El ideal femenino de la “reina del hogar” continuó vigente durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, las necesidades de una sociedad burguesa requerían que la mujer asumiera tareas prácticas y eficaces. Así es como el nuevo modelo capitalista impuso en las mujeres la transmisión de virtudes como el trabajo, la honradez, la responsabilidad, el ahorro y la limpieza, en su hogar.
👉 Los ideales de la pedagogía doméstica, que circulaban en las primeras décadas del siglo XX, le asignaron a la mujer el rol de enfermera del hogar, responsable de la salud y productividad de todos sus miembros. La economía del hogar, las tareas domésticas, la educación de los hijos y los cuidados de salud e higiene fueron todas tareas femeninas elevadas a la categoría de oficio bajo el título de “ama de hogar”.
“Las mujeres de las élites urbanas no sólo debían cumplir estas tareas en sus propios hogares, sino que debían convertirse en una especie de misioneras sociales que se encargaran de moralizar a las mujeres y a los niños de los sectores pobres. Estas actividades permitieron a las mujeres de los sectores pudientes trascender el espacio doméstico y tener papel destacado en sus respectivas localidades”, comenta Catalina Reyes Cárdenas en su artículo.
👀 A medida que avanzaba el siglo, la mujer comenzó a ocupar nuevos espacios: teatros, salas de cine, salones de té, e incluso en los clubes sociales, en los cuales, a principios del siglo XX, sólo se permitía la presencia masculina. Durante los años 20, y como consecuencia de la primera Guerra Mundial, las mujeres que tenían la oportunidad de viajar al exterior o estar en contacto con publicaciones europeas, adoptaron actitudes y comportamientos que se distanciaban del ideal femenino convencional.
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Publicado en @banrepcultural el 28 de mayo de 2023