Una colección de arte siempre tiende a revelar las inclinaciones de la sociedad y de la historia a las cuales pertenece. Existe más ampliamente en el hecho de coleccionar la promesa de depositar en el acervo los sedimentos volátiles y revueltos de una cultura, como si una colección fuera el reflejo de un imaginario inconsciente y colectivo que crece poco a poco, a medida que se afinan sus procesos de selección o se tejen nuevas formas de leerla. Al reunir desde 1957 obras centrales o históricamente más sigilosas que marcaron la producción artística nacional, la Colección de Arte del Banco de la República refleja ese complejo encaje que componen las formas y los procesos del arte en Colombia desde el siglo XVI.
Ires y venires: Diálogos en torno a la Colección se origina a partir de la exposición “Campo a través: arte colombiano en las colecciones del Banco de la República”, proyecto curado por Estrella de Diego y presentado en Madrid en 2017. Con esta primera muestra, en la que se ofrecían al público español líneas de lectura de la producción artística colombiana a través de nociones como la botánica, el viaje o la ciudad, se dio inicio a un diálogo entre la curadora española y los curadores del Museo de Arte del Banco de la República, en el cual la mirada del otro, la divergencia en un punto de vista o la dificultad del diálogo, terminaban por cuestionar y enriquecer las certidumbres de cada uno. Los tres ejes de la exposición —Conquistas, Corografías y Umbrales— conforman referentes históricos o simbólicos del imaginario cultural colombiano, que encuentran en la curaduría de “Ires y venires: diálogos en torno a la colección”, un significado extendido, en el desborde de su contexto de comprensión inicial.
Al inscribir su reflexión en la idea de hospitalidad, como fundamento filosófico del diálogo, la exposición se articula singularmente con los meses de pandemia y confinamiento que se atravesaron a lo largo del año pasado y que obligaron a museos y bibliotecas —y, por ende, a colecciones— a mantener un largo silencio. En una situación en la cual cada uno experimentó una supresión radical de lo sensible y de todo encuentro con el otro, esta exposición recuerda el papel crucial del extranjero —aquel cuerpo y territorio ajeno— en la construcción de una cultura y de la mirada que proyecta sobre sí misma. Afirma aquella importancia elemental, pero hoy puesta a distancia, de la experiencia sobre todas aquellas virtualidades que nutren nuestra cotidianidad.