Santa Inés y @rosalia.vt fueron la misma persona. ❤️🔥 Y aquí están las pruebas:
Si Rosalía escribe: “Todos los luceros del cielo, se reflejan en mi pelo, traigo mil lenguas de fuego, todas en mi pelo”;
los frailes Alonso Manrique y Domingo María contaron en 1697:
“(…) festejó el cielo su nacimiento haciendo arder muchas hachas en el cuarto donde estaba la madre desinfantando, las cuales desaparecieron luego que nació la niña, como estrellas al nacer del Sol”.
Rosalía no compuso su verso pensando en Santa Inés de Montepulciano, pero a veces lo dudamos. Las narraciones sobre la vida de la santa dominica, nacida en el siglo XIII en Italia, circularon con tal fuerza que, con el tiempo, también fueron conocidas en la Nueva Granada. Su reputación como monja dedicada a la vida ascética y a la práctica mística la convirtió en una figura de especial interés devocional.
Tanto fue así que, durante la primera mitad del siglo XVII, se fundó en Santafé de Bogotá el Monasterio de Santa Inés de Montepulciano; y, un siglo más tarde, entre 1765 y 1775, se produjeron allí ocho pinturas dedicadas a episodios de su vida.
Santa Inés fue reconocida por la excelencia de sus virtudes, por sus cualidades humanas y por una trayectoria marcada por la experiencia ascética y mística, cuyos relatos encontraron un lugar en la cultura colonial neogranadina.
La serie de Santa Inés constituye uno de los ciclos hagiográficos más destacados de la pintura colonial neogranadina. Cada lienzo aborda un momento específico de su biografía espiritual, poniendo en imagen las mismas descripciones que, en los textos, habían definido a Inés como portadora de signos y visiones desde su infancia.
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Publicado en @museosbanrep el 30 de noviembre de 2025