La papa, la papaya, la vainilla, el maíz y muchas otras plantas que hacen parte de nuestra alimentación también tienen flores. Algunas son diminutas, otras pasan casi desapercibidas, pero todas hacen parte de un ciclo que termina y vuelve a comenzar en una semilla. 

Observar estos ciclos es una forma de conocer el territorio. Comunidades indígenas, afro y campesinas han aprendido a leer los tiempos de la naturaleza y saber cuándo sembrar, cosechar y conservar las semillas. Para eso, observan las lluvias, las plantas, los animales y las fases de la luna. 

Estos saberes se recogen en los calendarios ecológicos, que representan distintas maneras de entender y relacionarse con la naturaleza. Y es que las flores son indispensables pues, junto con los frutos y las semillas, hacen posible la reproducción y supervivencia de las plantas. Pero, además, hay algo muy especial en aprender a reconocerlas, distinguirlas y emocionarse cuando aparecen entre los cultivos y campos de Colombia, porque después de conocerlas, es difícil volver a mirar una planta de la misma manera. 

Esta es la muestra de que una semilla es mucho más que el inicio de una planta, recoge los significados de alimento, memoria, cultura y conocimiento que pasa de una generación a otra.

🌾 De eso se trata “Semillas, memorias que llevan vida”, un proyecto de la Sugerencia Cultural del Banco de la República que busca propiciar el intercambio de saberes alrededor de las semillas, su cuidado, las prácticas tradicionales, la alimentación, la medicina y las formas en que las comunidades leen y protegen sus territorios.

✨ Conoce el proyecto y descubre todo lo que una semilla puede contarnos: https://www.banrepcultural.org/proyectos/semillas-memorias-que-llevan-vida 

Publicado en @banrepcultural el 9 de septiembre de 2026.

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¿Habrá algo más lindo que escuchar "te traje flores"?
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