Un joven emberá de la cuenca del río Atrato talla su bastón con destreza, parte de su formación como Jaibaná o chamán, para conectarse con sus ancestros y los seres espirituales de la selva y el río, quienes lo guiarán en la curación de enfermedades. Los emberá piden permiso a los espíritus antes de cortar árboles, utilizan la madera para construir tambos y viviendas palafíticas elevadas sobre pilotes, adaptando el estilo de vivienda indígena. Estas estructuras les permiten enfrentar las crecidas periódicas de los ríos y aprovechar el espacio para resguardar animales y canoas. Frente a crecidas repentinas, protegen a los animales sobre balsas o en canoas. A lo largo de los siglos, indígenas y afrodescendientes han trabajado la madera, creando objetos ceremoniales y herramientas utilitarias como champas y palancas para navegar por el río.