Una imagen que sacude el alma
😨 La xilografía 'La Violencia' (1945) de Alejandro Obregón se inscribe en una reflexión profunda sobre la historia reciente del país. Como señala la crítica Marta Traba, en Colombia “la violencia se siente cosa propia” y su representación ha encontrado en el cuerpo uno de sus correlatos más persistentes dentro de la imagen artística, convirtiéndose en una experiencia que atraviesa sensibilidad, memoria y paisaje cultural.
El hombre de 8 brazos
Antes de deslizar el carrusel, date el tiempo de ver bien la portada. ¿Qué ves en ella? 👀
¿Listo? Ahora sí 👇🏽
En noviembre de 1972, mientras el campo artístico colombiano se dividía entre salones oficiales e iniciativas alternativas, el Grupo Taller 4 Rojo puso en circulación un cartel que desmantelaba, desde la imagen, los mecanismos de control del artista bajo el orden burgués.
En la figura del hombre de ocho brazos se cifraba una crítica a la simultaneidad de roles impuesta al sujeto creativo: productor, símbolo, mercancía, patriota, trabajador, intelectual.
Así se ve la soledad, y otras cosas más...
Ay, todo lo que se puede ver por una ventana... 😳
“Espacios vecinos” comenzó en 1968, cuando Umberto Giangrandi decidió convertirse en “mirón” y registrar todo lo que ocurría desde la ventana de su casa, en el centro de esta ciudad: Bogotá. Según cuenta el equipo de Trans(His)toria, parte de la serie se derivaba de registros fotográficos y observaciones realizadas por Giangrandi en inquilinatos; allí el artista observaba las condiciones de vida que se desarrollaban en torno a la ciudad.
Esta no es una novia feliz...
En los años setenta, cuando los periódicos dedicaban páginas enteras a las bodas y a eventos sociales, Clemencia Lucena encontró un archivo perfecto para desmontar los imaginarios privilegiados de la feminidad.
“Preclara dama, altísima cifra de rancio abolengo y vasta cul” es una de las tantas obras que parte de esos retratos publicados en las secciones sociales: imágenes que la artista copiaba, ampliaba y recortaba para despojarlas de su contexto celebratorio y dejar al descubierto la artificiosidad del gesto, la pose y/o la “distinción”.