ACERCA DE LOS ARTISTAS
David Santiago Pérez Aranguren, trombón bajo
Nacido en Sogamoso (Boyacá, Colombia), creció en una familia de músicos y realizó sus estudios de teoría musical, piano y trombón tenor en la ciudad de Tunja, entre 2012 y 2016. En el primer semestre del 2017 ingresó becado a la Universidad de los Andes, en Bogotá, donde adelantó el pregrado en Música con doble énfasis: uno en trombón bajo, con la tutoría de los maestros Óscar Rodríguez y Sebastián Cifuentes, y uno en canto lírico (como tenor) bajo la tutoría de los maestros Andrés Silva y Juana Monsalve.
Su interés temprano por la enseñanza, la pedagogía infantil, la composición musical y la elaboración de arreglos musicales para banda sinfónica y formatos de cámara lo han llevado a desempeñarse, primero como profesor de materias teóricas y de iniciación musical en la Escuela de Música Santa María de Leyva, en Villa de Leyva (2021), y luego como docente en el Programa de Formación Musical Infantil y Juvenil de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes en Bogotá (2022-2023). Desde 2021 y hasta el presente, dedica parte de su actividad docente a las cátedras de teoría, canto, coro, instrumento y ensambles de cámara de la Academia de Música y Bellas Artes S.A.S. en Tunja.
Participó en el Festival de la Plaza del Encuentro Infantil ‘Mateo Ibarra’ durante el Cuadragésimo segundo Festival Mono Núñez en Ginebra, Valle del Cauca en 2016 y en el Festival del Trombón de la Universidad Pedagógica de Colombia, en Bogotá en 2018; en la quinta versión de las Clínicas Instrumentales del Conservatorio de Música Adolfo Mejía de la Universidad Institución de Finas Artes y Ciencias de Bolívar, en Cartagena en 2019. También participó en la edición 2019 y 2023 del Simposio Internacional del Trombón de la Universidad de Antioquia, en Medellín y más recientemente, en el XVIII Festival de Música de Cartagena “Sinfonía de la Naturaleza” en enero de 2024.
Ha sido integrante del Coro y la Orquesta de la Universidad de Los Andes, la Orquesta Filarmónica Prejuvenil de Bogotá, el Taller de Ópera Uniandes, la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá y la Filarmónica Joven de Colombia.
Desde 2022 se desempeña como trombonista bajo de la Banda Filarmónica Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, y adicionalmente es intérprete activo en la Orquesta Nueva Filarmonía, en la Film’s Dreams Symphony Orchestra, en la Filarmónica Metropolitana, en el Ensamble de Metales de la Fundación Orquesta Sinfónica de Bogotá (FOSBO) y en el Ensamble Vasto, agrupación de música contemporánea.
Beatriz Batista, piano
Beatriz Batista es una pianista cubana graduada de la Universidad Nacional de Colombia, que estudió bajo la tutela de la maestra Mariana Posada. Su trayectoria como pianista acompañante y repetidora comenzó en el Teatro Lírico Nacional de Cuba, junto al reconocido tenor cubano Adolfo Casas. Desde entonces, ha desarrollado su carrera como intérprete en la escena de la ópera y de la música de cámara, colaborando con distintos formatos, instrumentistas y cantantes.
A lo largo de su carrera, ha sido galardonada como ‘Mejor pianista acompañante’ en el Concurso de Canto UNEAC de La Habana, en 2011, y en los concursos Premio de Canto de Bogotá en 2020 y Colombia Lírica en 2022, de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.
Tanto en su país natal como en Colombia, ha tenido la oportunidad de participar de manera activa en eventos de gran prestigio, como el Festival de Música Contemporánea y el Festival de Música Antigua de La Habana, el Festival de Música de Cámara de Santa Clara, el Festival de Música de Cartagena, el Festival de Música Sacra de Bogotá y el Festival Ópera al Parque. Recientemente fue becaria del reconocido festival Music Academy en Santa Bárbara, California. Beatriz ha recibido clases magistrales con los renombrados pianistas Andrea Lucchesini, Giovanni Bietti, Marin Katz, Margo Garret, Tamara Sanikidze y Johm Chuchwell.
En la actualidad se desempeña como pianista de la Pontificia Universidad Javeriana y de la Universidad de los Andes, es integrante del trío Ataraxia, hace parte del equipo fundador del Festival Internacional Filarmónico de Flauta de la Academia Filarmónica de Flauta de Bogotá y colabora frecuentemente con distintos músicos, instrumentistas y cantantes, continuando así con una carrera enfocada en explorar la versatilidad del piano en diferentes lenguajes y formatos musicales.
NOTAS AL PROGRAMA
Su majestad, el trombón
Por Irene Littfack Neira
El trombón suena a jazz y a salsa, a banda sinfónica y a papayera, a música sacra, a melodías celestiales o todo lo opuesto: oscuras e infernales; suena a fanfarria y a banda sonora, a pasajes cómicos, a música coral o a glissando eterno. El trombón parece no tener límites, como no los tiene aquello que es flexible, maleable o dúctil. Tal como en el símbolo del infinito, sus extremos se tocan, sus polos se atraen, su voz se combina y se transforma de lo más noble a lo más primitivo. Es alquimia pura: aire y metal transmutados en una fantástica materia sonora.
Su historia se remonta al siglo XV, pero su verdadera edad de oro no llegó hasta el siglo XIX con el desarrollo de su mecanismo y el descubrimiento de sus posibilidades expresivas por parte de los compositores. Justamente, gracias a esa versatilidad única, el compositor Héctor Berlioz calificó al trombón como rey de los instrumentos y lo coronó escribiendo para él según las cualidades que él mismo describió en su Gran tratado de instrumentación y orquestación (1844):
«El trombón es el verdadero líder de los instrumentos de viento que describo como épico. Posee tanto nobleza como grandeza, además de la solemnidad propia de la poesía musical elevada, que va desde el carácter calmo e impositivo de lo sacro hasta los salvajes clamores de la orgía. Está en las manos del compositor hacerlo cantar como un coro de sacerdotes; amenazar, lamentar, hacer sonar una tonada fúnebre, elevar un himno de gloria, romper en frenéticos gritos o hacerlo florecer para despertar a los muertos o condenar a los vivos».
Aquel rey dorado, de vara larga y campana grande, protagoniza este recital en el que lo veremos brillar en todo su esplendor, moviéndose entre un estilo y otro, adoptando una voz u otra, cantando dulcemente junto al piano o saltando a solas vertiginosamente. Escucharemos el más grande y grave de los trombones, el trombón bajo, a través de siete piezas de los siglos XX y XXI, centurias en las que este ejemplar se ha desarrollado y expandido por el mundo entero. Prueba de ello son las obras que conforman este programa: tres francesas, una rusa, una húngara y dos colombianas. Y para que la alquimia sea posible, el soplo vital estará a cargo de David Santiago Pérez Aranguren, quien, además de interpretar su instrumento, también firma una de las partituras que escucharemos a continuación.
El Conservatorio de París, un semillero del repertorio
Iniciamos en Francia con una de las piezas obligadas en el repertorio del trombón bajo: Morceau symphonique, de Alexander Guilmant (1837-1911), escrita como pieza obligatoria para el examen de trombón del Conservatorio de París. Como todas las obras surgidas en este contexto, su escritura es perfectamente idiomática y llevan al límite uno o más aspectos técnicos desafiantes para que el intérprete demuestre su solvencia en la materia. El encargo sistemático de este tipo de obras contribuyó de manera decisiva a la expansión del repertorio para el trombón. No es casual que este recital inicie y culmine con piezas concebidas para este mismo contexto, separadas entre sí por más de seis décadas.
Morceau symphonique se articula en cuatro secciones encadenadas, coronadas por una exigente cadencia para trombón solo. La obra es original para trombón y piano u órgano, lo que sugiere la sonoridad amplia y el carácter sinfónico u orquestal que Guilmant tenía en mente al concebir la obra.
La escuela rusa
La segunda pieza de este recital es el Concierto en un movimiento, de Alexander Lebedev (1903-1978). Original para tuba, la obra fue escrita para poner en práctica los distintos desafíos técnicos del instrumento: flexibilidad, variedad de articulaciones, agilidad, dinámicas contrastantes y control de afinación y timbre. Es una pieza de estructura sencilla, con una introducción que presenta la melodía principal de carácter cantabile, un desarrollo ágil y una cadencia solista muy virtuosa. Lebedev fue tubista, compositor y pedagogo, y su labor se enfocó en aportar al limitado repertorio existente para su instrumento, escribiendo varios métodos de estudio y piezas pedagógicas como el Concierto en un movimiento con las que buscaba expandir y fortalecer la técnica del instrumento, poniéndola siempre al servicio de la música.
París conoce el jazz
Para reconfirmar la versatilidad del trombón, la primera parte del recital cierra con una pieza inspirada en el jazz. Del compositor francés Eugène Bozza (1905-1991) escucharemos New Orleans, un homenaje a la cultura musical de la ciudad que baña el Mississippi y que es cuna de estilos como el blues, el jazz, el ragtime o el dixieland. Todos estos ritmos confluyen en esta obra en la que el trombón bajo juega con todo su abanico sonoro, luce su fantástico glissando y hace gala de su timbre seductor. Bozza fue un prolífico compositor, destacado principalmente por su trabajo para instrumentos de viento, tanto de metal como de madera. Su estilo ecléctico estuvo influenciado por la tradición francesa heredada de figuras como Fauré o Ravel, pero también por el jazz americano que llegó a Francia en el periodo de entreguerras, lenguaje por el cual tuvo gran fascinación y que integró a sus obras desde los elementos rítmicos y armónicos.
Un trombón meditativo
Aterrizamos en Hungría y entramos en estado reflexivo con Meditation for Bass Trombone, de Frigyes Hidas (1928-2007), una suerte de mantra musical de siete minutos para trombón solo, de carácter enérgico y declamatorio, que lleva a su máxima potencia la capacidad de fraseo del intérprete y su control del rango del instrumento. Es la primera vez que se interpreta esta obra en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, una oportunidad para apreciar la pieza desde la novedad absoluta y para entrar en el estado de reflexión y diálogo interior que sugiere el propio título. Esta meditación no necesariamente sugiere calma y reposo, sino más bien, ese flujo mental que brota cuando estamos a solas y en completo silencio.
Frigyes Hidas creía firmemente en las melodías y armonías tonales y tradicionales, y siempre se aferró a esta convicción en su ejercicio compositivo, lo cual se refleja también en su Meditación para trombón bajo. Aunque escribió para todo tipo de formatos, incluyendo óperas y ballets, su nombre fue especialmente conocido en el mundo de los instrumentos de viento metal y madera, así como por el extenso repertorio que escribió para bandas sinfónicas. Ese conocimiento profundo de la sonoridad de los vientos y los bronces se hace explícito en obras como esta, en la que vemos brillar al trombón con las cualidades tímbricas y los efectos sonoros que lo hacen único.
Etimología del trombón
También para trombón solo, pero en contraste con el lenguaje tonal de la pieza anterior, Etimologías III: del ir y venir, del compositor colombiano Felipe Leyton (n. 1994), es una pieza que explora la sonoridad del instrumento, involucrando técnicas extendidas para descubrir efectos y sonidos fuera de lo convencional. La obra toma como referencia las Sequenzas de Luciano Berio y también se conecta con la estética musical del compositor japonés Toshio Hosokawa en cuanto a «la importancia de la respiración, el silencio y la transformación orgánica de los gestos sonoros» (Leyton, 2026). La obra fue encargada por el propio intérprete de este recital, David Pérez, y forma parte de una serie de piezas cortas, todas tituladas con el nombre de Etimologías, que ha escrito Leyton para instrumentos solistas con el objetivo de explorar sus posibilidades en solitario.
Etimologías III está basada en el poema Del ir y venir de la escritora colombiana Brita Camero y se articula a partir de dos gestos fundamentales que el compositor describe así: «Ir (una nota bordada con acento final) y Ven (un motivo descendente). Ambos se desarrollan de manera independiente, uno tras otro, hasta confluir en el gesto Venir, en correspondencia con la primera parte del poema» (Ibídem). A lo largo de la obra, el intérprete declama y se mueve por el espacio como si recitase el poema. Las técnicas extendidas en las que indaga la pieza son los multifónicos, que en el trombón se consiguen cuando el intérprete toca y canta al mismo tiempo, generando dos sonidos en simultáneo y un efecto particular.
Reimaginando el trombón
Del propio intérprete de este recital, David Santiago Pérez Aranguren (n. 2000), escucharemos Crono - Interludio, la obra más nóvel de todo el recital, escrita en 2025 para trombón bajo solo, y en la que el trombonista nos propone una manera nueva de concebir y escuchar el trombón bajo, utilizando distintas técnicas y haciendo sonar cada pieza del instrumento por separado para así reimaginar cómo habría sido la técnica del soplo en la antigüedad. En sus propias palabras:
«Crono - Interludio es una obra que explora distintas sonoridades del instrumento desde una perspectiva temporal, histórica, imaginaria, sonora y perceptiva. De esta forma, exploro las distintas maneras de hacer sonar un elemento o parte del instrumento (que al mismo tiempo es una partícula física y sonora con sus propias cualidades tímbricas) para indagar en las primeras impresiones de la técnica del soplo y la vibración que debieron tener los humanos en la antigüedad.
En esencia, la obra es un diálogo solista exploratorio de cómo imagino y reinterpreto el instrumento con técnicas extendidas, arcaicas y tradicionales para crear una narrativa imaginaria de lo que para mí significa tocar el trombón bajo. A través de vibraciones, de golpes percutivos y de mi propia voz establezco un relato concreto y coherente entre las distintas etapas de desarrollo e interpretación del instrumento: desde cómo se lo habrían imaginado en un primer momento hasta cómo se concibe en la actualidad». (Pérez, 2026)
Reino de fantasías
Jacques Castérède (Francia, 1926-2014), escribió su Fantasía concertante para trombón y piano en 1960 para los exámenes del Conservatorio de París, institución en la que él mismo estudió con nombres como Tony Aubin u Olivier Messiaen. La pieza inicia presentando el tema principal, una melodía sencilla que va desarrollándose a lo largo de la obra con constantes transformaciones tonales y rítmicas. Escuchamos escalas de tipo modal y una atmósfera colorista y efectista que remite, por momentos, al legado impresionista. En pocos minutos, Castérède condensa las virtudes del trombón: sus contrastes, sus desafíos técnicos y las múltiples voces que edifican su vasto reino sonoro.