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PROGRAMA

REBECCA CLARKE (1886-1979)

2 songs (1920)
Shy one
The Cloths of Heaven

LORI LAITMAN (n. 1955)

Four Dickinson Songs (1996)
Will there really be a morning?
I’m nobody
She died
If I…    
 

MÉLANIE ‘MEL’ BONIS (1858-1937)

Trois mélodies, Op. 91 (1912)
Viola
Sauvez-moi
Songe

NADIA BOULANGER (1887-1979)

Cantique (1909)
Soleils couchants (1907)
 

INTERMEDIO

IRMA URTEAGA (1929-2022)

Cánticos para soñar (1993)
Capullito
Canción de cuna para mi corazón solitario

MODESTA BOR (1926-1998)

Tríptico sobre poesía cubana (1965)
Guitarra
Canción de cuna para dormir un negrito
Nocturno en los muelles

YVETTE SOUVIRON (1914-2010)

Al banco solitario (1955)
Carnavalito (s. f.)

MARIA OLGA PIÑEROS-LARA (n. 1956)

Mi flor de batata de Tres Arrullos (s. f.)

 

ACERCA DE LOS ARTISTAS

Ana María Cuéllar Vega, soprano

Cantante bogotana interesada en investigar lo somático, lo escénico y lo colectivo a través de sus prácticas musicales como solista y corista conectándolas con el medio en el que se desarrollan.

Interpretó el rol de Susanna en la ópera Il segreto di Susanna de Ermanno Wolf-Ferrari, en el marco de los 25 años del Festival Ópera al Parque, en el Teatro Villa Mayor junto al Ensamble de Ópera Javeriano. Fue solista con la Orquesta Filarmónica Juvenil y el Coro Filarmónico Juvenil de Bogotá en la obra Puto y Mexicano, dirigida por el maestro Saeed Pezeshki (México), en el Teatro Colón de Bogotá. En 2025 interpretó el rol de Proserpina en L’Orfeo de Claudio Monteverdi junto con la Academia de Música Antigua de Medellín, presentándose en el Auditorio Fundadores (EAFIT), el Patio-Teatro (Comfama) y el Teatro Estudio del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Ha participado activamente en clases magistrales con el maestro Alejandro Roca (Colombia) y la maestra Cristina Faus (España), así como en el taller de dirección escénica dictado por el director Joan Anton Rechi (Andorra), ofrecido por el Teatro Colón de Bogotá en 2022. Ganadora del primer puesto en el ciclo de conciertos académicos 2025 ofrecido por el Estudio Vocal Camila Toro con la propuesta Amistad: Conversaciones cotidianas, en colaboración con el contratenor Nicolás Vera Picón (Colombia) y el pianista Jonathan Söderlund (Suecia).

Es egresada del programa de Estudios Musicales con énfasis en Canto Lírico de la Pontificia Universidad Javeriana, donde estudió bajo la guía de las maestras María Olga Piñeros y Carolina Plata. Motivada por el deseo de interpretar obras de mujeres compositoras, creó como parte de su trabajo de grado la etiqueta de catalogación “Mujeres compositoras”, actualmente integrada al motor de búsqueda del catálogo Biblos de la Biblioteca General de su universidad. Completó el diplomado Educación somática: contextos, conceptos y prácticas somáticas en la misma institución, bajo la orientación de las maestras Irene Rodríguez, Jennifer Ocampo, Haike Stollbrock, Emilsen Rincón, Sofía Mejía, y los maestros Bobby Rosenberg y Camilo Martínez.

Actualmente es soprano del Coro Filarmónico Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y estudiante de canto en el Estudio Vocal Camila Toro.

Francis Díaz García, piano

Pianista bogotano, cuya curiosidad y versatilidad por las diversas manifestaciones musicales desde el piano le han permitido alternar entre la pedagogía, el repertorio para piano solo y una amplia actividad dentro de la música de cámara con diferentes formatos instrumentales, teniendo una especial inclinación hacia el repertorio vocal.

Su intensa agenda de conciertos se desarrolla en las más importantes salas de conciertos en Colombia. A nivel internacional, ha realizado recitales en Italia, Panamá y Brasil. Ha sido artista invitado en diversos festivales como la Serie Internacional de Grandes Pianistas – Colsubsidio, Festival de Internacional de Música Clásica de Bogotá: Bogotá es Brahms, Schubert, Schumann, el Festival Internacional de Música de Cartagena y el Festival Internacional de Música de Santa Catarina. Desde la perspectiva de la música de cámara, Díaz ha compartido escenario con artistas de la talla de Anyango Yarbo-Davenport, Valeriano Lanchas, Curt Schroeter, Elizabeth Crone, Alberto Almarza, Rob Weir, Luis Justi, Luiz Garcia, Ovanir Buosi, Laura Ruiz Ferreres, Elena Copons, Iris Vermillion, Christoph Pregardien, Günter Haumer y a cuatro manos con el famoso pianista Roger Vignoles. También destacan sus actuaciones como solista junto con agrupaciones como la Orquesta Sinfónica del Conservatorio, Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia, Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá y la Orquesta Sinfónica Javeriana.

Francis Díaz es egresado de la Universidad Nacional de Colombia como Músico Pianista bajo la dirección de la reconocida pianista Helvia Mendoza y como Magíster en Pedagogía del Piano, recibiendo clases de Abraham Abreu, Eugene Alcalay y Miguel Ángel Schebba. Actualmente desarrolla sus estudios de Doctorado en Música (Interpretación musical) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha ejercido su actividad docente en las universidades Nacional de Colombia, Central y actualmente, en la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

NOTAS AL PROGRAMA

Las mujeres y la música

Por Juanita Delgado

PRELUDIO

Ana María Cuéllar es una joven soprano colombiana que concibe la música como acto de colectividad; un espacio en donde lo simple y lo profundo se encuentran en la vibración de la voz humana. Junto al pianista Francis Díaz, ha construido un programa que dialoga con el dolor, el amor, la maternidad, la pérdida y la esperanza, a través de obras compuestas por mujeres de diferentes latitudes y épocas. En ella encontramos un estoicismo entusiasta y metódico, junto a la esperanza de que todo lo soñado puede ser posible porque los afectos que rodean sus apuestas artísticas están muy cerca de su corazón. En un mundo que premia la productividad extrema, esta intérprete elige el paso tranquilo, el crecimiento sostenido y la confianza en que los afectos son el verdadero motor del arte. Se detiene a cantar sobre lo íntimo, lo cotidiano, lo simple, que sostiene la vida misma. Este concierto es una declaración de principios: un homenaje a las mujeres que, a lo largo de la historia, han compuesto desde la intimidad de sus estudios, muchas veces invisibilizadas por cánones históricos que prefirieron olvidar sus nombres. Ana María propone un recorrido que nos permite abrirnos a las sonoridades de la canción artística del siglo XX. Pone su cuerpo al servicio de otras voces que merecen ser oídas, tejiendo un puente entre el pasado y el presente y entre lo individual y lo colectivo.

 

EL MUNDO INTERNO: CUERPO, AFECTO Y MEMORIA

El programa está atravesado por temas universales que hablan desde lo más íntimo de la condición humana: la maternidad, la pérdida, el amor, el desamor, la vida y la muerte. Son territorios somáticos que las compositoras exploraron con honestidad desarmante, convirtiendo la canción de cámara en un diario sonoro inundado de belleza, dolor y humanidad.

Con Four Dickinson Songs (1996) de Lori Laitman, el recital se abre a la extrañeza luminosa de la poeta Emily Dickinson. Sobre melodías aparentemente inestables tonalmente, Laitman ensalza la prosodia de sus textos, creando un universo en el que la voz navega entre murmullos, exclamaciones y juguetona ironía. En Will there really be a morning? la incertidumbre se viste de esperanza; I'm nobody celebra la libertad de la anonimidad; She died confronta la muerte; If I... reflexiona sobre el deseo de proteger a los seres amados del dolor.

Rebecca Clarke, en Two Songs (1920), ofrece una mirada diferente sobre el amor. Mientras Shy one habla de un amor tímido y un deseo callado, The Cloths of Heaven —sobre el poema de W.B. Yeats— es una declaración de entrega absoluta: «Pero, siendo pobre, solo tengo mis sueños; he extendido mis sueños bajo tus pies; pisa suavemente porque pisas sobre mis sueños». Es una de las imágenes más conmovedoras del repertorio lírico, pues la vulnerabilidad se convierte en ofrenda.

Las Trois mélodies, Op. 91 (1912) de Mélanie ‘Mel’ Bonis dibujan el amor en sus múltiples estados. Viola presenta a la amada como espejo del cielo; Sauvez-moi es un grito de auxilio ante un amor que deviene sufrimiento inútil; Songe navega hacia el amor puro, hacia una isla encantada donde el alma atormentada encuentra refugio. Bonis, quien acortó y neutralizó su nombre para evitar el estigma de un gremio esencialmente masculino, compone con maestría que desafía los prejuicios de su época.

Nadia Boulanger, compositora, directora de orquesta y maestra de figuras como Astor Piazzolla, nos regala en Soleils couchants (1907) una metáfora del ocaso como muerte, sobre el poema de Verlaine. En Cantique (1909), con texto de Maeterlinck, se eleva una plegaria de perdón: «A toda alma que llora, a todo pecado que pasa, abro en el seno de las estrellas mis manos llenas de gracia».

El programa viaja a América Latina con dos piezas del ciclo Cánticos para soñar (1993) de Irma Urteaga. En Canción de cuna para mi corazón solitario, Ana María eleva un canto hacia el dolor propio. En Capullito, la cantante se hunde en un retrato desgarrador: la imagen de una madre que entierra a su bebé.

Modesta Bor, por su parte, trae la cadencia caribeña en su Tríptico sobre poesía cubana (1965). Guitarra, sobre Nicolás Guillén, presenta a la mujer como figura del pueblo. Canción de cuna para dormir un negrito, sobre Emilio Ballagas, es una nana cargada de expectativas donde la madre deposita en su hijo todas sus ilusiones. Nocturno en los muelles cierra con el dolor de la pérdida bajo la noche tropical.

Ana María escoge dos canciones de Ivette Zubiró. Al banco solitario evoca la sensación dulce de haber amado; Carnavalito celebra las fiestas en un pueblo que ha sufrido mucho, aunque el carnaval siempre se va y quedan las historias tristes.

Concluye con Mi flor de batata, de María Olga Piñeros-Lara, del ciclo Tres arrullos. Retrata a la madre que no tiene qué darle de comer a su hijo: canto nostálgico de desesperación que, en el arreglo de Germán Darío Pérez, adquiere dimensión aún más desgarradora.

LAS ÉPOCAS: HISTORIA, RESISTENCIA Y MEMORIA

Este recital nos ubica en un siglo XX rebosante de energía, pensamiento y acción femenina que deviene música. El auge de compositoras del siglo XXI trae renovación estética y mayor visibilidad, pero es innegable que esto es posible por el esfuerzo y legado de quienes las precedieron.

Rebecca Clarke compuso en la Londres de entreguerras, en donde las mujeres eran aceptadas como intérpretes, pero raramente como creadoras. Sus canciones permanecieron décadas en el olvido. Mel Bonis y Nadia Boulanger operaron en el París de la Belle Époque. Bonis usó un seudónimo neutro para ocultar su identidad, compuso más de trescientas obras y fue reconocida a regañadientes por sus colegas hombres. Nadia Boulanger, recordada como pedagoga que formó generaciones, fue también autora de sensibilidad exquisita. Su hermana Lili, primera mujer en ganar el Premio de Roma, murió prematuramente dejando obra vocal de madurez espiritual impropia de sus veinticuatro años. Lori Laitman representa la vitalidad del lied estadounidense contemporáneo.

En América Latina, estas compositoras se hicieron un lugar potente y vibrante. Modesta Bor, figura central de la música académica venezolana, compuso ópera, piezas sinfónicas y de cámara. Irma Urteaga, medalla de oro del Conservatorio Nacional de Buenos Aires y maestra del Teatro Colón, desarrolló un diálogo entre la atonalidad y la tonalidad que no pasó desapercibido en la comunidad académica. Ivette Zubiró transitó por teatro musical y cine antes de dedicarse a la composición. María Olga Piñeros Lara, intérprete de música andina colombiana, ha dedicado su vida a la docencia del canto y ha formado a cantantes reconocidas a nivel nacional e internacional.

LA INTÉRPRETE Y SU ESPEJO SONORO

Este concierto puede leerse como el autorretrato de una joven mujer. Ana María habla de estas piezas como quien las ha elegido por la potencia de la vivencia humana que se entrevé en sus melodías, sus palabras y sus gestos musicales. Con la tremenda sensibilidad que la rodea, esta soprano, que sueña con vivir una vida en colectivo, ha construido un programa que es, en sí mismo, un espacio colectivo: pone su voz al servicio de otras voces para construir una comunidad transhistórica de mujeres que comparten experiencias atravesadas por la sensibilidad de quien trae la vida en su vida, o de quien combate con poesía el aislamiento.

La elección de hablar del dolor habla de una madurez interpretativa poco común. Ana María, lejos de huir de lo difícil, se sumerge en ello. La fabulación de la maternidad, la pérdida, el amor que hace daño, la soledad del corazón: territorios que busca recorrer como habitante, le aportan una profundidad digna de las compositoras que interpreta.

El repertorio presenta desafíos técnicos de considerable envergadura. Las melodías francesas de Bonis y Boulanger requieren un legato impecable, una dicción cristalina del francés y control del registro medio-alto mientras que las canciones de Clarke y su lenguaje modal y disonancias controladas, exigen color vocal terroso. Four Dickinson Songs plantea el reto de la dicción inglesa contemporánea, en la que la claridad textual es fundamental. El repertorio latinoamericano introduce desafíos rítmicos: el Tríptico de Bor demanda una articulación rítmica precisa que evoque el son en tensión con las estrategias compositivas contemporáneas; las obras de Urteaga necesitan que la poesía este encarnada para atravesar el canto y llegar a la sensibilidad del oyente y el Carnavalito de Zubiró introduce ritmos andinos que deben evocar su lugar de origen. Desde el piano, Francis Díaz navega entre texturas radicalmente distintas. 

LA DEUDA HISTÓRICA: POR QUÉ ESTE RECITAL IMPORTA

La historia de la música clásica ha sido escrita, durante siglos, por hombres que olvidaron incluir a sus colegas mujeres. Los libros mencionan a Clara Schumann, Fanny Mendelssohn, Lili Boulanger, y luego saltan décadas como si nada hubiera ocurrido. Pero algo sí ocurrió: cientos de mujeres compusieron, enseñaron, dirigieron, innovaron. Algunas, como Mel Bonis, se escondieron detrás de seudónimos masculinos. Otras, como Rebecca Clarke, vieron rechazadas sus obras más audaces por editoriales que preferían la ‘ligereza’ y suavidad que se esperaba de las obras compuestas por mujeres. Muchas más, como Modesta Bor, Irma Urteaga o Ivette Zubiró, quedaron fuera de los circuitos de difusión internacional, condenadas a la invisibilidad por el doble peso del género y la geografía.

Este recital es un acto de reparación. No se trata de una concesión política, sino de justicia. Ana María Cuéllar tampoco canta estas obras porque sean ‘de mujeres’, sino porque es música buena y porque habla verdades que el repertorio canónico elude; porque merecen estar en el escenario junto a los Schubert, los Debussy y los Copland.

Que este concierto sea una invitación a seguir soñando con lo colectivo, con lo simple y lo profundo, con la voz como camino hacia la sanación. Y que la voz de Ana María Cuéllar, clara y valiente, nos recuerde que un futuro se forja en el presente de las acciones de todos los días, con confianza y temple, por caminos que a veces no sabemos adónde conducen, pero que tienen su potencia en la experiencia más que en el fin último de las cosas.

Imagen principal Media
Mujer joven, de cabello negro, con blusa blanca, rodeada de naturaleza, mirando al horizonte
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