Antonio José Restrepo,<br />
Emiliano Isaza,<br />
Soledad Acosta de Samper
Se vislumbraba el final del siglo XIX cuando, paulatinamente el sentimiento de identificación, de heredadas connotaciones feudales, por parte de los súbditos para con sus respectivas monarquías fue transitando a la identificación con un conglomerado de leyes y un nuevo orden institucional despersonalizado y ajeno al derecho dinástico de linajes. La Ilustración, noción de origen alemán, vino a materializarse en los estrepitosos cambios acaecidos a finales del siglo XVIII con el advenimiento de la Revolución francesa, que acarreó la instauración de la República, donde el orden y la soberanía pasarían de manos de la figura del rey a ser ostentada por la escritura de una Constitución y la creación de un órgano legislativo, en un experimento cuyo ejemplo trascendería el vasto océano que separaba el viejo continente del Nuevo Mundo, y tendría sus repercusiones en los procesos de Independencia de los virreinatos, capitanías y audiencias americanas del Imperio español, que vieron en el lema de Libertad, fraternidad e igualdad, un ejemplo para desligar sus destinos de la subyugante condición colonial, especialmente tras la eclosión del levantamiento norteamericano contra la corona británica.
Pero generar las circunstancias históricas que propiciarían los procesos de independencia en Hispanoamérica, y específicamente en Colombia, requería de una preparación intelectual previa, que solo podría darse merced del activismo de un grupo de políticos e intelectuales, que tuvo acceso a un acervo ideológico, circulante en libros, folletos, periódicos, traducciones y tratados, que introdujeron en la opinión pública local, las ideas que formarían las nociones de ciudadanía, soberanía y autodeterminación de sujetos que debían estar conscientes de sus nuevos derechos para hacerse participes del nuevo ordenamiento social y político, muchas de ellas provenientes de Francia. Así, la ¨Republica de las Letras¨, caracterizada por una creciente circulación de estos productos de imprenta, en el transito del siglo XVIII al XIX, enmarcó la consolidación americana de una mentalidad ilustrada donde la razón tomó el lugar de las efervescencias pasionales, fundamentándose en la apreciación de decisiones adoptadas desde la lógica y acotadas por un trasfondo científico de apreciación del mundo, tras la predominancia de las supersticiones religiosas que aun lograban subsistir.
El libro pasó de ser un artículo de lujo, a reproducirse de manera masiva y a facilitar sus condiciones de acceso, con el objetivo de crear ciudadanos ilustrados. La fabricación en serie de tales impresos requirió de unos adelantos técnicos con los cuales la imprenta nacional de la naciente República colombiana aun no contaba, ante lo cual, la industria editorial francesa se erigió en modelo de expectativas para suplir tales carencias, debido a sus imprentas accionadas por máquinas de vapor, así como la implementación de un papel vegetal que no implicaba altos costos, culminando en la creación de ejemplares de buena calidad. Fue a través de las imprentas de origen francés, donde tratados de religión, botánica, medicina, ensayos, diarios de viaje, novelas, compendios de geografía e historia, antologías de poesía, escritos por colombianos, vieron la luz, constituyendo el 10% de los cerca de cinco mil títulos publicados en español por las imprentas galas entre 1814 y 1914.
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