La escena artística colombiana de la primera mitad del siglo XX, vio cómo, gradualmente, las trazas de la modernidad iban incursionando en el seno de sus manifestaciones estéticas ante la afirmación de vanguardias de vieja data que se acondicionaron con tardanza en el país debido a las reticencias de la academia, así como la diversificación temática y técnica de piezas que viraron hacia la representación de escenarios campesinos e indígenas, u optaron propender hacia una experimentación de características más abstractas. La fotografía adquirió fuerza como medio capaz de trascender lo meramente documental, para encuadrar incipientes visiones de composición plástica.
Acompañando al influjo de obras realizadas sobre soportes tradicionales como el lienzo y la escultura, el dibujo encontró en Sergio Trujillo Magnenat un referente que le insufló de gran fuerza expresiva, acorde con las circunstancias históricas de su momento, a través de caricaturas de connotaciones déco, ilustraciones que articulan tipografía y dibujo, carteles publicitarios de eventos masivos e imágenes de naturaleza formativa encargadas por el Ministerio de Educación del momento. Las características de su obra lo adscriben como uno de los pioneros del diseño gráfico en Colombia, en un área que articula las destrezas del dibujante con toda una esfera de necesidades practicas atinentes al mundo publicitario. Como marca de su particular estilo de representación, en sus personajes predomina la sobredimensión del volumen y un acercamiento considerable a la dimensión tipográfica debido al cuidado que puso para acoplar de manera armónica el mensaje textual a transmitir de la mano con la ilustración. Más allá de su producción gráfica, también dedicó atención al diseño de mobiliario con la apertura de una ebanistería en los años cuarenta, en torno a la cual dejó una fructífera producción de planos.
Asimismo, recibió encargos para trabajos murales, adecuados para estructuras arquitectónicas específicas, como el realizado para el Banco de la República en Tunja, titulado ¨El Pantano de Vargas¨ (1961); una serie de tres murales, creados para los supermercados Carulla, uno de ellos en el barrio La Soledad (1962); el elaborado para el Hotel Hilton de Bogotá (1971); o el que se halla en el Banco Popular de Neiva sobre José Hilario López (1972).
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