Para los años setenta, la esfera artística optaba por vislumbrar propuestas, donde la articulación entre lenguajes abstractos con el planteamiento de visiones criticas en relación al contexto social del país, tenia una gran predominancia en los esfuerzos emprendidos por introducir la modernidad en el ámbito de la plástica nacional. Reconocer el entorno y el sinfín de particularidades que vivía de primera mano una joven generación de artistas, se convirtió en el componente de obras que trascendían los tradicionales soportes como el caballete o la escultura.
Contrariando aquella aspiración de los otros artistas por reconocer su hábitat, Miguel Ángel Rojas propendió por enfatizar su atención en la exploración de temas de carácter más personal, con la elaboración de propuestas que le permitieran ahondar en una más introspección critica e íntima de su ser, en una búsqueda por reafirmarse como individuo, sin olvidar la configuración del contexto que condicionaba a la sociedad colombiana del momento. El grabado, el dibujo y la fotografía se erigieron en medios idóneos para el despliegue de patrones temáticos simbólicos y conceptuales, a través de los cuales Rojas abordó cuestiones sobre el reconocimiento de la identidad sexual, tema controversial para aquel entonces.
Célebre es su serie de fotografías sobre el Teatro Faenza, lugar venido a menos y que se volvió propicio para encuentros homosexuales clandestinos. Allí, Rojas introdujo una cámara fotográfica a fin de captar a los personajes y las situaciones transcurridas en el teatro, transformando la fotografía, concebida como mero recurso mecánico que plasma la realidad con alto grado de fidelidad, a un instrumento de carácter testimonial, cuyas dificultades en la captación de las imágenes, las difíciles condiciones de luz y enfoque, materializan la marginalidad y represión a las que es sometida la noción de homosexualidad en una sociedad preciada de conservar los valores inmanentes a la moral como la colombiana. Asimismo, Rojas encontró en el video y la instalación, soportes propicios para complementar sus inquietudes temáticas al momento de diversificar el foco de sus atenciones, al incluir, en la exploración de sus intereses, cuestiones como el desplazamiento social, la problemática indígena y la violencia asociada al narcotráfico. Gran ejemplo de esta última vertiente se evidencia en propuestas como Broadway (2000), Nowadays (2001), Addiction Storm (2002) y Medellín-New York (2006), en las cuales el implemento de insumos como hojas de coca o billetes de dólar, pone de manifiesto las dinámicas de ilegalidad trasnacional, dentro de las que se enmarca todo un eslabón productivo, abarcando desde a la población campesina desprovista de su tierra, como al prospero mercado que invariablemente demanda en alta estima la exportación de tal alcaloide, y cuyas repercusiones se vislumbran con las perdidas humanas adyacentes a la guerra contra el narcotráfico, así como a las problemáticas de consumo y adicción, además de la corrupción gubernamental.
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