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¿Y…? ¿Qué es una región?, ¿en qué momento un espacio geográfico se convierte en un territorio y de allí pasa a ser reconocido como “región” con sentido político?, es decir, un espacio asociado con una identidad socio-cultural y económica particular, resultado de un proceso de transformación histórica, en diálogo con la construcción del Estado Nación, en el que dicha identidad regional cobra sentido. Tal vez esto sucede cuando se nombra, así por ejemplo la región del Eje “Cafetero”; indicando con ello la mirada geográfica al reconocimiento de la apropiación socio-cultural en torno al cultivo del Café, cuya economía de producción permitió la expansión de la frontera agrícola y la consolidación del fenómeno de poblamiento iniciado a lo largo del siglo XIX en el proceso de colonización de las montañas de Herveo y del Quindío y de sus valles interandinos hasta alcanzar el rio Cauca, proceso más conocido como la “colonización antioqueña”.  

El curso de la colonización fue posible gracias a que entre estas montañas y el río se fijaron los límites de la gran zona de frontera interior, que durante los siglos XVII y XVIII se mantuvo como territorio deshabitado de difíciles espacios selváticos y de suyo inaccesibles, gobernado por el silencio sepulcral que dejó la desaparición de los pueblos indígenas que lo habitaron hasta el siglo XVI, para quedar confinado entre las gobernaciones coloniales de Popayán  y Antioquia hasta principios del siglo XIX, prefigurando lo que a principios del siglo XX y con el surgimiento del Gran Caldas empezó a consolidarse como la región del Eje Cafetero.

Se trata de las áreas ubicadas geográficamente en el Cauca Medio, recientemente conocido como el Centro Occidente Colombiano o el territorio limitado al oriente por el ramal de las cumbres nevadas que coronan la cordillera central y al occidente por la ribera derecha del rio Cauca, que corre paralelo a este tramo de los Andes; al norte por las áreas de influencia del rio Arma y al sur con la cuenca del rio de La Vieja o la Hoya del Quindío; zona comprendida administrativamente por los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, el occidente del Tolima -que hoy conforman la Región Administrativa y de Planificación del Eje Cafetero- más el norte del Valle del Cauca.

Resultado de un proceso de construcción en el tiempo, la región ha sido definida por formas y condiciones geográficas y de paisaje que como límite y posibilidad se han entrelazado con las prácticas de apropiación, representación, cultura, gobierno, convivencia y memoria; responsables a su vez de las dinámicas del cambio y la transformación del paisaje natural y social de los grupos humanos que en ella se establecieron. De allí que -como el territorio-, la región supone una noción dinámica, procesual, con fronteras movibles que se desplazan en el espacio y en el tiempo.

Este valle interandino, a lo largo de estos cinco siglos, ha contado con su identidad territorial propia. En la época prehispánica era una región compartida por las tribus indígenas de los Arma, Pacuras, Picaras, Carrapas e Irras hacia el norte del río Chinchiná; y hacia el sur por los Quimbaya, Quindos y Pijaos. Durante el dominio español, y extinguidas las culturas indígenas, se volvió un territorio de nadie, una especie de frontera interior para las gobernaciones de Antioquia y Popayán, que en la era republicana se tornó en un espacio de colonización antioqueña y poblamiento caucano. Prontamente adquirió un estatus jurisdiccional autónomo como departamento de Caldas a comienzos del siglo XX, que luego se segmentó en tres fracciones administrativas: Caldas, Risaralda y Quindío, las cuales en conjunto adquirieron la denominación de Eje Cafetero en virtud de la predominancia del cultivo del café. Ya hacia el siglo XXI, y tras varios intentos de integración regional se consolida la Región Administrativa y de Planificación del Eje Cafetero, a la que se ha asociado el departamento del Tolima, mecanismo institucional que ofrece la posibilidad de un reagrupamiento territorial en torno a la figura de la Entidad Región. En tanto, la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero mantiene encendida la llama sobre el territorio heredado de nuestras culturas ancestrales; es decir el permanente retorno a la original identidad territorial.

Entre las heladas cumbres de los Andes -los volcanes nevados del Ruiz, Santa Isabel y Tolima y los Paramillos del Cisne, Santa Rosa y Quindío. - y el calor sofocante de las riberas del Cauca, una red interconectada de cuencas de ríos y cañadas bajan como telarañas por las fisuras de la cordillera y antes de llegar como sus afluentes bañan la gran extensión de un pie de monte ondulado en su valle interandino, que desde el rio Arma hasta la “Hoya de Quindío” se presenta como un conjunto de islotes en un archipiélago verde y plateado, rodeado hace 500 años por selva, guadua, frailejones y palmas de cera entre otras especies naturales, que señoreaban su esplendor con el cóndor, el oso de anteojos y el jaguar . Cruzando las cumbres y sintiendo los rigores del páramo y la nieve se anuncia hacia el oriente la gran cuenca del Magdalena, interconectada hacia el occidente con la cuenca del Cauca a través de caminos ancestrales; trazados por las primeras culturas y aprovechados por los españoles. Desde las primeras migraciones al territorio sudamericano, el Cauca Medio fue paso obligado para los contactos entre Centro y Suramérica y entre el Pacífico y el nororiente del continente.

Al interior de las fronteras móviles de este territorio, y a lo largo de cinco siglos, sus procesos de poblamiento, despoblamiento y repoblamiento, fueron definidos por caminos naturales y forjados por el hombre de cara a una contundente geografía y a las motivaciones que guiaron los pasos de quienes lo surcaron, lo ocuparon y lo imaginaron para integrarlo dentro de proyectos de control territorial cada vez mayores; así por ejemplo los proyectos hispánicos de expansión de occidente y su dramático encuentro con las culturas que habitaron el territorio.

Lugar privilegiado por su biodiversidad natural fue el sitio de asentamiento de las mencionadas culturas indígenas tribales entre las que se destacaron los Quimbayas, cuya riqueza orfebre definió caminos históricos, desde las rutas indígenas y reapropiadas en el siglo XVI por los conquistadores españoles en busca de las leyendas de El Dorado y de Arvi, espejismos de riqueza anhelados por Sebastián de Belálcazar y Jorge Robledo respectivamente, hasta su nuevo transitar dos siglos y medio más tarde por colonos campesinos en busca de nuevos dorados. Hombres y mujeres reabrieron los antiguos caminos del Herveo y del Quindío para construir otros al paso de sueños de terruño o de prometedores desentierros y guaquerías;  durante el siglo XIX  de ellos emergió el renovado interés por el valor de los pueblos ancestrales a la vez que el nacimiento de una nueva cultura agraria, marcada por la lucha de campesinos pobres y sin tierra que vieron consolidados sus sueños en la fuerza de su trabajo y el encuentro de la riqueza que representó el cultivo del café.

Haciendo de la cartografía histórica y de la representación geográfica su principal eje narrativo, el contenido que aquí se presenta se propone dar cuenta de la formación procesual de la región como producto de dinámicas que se superponen y entrecruzan como capas geológicas para llegar a la región que en 2011 fue declarada por la UNESCO como paisaje cultural cafetero, patrimonio de la humanidad, reconociendo con ello la consolidación de una cultura propia que entrelazó las historias de los avezados cargueros y arrieros, quienes hicieron posible el tránsito de los caminos de montaña por cerca de trescientos años,  con los flujos migratorios venidos especialmente de Antioquia y en menor proporción, pero no menos importante, de otras regiones como Cundinamarca, Boyacá, Tolima, norte del Valle y los santanderes entre las más notorias, amén de extranjeros que encontraron futuro en las tierras recién colonizadas e integradas con rapidez por el tren y el cable aéreo a la economía y la política nacional colombiana durante el siglo XX, reservando la trocha a los escarabajos mecanizados llamados Willys, sobrevivientes de los antiguos tiempos de pujanza.

Tiempos de bonanza devorados al fin de la centuria por las propias vicisitudes de la violencia partidista que envolvió al país en la segunda mitad del siglo XX, una economía internacional cambiante como el rompimiento del pacto cafetero mundial de 1989 que pareció anunciar el desastre natural del terremoto en 1999. Sumado a lo anterior una política local caracterizada por el individualismo y las cómodas visiones económicas de corte paternalista que terminaron por segregar a los propietarios campesinos de los recolectores, como una nueva gesta de campesinos trashumantes y sin tierra que paradójicamente recuerdan las motivaciones que en su origen dieron fuerza al proceso de colonización pero que en esta ocasión se dirigió hacia las ciudades.

Inscrita la región en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco el 25 de junio de 2011, esta declaratoria compromete al Estado Colombiano a su protección y a sus habitantes concientizarse de su preservación. Su área geográfica enmarca zonas de producción de café que constituyen un conjunto reconocido por sus atributos, las relaciones entre sus habitantes y su herencia cultural. Además, es una región que presenta hábitats de interés estratégico para la conservación de la diversidad biológica como los bosques nativos y los corredores biológicos. Es el reconocimiento a un paisaje en el que se conjugan elementos naturales, arqueológicos, culturales y económicos, con un alto grado de homogeneidad que constituye un caso excepcional en el mundo. En este paisaje se combinan el esfuerzo humano, familiar y generacional de los caficultores y las actividades industriales y de servicio ancladas a su economía, con el acompañamiento permanente de su institucionalidad y que ha configurado una región con un alto grado de unidad cultural.

Dividido en cinco módulos y a través de 75 cartelas o subsecciones el contenido abarca desde el encuentro en el siglo XVI de las dos culturas con sus respectivas idiosincrasias hasta lo que en el siglo XXI se refrenda como la Región del Eje Cafetero. En este sentido se presentan las diferentes secciones en el orden cronológico que se describe a continuación:

1. Un territorio de silencio (Conquista-Colonia 1535-1810)

1.1 El redescubrimiento de los Quimbayas. A partir del hallazgo del tesoro Quimbaya en 1890 se inician los primeros estudios etnoarqueológicos sobre los Quimbayas con el trabajo de Ernesto Restrepo Tirado, complementado a mediados del siglo XX con los aportes de destacados antropólogos y arqueólogos como Juan Friede y Luis Duque Gómez, quienes sientan las bases para posteriores investigaciones.

1.2 Fundar para gobernar: en la ruta de El Dorado y Arvi. Siguiendo los caminos prehispánicos, los conquistadores encontraron diferentes asentamientos indígenas que les permitieron definir los lugares para sus propias fundaciones desde donde podían controlar la organización y explotación indígena y el territorio. Con la fundación de ciudades se establecieron los límites jurisdiccionales de las gobernaciones.

1.3 Cartago una ciudad de frontera. Fundada en 1540, en el lugar que hoy ocupa Pereira, Cartago se convirtió en la ciudad de frontera de la Gobernación de Popayán hacia el norte y el centro de avanzada de las expediciones españolas sobre el territorio del Cauca Medio, dado su lugar estratégico en la conexión de caminos. Durante 150 años cumplió la función de control de encomiendas e intercambio comercial minero con casa de fundición de oro hasta su traslado en 1691 a orillas del río de la Vieja.

1.4 Entre la mirada ilustrada y la mirada republicana. Con la llegada de los Borbones a la corona española comienza una nueva etapa de gobierno caracterizada por una administración centralista de mayor autoridad  y control sobre el territorio; preocupada por la productividad y el cuidado de las diferentes rutas que promovieran el intercambio comercial. Esta política ilustrada fue retomada por los nuevos dirigentes de la naciente república)

2. La colonización de las montañas de Herveo y el Quindío en la cordillera de los Andes (Siglo XIX)

2.1 Concesiones realengas y poblamiento inducido. En la colonización de las montañas de Herveo y del Quindío se caracterizaron cuatro formas de poblamiento, siendo la primera las concesiones o mercedes de tierras realengas de finales del periodo colonial.

2.2 Poblamiento estatal inducido. Una segunda estrategia de colonización fue la  adoptada por la Gobernación del Cauca para poblar sus grandes extensiones de frontera al norte. Consistió en la construcción de caminos, la adjudicación de baldíos, la fundación de aldeas por decreto y la exigencia del "avecindamiento" de los colonos.

2.3 Poblamiento espontáneo y las distintas migraciones. Con el advenimiento del liberalismo radical a mediados del siglo XIX, en 1874 cambiaron las políticas de entrega de baldíos que estimularon la posesión de buena fe por parte de los colonos en la zona del Quindío, en donde confluyeron diversos flujos migratorios de distintas procedencias.

2.4 Poblamiento comercial. A diferencia de los anteriores esquemas, este poblamiento fue estimulado desde el sector privado por grandes latifundistas y terratenientes interesados en comercializar sus tierras y fundar poblaciones para agregar valor a las mismas

3. El Gran Caldas (1905-1966)

3.1 Territorios de frontera. El territorio asignado al nuevo Departamento de Caldas correspondió al reconocimiento del poblamiento dado en el proceso de colonización del siglo XIX sobre la región de frontera entre los Departamentos de Antioquia y Cauca más algunas zonas del Tolima y del Chocó. La creación de Caldas fue una respuesta a la descentralización preconizada por el gobierno de Reyes.

3.2 Rutas del café. Una vez terminada la guerra de Los Mil Días se generó el ambiente de tranquilidad necesario para la expansión del cultivo del café en el recién creado Departamento de Caldas, convirtiéndose en su principal actividad económica y factor de integración territorial.

3.3 Años dorados. En 1927 se conocieron las primeras cifras censales de producción de café que destacaban la gran importancia de Caldas como nueva región productora en el país. Lo anterior fue reiteradamente confirmado con los registros cafeteros de 1932 y 1959. La consolidación de las distintas poblaciones y su creciente progreso estuvo vinculado con la actividad cafetera y el civismo de sus habitantes.

3.4 La violencia. A partir del 9 de abril de 1948 se generó un proceso de disrupción social y económica, caracterizado por el desplazamiento forzoso y los cambios en la propiedad de la tierra que alteró la vida de las poblaciones.

4. El desensamble de la mariposa (1966-1999)

4.1 Motivos de la separación. El fortalecimiento de las tres ciudades: Manizales, Pereira y Armenia aparejó el surgimiento de una clase económica sustentada por la actividad del café y con deseos de poder político sin eco en la administración central de Caldas. Esta pugna por el poder condujo a la desagregación del Gran Caldas en tres nuevos departamentos.

4.2 Eje cafetero: un territorio visual. La bonanza cafetera de 1975 le dio vida al concepto de Eje Cafetero como resultado del reconocimiento territorial de un corredor geográfico cultivado en café, que se extendía de sur a norte del departamento del antiguo Gran Caldas y fue reconocido como la región más próspera del país cuyas condiciones básicas de vida superaban el estándar de las demás regiones.

4.3 Desastres en sincronía. La ruta de desarrollo socio económico generado por el proceso de poblamiento a lo largo de los siglos XIX y XX se vio abruptamente interrumpida por dos hechos fundamentales: el rompimiento del pacto cafetero en 1989 y más tarde el terremoto de 1999; ambos sucesos marcaron el cambio de ruta a un nuevo paradigma de desarrollo afectado por la marginalidad.

5. ¿Retorno al origen? (Siglo XXI)

5.1 Reensamble y sinergias de  la región. Apelando a la homogeneidad forjada en  el Gran Caldas y en el nuevo paradigma  de desarrollo, los tres departamentos: Caldas, Risaralda y Quindío, le apuestan  a nuevas formas de ordenamiento  territorial que privilegian los conceptos de  regiones de planificación, regiones  ambientales y regiones de desarrollo humano.

5.2 Paisaje cultural cafetero. La declaratoria de Paisaje Cultural Cafetero es un reconocimiento a la formación de una cultura particular modelada en el territorio de colonización por factores como la actividad del café, el uso de recursos naturales como la guadua para la creación de una arquitectura propia a la zona caracterizada por la técnica del Bahareque y una cultura inmaterial con cualidades homogéneas que van desde las formas de expresión hasta las prácticas cotidianas de sociabilidad como la gastronomía y la música, entre otras. Es también considerada una estrategia para la conservación de la biodiversidad.

5.3 La RAP. La Constitución Política de 1991 ha propiciado nuevas formas de ordenamiento territorial para la gestión del desarrollo de manera descentralizada. Una de las formas de este nuevo ordenamiento es la "Región Administrativa y de Planificación" -RAP-, la cual fue promovida por los tres departamentos que conforman el Eje Cafetero.

5.4 Metropolización. La creciente urbanización en las tres ciudades capitales del Eje Cafetero: Armenia, Pereira y Manizales,  ha llevado a una concentración de actividades socio-económicas en torno a estas ciudades, las cuales ejercen influencia en el contorno regional respectivo. Esta influencia, facilitada por una red de comunicaciones que acorta tiempo y distancia entre pueblos y ciudades fortalece aún más el desarrollo de nuevos conceptos como ciudad región y región ciudad.

Aspiramos a que este proyecto deje sembrada las inquietudes de una mirada que trascienda la naturalización del paisaje local inmediato hacia la comprensión de una región forjada en el curso del tiempo, construida por gente pobre que tomó el desarraigo por opción, en busca de una tierra donde trasplantarse, y llevar consigo su cultura, en todo caso no fue fácil; de esta dificultad dan cuenta los variados estudios citados a lo largo de este contenido y así también lo verifica la muy reciente edición de “La Montaña del Quindío. Una frontera interior 1840-1880” de los profesores Alexander Betancourt Mendieta y Sebastián Martínez Botero de la Universidad Tecnológica de Pereira, quienes se suman a la importante producción de trabajos de investigación sobre la conformación de la región del Centro Occidente Colombiano y en particular del Eje Cafetero, señalando y redescubriendo los diversos caminos que la han hecho posible.

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Eje cafetero: caminos que forjaron una región
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