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El pasado 26 de febrero, el auditorio del Centro Cultural se llenó de música, recuerdos y conversaciones profundas durante el encuentro “Arte y cultura del vinilo en el archipiélago”. Esta cita reunió a instituciones formativas, maestros y estudiantes, además de melómanos, coleccionistas, investigadores y público general apasionado por las músicas del Caribe y por los vínculos entre memoria, patrimonio sonoro y procesos culturales contemporáneos en San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Este espacio, más que una conversación, se convirtió en una celebración colectiva de la historia musical del archipiélago. Y, con especial emoción, en un homenaje en vida al maestro Octavio Quintero, figura fundamental en la formación de generaciones de músicos isleños.

Un maestro que se volvió parte de la isla

Al llegar a San Andrés hace varias décadas, el maestro Quintero encontró una comunidad con una vocación musical vibrante, arraigada en la tradición afrocaribeña del pueblo raizal. Lejos de imponer modelos externos, supo reconocer ese talento natural y lo transformó en un proyecto de formación artística que marcaría la vida cultural de toda la región.

Con el trabajo conjunto de jóvenes isleños, instituciones locales, funcionarios comprometidos y músicos emblemáticos —entre ellos el legendario Marcos Newball— se dieron las condiciones para consolidar uno de los procesos musicales más importantes del archipiélago: la Banda Juvenil de San Andrés.

Durante más de cuarenta años, esta agrupación no solo formó músicos, sino también ciudadanos sensibles, disciplinados y orgullosos de su identidad sonora.

Cuando el vinilo cuenta la historia del archipiélago

En el evento, el homenaje al maestro Quintero estuvo acompañado de la presencia del reconocido productor musical Robert “El Arquitecto Musical” Taylor, quien compartió con entusiasmo sus experiencias en la producción y grabación de los LP de la Banda Juvenil de San Andrés.

Taylor relató cómo estos discos capturan —con sonido cálido y auténtico— parte de la evolución musical del archipiélago. Sus arreglos abarcan desde porros y músicas de banda tradicional hasta interpretaciones de calypso, género profundamente enraizado en la cultura isleña. Cada pista es, en sí misma, un registro vivo del talento juvenil de la época, acompañado de propuestas sonoras que dialogan con la tradición caribeña y la creatividad contemporánea.

El productor también resaltó algo que hoy resulta evidente: la Banda Juvenil se convirtió en un semillero inagotable. Muchos de sus exmiembros han formado sus propias agrupaciones, han llevado la música isleña a escenarios nacionales e internacionales y han aportado nuevas creaciones que continúan expandiendo el legado cultural del archipiélago.

Un legado que sigue inspirando

La trayectoria del maestro Octavio Quintero no solo se refleja en concursos, presentaciones y grabaciones, sino en las vidas transformadas por su labor. En cada joven que encontró en la música un camino. En cada exintegrante que sigue llevando el nombre del archipiélago más allá del mar. En cada nota que aún vibra en los ensayos de los exalumnos de la Banda Juvenil.

Por eso este encuentro alrededor del vinilo, la memoria y el patrimonio sonoro fue también un acto de gratitud. Una oportunidad para reconocer, en vida, a quien ha sido un pilar de la educación musical del archipiélago y un protagonista esencial en las conversaciones sobre identidad cultural, pedagogía musical y desarrollo artístico comunitario.

El maestro Quintero no solo dirigió una banda: ayudó a formar una tradición contemporánea, a conectar generaciones y a fortalecer la historia musical de San Andrés.

Y esa es una huella que, como los vinilos, permanece. 

Pronto estará disponible en nuestro Centro de Memorias Orales la grabación de este encuentro para consulta de todos los interesados.

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