían en el precio de la fotografía y, al mismo tiempo, estaban relacionadas con los distintos usos sociales de las imágenes. Los formatos más pequeños, como la tarjeta de visita, eran fáciles de transportar y podían obsequiarse a familiares o amigos como recuerdo. En cambio, los de mayores dimensiones, como las tarjetas salón o gran promenade, solían destinarse a la exhibición en las viviendas o en otros espacios de sociabilidad (Sánchez Vigil, 2018, p. 169).
Los géneros fotográficos
La colección también incluye los principales géneros fotográficos que se produjeron durante el periodo estudiado. El retrato ocupa un lugar destacado dentro de la muestra. Con frecuencia, estas imágenes corresponden a miembros de las élites que buscaban dejar una representación de ellos mismos y de sus familias para la posteridad. Según el investigador Edward Goyeneche, la fotografía de estudio tenía como objetivo reproducir una estética de formalidad ceremonial (Goyeneche, 2009, p. 186). Por esta razón, las personas evitaban aparecer con la ropa cotidiana o realizando actividades relacionadas con su trabajo y preferían posar de acuerdo con la imagen que querían proyectar ante la sociedad. Dentro de este género se encuentran retratos individuales de hombres, mujeres y niños, así como fotografías de grupos familiares y de amigos. También aparecen mosaicos, elaborados para reunir en una misma composición a figuras destacadas de determinados ámbitos, como el político, el militar o el religioso. Estas imágenes permiten acercarse a distintas prácticas y valores sociales de la época. Algunos retratos de niños muestran la importancia que todavía tenían las nanas en el cuidado; y otros registran rituales católicos, como el bautismo, la confirmación o el matrimonio.
La construcción del retrato no se limitaba al arreglo del estudio fotográfico o a la pose. Algunos registros evidencian retoques y montajes, empleados para modificar o complementar determinados elementos de la composición. Desde mediados del siglo XIX, los fotógrafos recurrieron a diferentes procedimientos para conseguir estos efectos, entre ellos el montaje manual, que consistía en recortar y ensamblar retratos individuales sobre un soporte común, y la doble exposición, mediante la superposición de negativos para integrar varias imágenes en una sola fotografía (Archivo de Fotografía Patrimonial de Ecuador, 2026).
Dentro de la muestra destaca un fotomontaje realizado a partir de la imagen del general Tomás Cipriano de Mosquera jugando ajedrez con su ayudante Francisco Montenegro en la terraza del Observatorio Astronómico de Bogotá, durante su reclusión después del golpe de cuartel del 23 de mayo de 1867. La fotografía fue realizada por José Gregorio Gutiérrez Ponce de León el 3 de junio de ese año y, según el investigador Ricardo Rivadeneira, tanto esta como otras piezas similares fueron intervenidas con la intención de hacer la imagen más llamativa (Rivadeneira, 2017, párr. 2). Otro ejemplo corresponde a un fotomontaje construido por el establecimiento de Wills y Restrepo a partir de retratos individuales de integrantes de la familia Moreno Ceballos, familia paterna de la investigadora y coleccionista antioqueña Pilar Moreno de Ángel, de Medellín. En este caso, además, el rostro de una de las mujeres aparece borrado, aparentemente de manera intencional.
Los paisajes urbanos y rurales constituyen el otro gran conjunto de imágenes de la muestra. Dentro de este grupo, las tarjetas estereoscópicas tuvieron un papel importante en la difusión de ciudades y escenas de distintas regiones del mundo. En el caso de América del Sur, estas imágenes ofrecían una visión de un territorio que se caracterizaba por una población relativamente escasa, en buena parte mestiza y de ascendencia indígena y europea, y en el que destacaban los paisajes de la cordillera de los Andes, los desiertos y las selvas tropicales. También mostraban centros urbanos de origen colonial de los que se destacaba su desarrollo histórico y arquitectónico (Darrah, 1977, pp. 139-140).
Además de retratos y paisajes, la colección incluye fotografías de tipos que representan a personas que no pertenecían a las élites sociales y destacan aquellos rasgos considerados “típicos” de los sectores populares (Navarrete, 2009, p. 52). Dentro de esta categoría se encuentran los tipos populares, en los que se hacía énfasis en la ocupación u oficio del retratado, los tipos indígenas o negros, y los tipos regionales y nacionales. (Navarrete, 2009, p. 50).
La muestra también conserva ejemplos de fotografía post mortem o de difuntos que muestran a niños fallecidos acompañados por familiares; fotografías médicas, vinculadas con la práctica y la enseñanza de la medicina; y fotografías de guerra. En la colección se conservan imágenes relacionadas, particularmente, con los daños ocasionados a la arquitectura de Bogotá durante la Guerra de las Soberanías (1860 y 1862). También se encuentra una puesta en escena de la batalla de La Humareda, ocurrida en 1885 cerca del río Magdalena, a la altura del actual municipio de El Banco.
En conjunto, la Colección digital de fotografías históricas de la BLAA permite acercarse a las formas de producción, los significados y los usos que tuvieron estas imágenes durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Los registros conservados ofrecen una mirada sobre personas, familias, paisajes, acontecimientos y distintos ámbitos de la vida social, pero también sobre los elementos técnicos, tecnológicos, procedimentales y estéticos que incidieron en la construcción de cada imagen. Al contextualizar estas fotografías, es posible reconocer costumbres, valores y formas de relacionarse de una sociedad del pasado. De este modo, las imágenes no solo permiten observar aquello que fue fotografiado, sino también comprender las ideas y prácticas que dieron sentido a su producción y circulación.
¿Cómo navegar esta colección?
Esta colección digital se puede navegar a través de las siguientes categorías:
Fotógrafo: Incluye nombres de colombianos y extranjeros, algunos de los cuales se radicaron en Colombia para ejercer su oficio. Entre los fotógrafos nacionales se encuentran Luis García Hevia, Demetrio Paredes, Julio Racines, Pastor Restrepo, Amalia Ramírez de Ordoñez y Juan D. Vargas ; entre los extranjeros, Antonio Faccini, Quintilio Gavassa, William Kurtz, José María Mora, Nadar, Disdéri y Alexandre Ken.
Establecimiento fotográfico: Fotografías organizadas de acuerdo con los establecimientos fotográficos que participaron en su producción, tanto colombianos como extranjeros. Entre los nacionales se encuentran Racines & Villaveces, Hermanos Rodríguez, Wills y Restrepo, Vargas de la Rosa Hermanos y Ramírez y Fernández. Entre los extranjeros están The London Stereoscopic Company, Courret Hermanos y Garreaud, Leblanc y Adaro.
Cobertura geográfica: Fotografías organizadas según los países y departamentos de Colombia en los que fueron producidas. Entre los países se encuentran Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Perú y Chile. En Colombia, se incluyen los departamentos de Antioquia, Atlántico, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Nariño, Norte de Santander, Santander y Valle del Cauca.
Género: Fotografías clasificadas según el tema o propósito de la representación:
Retratos: Capturas hechas con el propósito de mostrar la subjetividad de personas, familias y grupos de amigos. Permiten conocer las formas de vestir, posar y relacionarse de la época. La colección digital cuenta con alrededor de 750 retratos de hombres, mujeres, adultos, políticos, militares, religiosos, intelectuales, intelectuales y artistas.
Paisajes: Muestran espacios urbanos y rurales de Colombia y Panamá, y permiten observar sus ciudades, arquitectura y paisajes. La colección digital reúne alrededor de 100 de estas fotografías.
Fotografías de tipos: Representan a personas de sectores populares destacando características relacionadas con su pertenencia étnica, oficio o lugar de origen. La colección digital reúne alrededor de 15 fotografías de este género.
Fotografías post mortem: Retratos de personas fallecidas, especialmente niños acompañados por sus familiares. La muestra reunió dos fotografías post mortem.
Fotografías médicas: documentan prácticas relacionadas con la medicina y permiten conocer formas de enseñanza de la anatomía entre los siglos XIX y XX. La colección digital cuenta con dos negativos en placa de gelatina del establecimiento fotográfico Hermanos Rodríguez de Medellín (Colombia).
Fotografías de guerra: registran los efectos de conflictos armados y algunas representaciones de batallas.
También se puede navegar por las siguientes categorías:
Distribuidores: Fotografías organizadas según las librerías y compañías encargadas de su distribución. Entre ellas se encuentran establecimientos colombianos y empresas estadounidenses especializadas en fotografías estereoscópicas. Entre los colombianos se encuentra la Librería Torres Caicedo y la Librería Torres Amaya. Entre las compañías estadounidenses están Underwood & Underwood y Keystone View Company.
Técnicas: Fotografías organizadas según los procesos utilizados para su producción, como daguerrotipia, ambrotipia, ferrotipia, negativos sobre vidrio y copias en papel a la albúmina y a la gelatina.
Formatos: Fotografías organizadas según los diferentes tamaños y tipos de tarjetas en los que fueron producidas, como tarjeta de visita, tarjeta gabinete, victoria, parís, salón, promenade y gran promenade.
Investigación, selección y textos: Jessica Neva Oviedo
Referencias
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