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PROGRAMA

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

Preludio y fuga en si bemol menor del Clave bien temperado, libro II (1742)

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

Sonata No. 21 en Do mayor, Op. 53 ‘Waldstein’ (1804)

INTERMEDIO
    
ERNESTO LECUONA (1895-1963)

Ante el Escorial (1954)

ADOLFO MEJÍA (1905-1973)

Bambuco en si menor (1937)

Bambuco en mi mayor (1938)

SERGÉI PROKÓFIEV (1891-1953)

Sonata No. 7, Op. 83 (1942)
 

ACERCA DEL ARTISTA

David Torres, piano

Nació en Bogotá. Comenzó formalmente sus estudios musicales en el Programa Infantil y Juvenil de Formación Musical de la Universidad de los Andes a la edad de ocho años. A los trece empezó a recibir clases con el maestro Antonio Agustín Carbonell Reyes, con quien actualmente se encuentra realizando el pregrado en Música con énfasis en piano en la misma universidad.

En el año 2022 se presentó en el Festival y Concurso Pianissimo, realizado en la ciudad de Medellín, en el que logró quedar en el segundo lugar de su categoría. Además, obtuvo el segundo premio en el Grupo Jóvenes del Concurso Internacional de Piano José Jacinto Cuevas Yamaha, realizado en el 2023 en la ciudad de Mérida, México. Ha participado como solista en dos oportunidades con la Orquesta de los Andes mediante las convocatorias realizadas por la misma institución.
 

NOTAS AL PROGRAMA

Por Angélica Daza

La historia de los instrumentos de tecla alcanzó un punto cúspide en la construcción del piano a juzgar por el éxito que éste ha tenido desde el siglo XIX. Asociado inicialmente a la música académica europea, es hoy por hoy parte importante de repertorios populares y folclóricos muy diversos, pues sus características sonoras le han permitido adaptarse a gran variedad de estilos musicales. Desde  sus inicios, este instrumento estuvo relacionado con el  desarrollo del Clasicismo y Romanticismo musical, pero el fundamento de su técnica había sido ya cimentado por otros instrumentos como el clavecín y el clavicordio durante el Barroco, por lo cual no es extraño que dentro del repertorio escogido por los intérpretes figuren obras de compositores como  Johann Sebastian Bach, quien, a pesar de haber conocido solo fugazmente el que sería uno de los primeros modelos del naciente pianoforte, realizó un enorme aporte a la música para instrumentos de tecla.

David Torres ha elaborado un programa clásico. Inicia con una de las obras cúspide del repertorio de Bach y continúa con una insigne del repertorio para piano de Ludwig van Beethoven, piezas fundamentales para comprender la base de la técnica de este instrumento. Propone en una segunda parte obras de compositores latinoamericanos del siglo XX, mezcla de tendencias nacionalistas con elementos de la vanguardia europea de inicios de siglo. Termina este recital con una obra representativa de la escritura para piano de Sergéi Prokófiev virtuosa y expresiva, una perfecta oportunidad para el lucimiento de la técnica de cualquier intérprete.

Johann Sebastian Bach (1685-1750) fue uno de los más importantes representantes del Barroco alemán. Intérprete, pedagogo, compositor y estudioso incansable, fue extraordinariamente prolífico no solo en obras para tecla, sino también en obras vocales como cantatas y oratorios principalmente pensadas para la liturgia protestante. Fue el autor de una importante colección de preludios y fugas pensada para instrumentos de tecla llamada El clave bien temperado, dividida en dos tomos (1722 y 1744). Esta colección contiene un total de 48 pares de preludios y fugas (24 pares en cada colección), cada uno en una tonalidad diferente de la escala cromática . Más que un ejercicio de escritura fue una manera de poner a prueba el sistema de afinación (temperamento) que él venía empleando desde hace unos años y que le permitía tocar en todas las tonalidades sin tener que cambiar la afinación del instrumento en cada tono. Con este ejercicio también buscaba profundizar en el carácter propio de cada tonalidad, empleando para ello técnicas de escritura contrapuntística muy diversas, mismas que finalmente le permitieron concebir 48 piezas únicas. El Preludio y Fuga en si bemol menor, BWV 891 pertenece al segundo libro (número 22) y muy probablemente fuecompuesta durante el periodo en el que el compositor vivía en Köthen. Tras un denso preludio en el que Bach explora todas las posibilidades de esta difícil tonalidad, aparece una fuga doble a cuatro voces, fino ejemplo del arte del contrapunto que el compositor tan bien cultivó.

Años después de la muerte de Bach, cuando la mayor parte de su obra había caído en el olvido, El clave bien temperado siguió siendo objeto de estudio por parte de músicos que reconocieron su valor revolucionario. Uno de los primeros en hacerlo fue Ludwig van Beethoven (1770-1827) ya no en el clavicordio como seguramente lo hiciera Bach, sino en un pianoforte que para ese entonces era un instrumento que gozaba de mucha popularidad y que había pasado por importantes cambios desde sus primeros esbozos. Los constructores alemanes y franceses rivalizaban en producir los mejores pianos y fue así como en 1803 el fabricante de pianos francés Erard le hizo llegar a Beethoven un nuevo pianoforte que, a partir de ese momento, se convirtió en uno de los preferidos del compositor (acostumbrado hasta entonces a la suave sonoridad de los pianos alemanes). Fue este el instrumento que inspiró obras como la Sonata No. 21 en do mayor, Op.53 ‘Waldstein’ (1804), una de las más ambiciosas entre las 32 sonatas para piano que compuso Beethoven, quien, viendo agudizarse su problema de audición, supo agradecer las nuevas sonoridades (más potentes) que le brindaba el nuevo instrumento.

Esta sonata, también conocida como L’Aurore, por la luminosa sonoridad presente en los primeros acordes del tercer movimiento, fue dedicada al conde Ferdinand von Waldstein, mecenas y amigo personal del compositor. En ella, el lenguaje romántico está mucho más presente que en sus primeras sonatas. Al extenso primer movimiento, Allegro con brio, sigue un movimiento de transición, Introduzione, Adagio molto, abriendo el camino a un tercer movimiento, Rondo, Allegretto moderato, de tan alta exigencia técnica que algunos intérpretes prefieren aun tocar la versión simplificada.

Dentro de la historia de la música en Cuba, Ernesto Lecuona (1895-1963) amerita una mención especial. Este pianista y compositor fue ante todo un impulsor de la música en su país: inauguró el instituto musical de La Habana y fundó la sociedad nacional de autores de Cuba. Su obra osciló entre la música clásica, afrocubana y latinoamericana abordando géneros tan diversos como ópera, zarzuela, e incluso música para cine. A lo largo de su carrera, se presentó en diferentes ciudades de Estados Unidos y Europa. En la ciudad de Nueva York, fundó la orquesta los Lecuona Cuban Boys, con la que dio a conocer la música latinoamericana y cubana en dicho país. En los años cuarenta, compuso para Hollywood y en 1942 una de sus obras, Always in my heart, fue nominada a un premio Oscar.

Pero lo que muchos ignoran es su especial relación con España, país de ascendencia de sus padres, al que recorrió dando recitales y maravillándose con su arquitectura y cultura locales. La devoción por este país se vio reflejada en obras como Ante el Escorial, homenaje al regio monumento, construido entre 1563 y 1584 por iniciativa de Felipe II para cumplir la voluntad de su padre (el emperador Carlos V), quien anhelaba construir un nuevo mausoleo familiar. La construcción que sobrevive aún en nuestros días reúne un palacio, un convento, una capilla y una biblioteca. Ante el Escorial es una composición libre, en el estilo de una fantasía para piano que recuerda a Claude Debussy: reflexiva, sobria y elegante, es una obra que encarna para muchos la magnífica arquitectura renacentista del edificio, cuyas elegantes líneas fueron reproducidas en esta composición.

Uno de los más importantes compositores colombianos de la primera mitad del siglo XX fue Adolfo Mejía (1905-1973). Supo cultivar por igual la música académica, la música de salón y la música popular, estableciendo puentes entre ellas que le permitieron crear su propio estilo nacionalista. Inició sus estudios musicales en Cartagena bajo la influencia de su padre y después de una breve estancia en Nueva York, viajó a Bogotá para continuar sus estudios en el Conservatorio nacional. En esta ciudad, empezó a escribir música de carácter académico, como es el caso de la Pequeña Suite (1938), una de sus obras más reconocidas gracias a la cual obtuvo el Premio Nacional de Composición además de una beca para estudiar en París. Poco después de su llegada al continente europeo, estalló la Segunda Guerra Mundial, suceso que lo obligó a regresar a América, pasando primero por Brasil y luego por Nueva York antes de instalarse definitivamente en la ciudad de Cartagena. En el ámbito de la música académica, escribió obras sinfónicas, corales y gran cantidad de música de cámara, además de veinticuatro obras para piano, muchas de las cuales están inspiradas en el folclor nacional. Son ejemplo de ello el Bambuco en si menor (1937), en el que destaca el lirismo del bambuco antioqueño, respetando la forma tradicional de este género y el Bambuco en mi mayor (1938), cuya novedosa exploración armónica y fuerte componente rítmico la convierten en un buen ejemplo de la música de carácter nacionalista.

El compositor, pianista y director ruso Sergei Prokófiev (1891-1953) fue reconocido desde el inicio de su carrera por un estilo altamente modernista que lo distanció de muchos de sus contemporáneos. No obstante, su habilidad como pianista le aseguró una carrera en calidad de concertista que le permitió hacer varias giras internacionales. Tras un largo tiempo pasado en el extranjero después de abandonar su país durante la Revolución bolchevique, decidió regresar a Rusia alejándose de su vida como concertista para consagrarse de lleno a la composición, actividad a la que dedicaba cada vez más tiempo. Una vez allí debió adaptar sus composiciones a las exigencias del régimen comunista. En 1939, mientras que las tensiones políticas que condujeron al estallido de la Segunda Guerra Mundial aumentaban, inició la composición de tres de sus más famosas sonatas para piano (Op. 82, 83 y 84) conocidas como las «sonatas de guerra».

La Sonata No. 7, Op. 83 es la más famosa de las nueve que compuso en total y es conocida como la «Sonata de Stalingrado». Su composición inició en 1939, pero no fue completada sino hasta 1942. Tras su estreno en 1943, fue bien recibida por la crítica. Es una obra descriptiva en la que el compositor buscó plasmar de manera a veces gráfica el caos, la tristeza y la angustia que le generaba la guerra. El primer movimiento, Allegro inquieto, se presenta como una premonición de los tiempos oscuros que están por venir interrumpida por acordes disonantes frecuentemente interpretados como el efecto sonoro de un cañón tras el cual se desata el desastre. El segundo movimiento, Andante caluroso, aparece como un breve momento de calma antes de la llegada del tercer movimiento, Precipitato, que cierra la obra con violencia e ímpetu retomando parte del material melódico inicial.  

 

Imagen principal Media
Hombre usando gafas, con un traje azul oscuro, y una mano sobre el piano
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