Contemplar el milenario discurrir de la humanidad en torno a las relaciones entretejidas por su población, junto con sus fenómenos de carácter social, económico, político y religioso, induce ineluctablemente a los investigadores de toda época a consultar los acervos documentales que conocemos como archivos. La reunión de fuentes que componen este ente material representa la congregación de la memoria textual, grafica, cartográfica, literaria, científica, geográfica, lirica, mística y toda una multiplicidad de concepciones sobre el mundo que ponen de manifiesto el desenvolvimiento, a lo largo de diferentes periodos temporales, de la interacción que determinados pueblos establecen con su entorno.
Si bien la preeminencia en la consulta documental con fines académicos la han tenido las fuentes de carácter textual, con cajas repletas de folios, con recortes de prensa, comunicados diplomáticos, registros epistolares y demás materiales abarrotando los estantes, las imágenes en movimiento asimismo han de erigirse en testimonios visuales de primera fila del contexto en el cual fueron creados. Un ejemplo de ello lo hallamos al saber que el mundo complementó su sed de información sobre lo acaecido en las primeras líneas de combate de las grandes contiendas bélicas que se sucedieron en la primera mitad del siglo XX, a través de los reportajes audiovisuales que se difundían en los cines, los cuales venían a sumarse a lo contenido en editoriales y fotografías publicados por la prensa.
Conscientes del valor documental que los registros audiovisuales tienen como portadores de memoria y significancia para la construcción histórica de un país, la creación de un archivo de imágenes en movimiento adquirió gran premura, en el marco de un mundo en pleno proceso de globalización, donde la gradual irrupción de los avances técnicos en múltiples ámbitos de la cotidianidad, va empujando a una migración de los soportes materiales de papel hacia los del ámbito digital, algo de lo que ni siquiera el celuloide fílmico ha escapado al verse sujeto en la actualidad a un almacenamiento de carácter electrónico.
Con motivo de los 25 años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la Biblioteca Luis Ángel Arango organiza esta exposición en la cual se aspira acercar al público el acervo de obras audiovisuales que se erigieron en el germen de la industria audiovisual colombiana y que aúnan la importancia de conservar este tipo de fuentes como documentos testimoniales, en una labor archivística que se viene desempeñando desde 1986, con el establecimiento del Centro de Documentación y la Biblioteca de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. No solamente se conservan y restauran materiales audiovisuales, sino también las fuentes textuales y graficas que posibilitan el estudio artístico y analítico de aquellos materiales, brindando la posibilidad de consultar carteles publicitarios, o ediciones de libros especializados en el análisis fotográfico, guiones, manuales, catálogos, revistas.
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Biblioteca Luis Ángel Arango
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