La cultura bogotana de fines del siglo XIX y comienzos del XX estaba fuertemente influenciada por la religión y los principios conservadores, así como acontecimientos políticos como la Regeneración (1886 y 1899) y la Hegemonía conservadora (de 1909 a 1930). En ese tiempo, la vida artística bogotana estaba alejada de las vanguardias europeas, sin tener en cuenta corrientes como el futurismo y el cubismo, y asimilando, de manera muy vaga, el impresionismo francés. El interés por el academicismo y la búsqueda de una identidad nacional reforzaba los vínculos con España sin indagar sobre la actualidad europea y norteamericana de aquel momento.
La revisión del arte y el estilo de Ricardo Acevedo Bernal refleja el interés por la visualidad y la música de la sociedad bogotana entre 1880 y 1930. Durante este periodo se visualiza la pintura y la música como estandartes de la identidad colombiana y bogotana, a la vez que formaban progresivamente el arte de acuerdo con los gustos, intereses y necesidades de la época. El artista bogotano ejerció la plástica y la música de manera simultánea. Como pintor representó la religión, los temas patrióticos, el género del retrato y del paisaje, mostrando así las preocupaciones de la época. La modernidad llegó de manera tardía al país, debido a presiones políticas del Estado y la Iglesia, no obstante el hecho de presentarse un desarrollo en la industria y la urbanización. La capital colombiana representaba el panorama social nacional, llevando la pauta en el modo de vida y en las costumbres.
Acevedo Bernal representó a una sociedad blanca, hispanizada y de principios cultos, aspectos presentes en la España de comienzos de siglo. En materia musical, la creación de la Academia Nacional de Música amplió los horizontes artísticos de la época al enseñar teoría, solfeo, violín, violonchelo, contrabajo, clarinete, flauta, trompa, trompeta, trombón, órgano, piano, armonía, contrapunto y canto. La enseñanza de estos instrumentos y habilidades musicales estaba dada por el gusto bogotano hacia la música clásica, situación paralela a la presencia de ritmos y bailes más autóctonos como el joropo, el pasillo y el bambuco.
La obra pictórica de Ricardo Acevedo Bernal es colorida y sentimental, representando de manera fidedigna los temas, los personajes y ambientes de manera clara. En la pintura religiosa el pintor logró transmitir emociones, mientras que en la pintura de carácter histórico hay rigidez en el movimiento; características que han sido interpretadas por diversos estudiosos de su obra y de la historia del arte en Colombia. Asimismo, el pintor fue hábil en el dibujo y el pastel. Su faceta como músico está dada por la ejecución de aires nacionales, arreglos de música europea y composición de bambucos como “El Sabanero”. Ilustró algunas portadas de partituras impresas de obras del también músico y pintor Pedro Morales Pino y del músico Emilio Murillo.
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