PROGRAMA
MAURICE RAVEL (1875-1937)
Le tombeau de Couperin (1917)
JUAN IGNACIO ARBAIZA (n. 1985)
El duende cojo (2016)
ANTONIO ARNEDO (n. 1963)
Julius (1998)
INTERMEDIO
OLIVIER MESSIAEN (1908-1992)
Cuarteto para fin de los tiempos (1940)
JHORDY JAVITH CAÑIZARES (n. 2002)
Ocaña Groove (2025)
MANUEL AYIM CONTRERAS (n. 2000)
Maljazzviajante (2024)
MIGUEL ÁNGEL BARREIRO (n. 2000)
Gloria Dios (2024)
ACERCA DEL ENSAMBLE
Jhordy Javith Cañizares Aley, saxofón
Miguelangel Villanueva Bejarano, clarinete
Manuel Ayim Contreras Arbeláez, piano y bajo
Juan José García Insuasty, guitarra y bajo
Miguel Ángel Barreiro Almanza, batería
Los integrantes de Maljazzviajante se unieron para crear un espacio musical novedoso, en el cual experimentan con múltiples lenguajes y estilos del jazz, repertorios de la música clásica e improvisación generativa. Como resultado, presentan un paisaje sonoro único, que liga los ecos del jazz colombiano con la jungla urbana de Bogotá.
Los Malviajantes, como les gusta reconocerse, integran sus capacidades musicales y técnicas, logrando ejecutar obras de alto nivel, con giros inesperados que pretenden llevar a los oyentes por un viaje sin igual, a través de los arreglos, cortes y masas sonoras que el grupo produce.
La agrupación disfruta de las dinámicas variadas, extensos obligados y pasajes orquestales, usando estos recursos para construir la idea de un mal viaje musicalizado, que los ha llevado al límite entre la música, la imaginación y el ejercicio impresionista de plasmar sentimientos a través del arte sonoro.
Maljazzviajante nació en 2023 en las aulas del Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia. Ha participado en el Festival de Blues y Jazz del Teatro La Libélula Dorada y en numerosos espacios académicos y jams de la capital colombiana.
NOTAS AL PROGRAMA
Un buen, malviaje
Por Nicolas Ospina
El nombre Maljazzviajante, aparte de contener la palabra jazz —un universo sonoro concreto o una manera de ver la música a través de la improvisación—, también contiene la expresión ‘mal viajante’ o ‘mal viaje’. A simple vista, sin haber escuchado la música que hace la agrupación, se podría pensar que ese nombre puede hacer referencia a un ‘mal viaje’ al momento de escucharlos. Pero, ese ’mal viaje’ podría también mostrar otras perspectivas, permitir escuchar con oídos nuevos y olvidar algunos prejuicios acerca de lo que ya conocemos sobre la música.
El programa que la agrupación Maljazzviajante presenta hoy es una serie de piezas arregladas y alteradas, compuestas y descompuestas, en el que se mimetizan diferentes sonoridades, todas ellas partes del mismo universo cósmico del sonido. Un universo en donde los límites entre géneros dejan de ser fronteras y se convierten en puntos de encuentro. En él pueden convivir la tradición académica europea, el jazz, el rock, las músicas folclóricas colombianas y las búsquedas sonoras más contemporáneas. Ninguno de estos lenguajes aparece de manera aislada; por el contrario, entran en simbiosis hasta volverse difíciles de separar, como ocurre con los pensamientos, imágenes y emociones que se entremezclan durante una experiencia psicodélica. Es probable que al final los oyentes redefinan su idea de la palabra jazz; cuestionen los prejuicios que tienen sobre uno u otro estilo, y se den cuenta de que todas las músicas pueden convivir juntas. Puede ser que solo se necesite un entorno propicio para que un ‘mal viaje’ se convierta en una experiencia enriquecedora, profunda y única.
La versión que nos presentan de Le Tombeau de Couperin, obra que compuso Maurice Ravel en homenaje a la música francesa del siglo XVIII, comienza con una nota fúnebre, sostenida entre el piano y la guitarra eléctrica, que se funde con unas líneas melódicas impresionistas que comparten el clarinete, el saxofón y el piano. Aquí ya comenzamos a divisar el bagaje académico que tienen los miembros de la banda, casi todos egresados del conservatorio de la Universidad Nacional, no solo por la elección del repertorio, sino por la precisión técnica, la calidad del sonido de los instrumentos de viento, los diferentes tipos de texturas que generan alrededor de la pieza y la curva dinámica de la obra. A partir de este comienzo impresionista, empiezan a divisarse algunas pinceladas sonoras provenientes del mundo del jazz, con la aparición de los brillos de los platillos y los redobles de la batería.
Un poco más adelante, la pieza se va adentrando aún más en el mundo jazzístico, desmarcándose un poco más de la versión original de Ravel, cuando comienza la conversación constante e improvisada entre los instrumentos. A partir de acá empiezan a aparecer algunos tintes nuevos, que tienen que ver con otras corrientes y géneros (aparte del jazz) que han marcado el camino musical de los integrantes de la agrupación: el rock y la distorsión comienzan a confabular alrededor de la mística del espíritu de «tumba» que trae la pieza de Ravel, ahora con el saxofón y la guitarra llevando la batuta de la improvisación. Al final, la pieza termina devolviéndonos de nuevo a ese mundo impresionista más etéreo con el que comenzó, esta vez mucho más efímero y fugaz.
Las siguientes piezas, El duende cojo, compuesta por Juan Ignacio Arbaiza y arreglada por Urián Sarmiento, y Julius, compuesta y arreglada por Antonio Arnedo, vienen con nuevos aires folclóricos, que nos dan cuenta de los diferentes caminos que han transitado los músicos de Maljazzviajante. Ambas piezas comienzan con una improvisación de la guitarra sola; en la primera, insinuando aires melódicos de la costa pacífica en una métrica irregular; y la segunda, con una improvisación un poco más libre. En El duende cojo, rápidamente se le une a esta evocación el clarinete, y más adelante la batería y el bajo. En la pieza de Arnedo aparece un aire de la Costa Atlántica con un ritmo más frenético, en contraste con el aire sureño más calmado de la pieza de Juan Ignacio. Ambas piezas se desarrollan mezclando la improvisación un poco más libre con su respectivo aire folclórico.
El sexto movimiento del Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen tiene bastante similitud con la primera obra de este recital. Ambas son piezas del repertorio clásico, ambas de compositores franceses y ambas tienen una relación estrecha y vivencial con la guerra y la muerte. Ravel comenzó a componer Le Tombeau de Couperin antes de la Primera Guerra Mundial y la terminó luego de ser apartado del frente del ejército francés por una enfermedad. El Cuarteto para el fin de los tiempos fue compuesto por Messiaen durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, después de haber servido en el ejército francés, fue capturado por el ejército alemán y recluido en un campo de prisioneros. En esta versión, en contraste con la obra original, donde predomina el unísono y la sensación del tiempo es constantemente desdibujada, Maljazzviajante utiliza la batería como ancla rítmica para generar una pieza más cercana al rock y al jazz.
El programa termina con tres piezas originales de la agrupación. La primera de ellas, Ocaña Groove con aires de funk fue compuesta por Jhordy Javith Cañizares, saxofonista de la agrupación, y hace alusión a su lugar de nacimiento: Ocaña, en Norte de Santander. La segunda, compuesta por Manuel Ayim Contreras, pianista y bajista de la agrupación, en ritmo de chandé, lleva el mismo nombre de la agrupación: Maljazzviajante. Y la tercera, Gloria Dios, compuesta por el baterista Miguel Ángel Barreiro, surge inspirada en la música de Kamasi Washington y su acercamiento a la música espiritual.
Todas las piezas tienen algo en común: los elementos sonoros de las músicas contemporáneas del siglo XX, corrientes que varios de los integrantes han estudiado e incorporado en su manera de componer. Aparte de esto, como dicen los integrantes de la agrupación, también hay mucha inspiración en elementos que tienen que ver con la ciudad, como el trancón, el caos, la agresividad y el afán. Todos estos elementos casi siempre aparecen en los momentos de improvisación, donde los integrantes tienen más libertad y comienzan a conversar entre ellos. Quizás ahí radica la esencia de Maljazzviajante: en convertir el ruido, la ciudad, la tradición, el jazz y la academia en una conversación colectiva.
Algunas sustancias dejan una huella perenne cuando son tomadas con un propósito concreto y cuando la persona que las consume está dispuesta a expandir sus horizontes mentales. Al finalizar este programa, seguramente el espectador se quedará con la sensación de haber tenido un «buen viaje», en el sentido de haber disfrutado de una experiencia musical intensa y memorable. Pero ojalá también experimente algo de ese «mal viaje» al que alude el nombre de la agrupación: la sensación de que las certezas son efímeras, de que las categorías conocidas siempre pueden deshacerse y rehacerse bajo una mirada nueva y fresca, y de que las fronteras entre géneros, estilos y tradiciones empiezan a difuminarse cuando existe un contexto adecuado para ello.
Si eso ocurre, entonces el viaje de Maljazzviajante habrá cumplido su propósito. Los horizontes sonoros que propone la agrupación no buscan conducirnos por una ruta conocida, sino abrir nuevas posibilidades de escucha. A veces basta con cambiar la manera de escuchar —o la manera de viajar— para que podamos recorrer con nuevos ojos y nuevos oídos los caminos por los que ya anduvimos alguna vez.