Desde su nacimiento, Colombia ha cimentado las bases de un paulatino proceso de construcción social, económica, política, religiosa y cultural, alimentado por las contribuciones teóricas, ideológicas y materiales de procedencia exterior. No es casual que los ecos de la Marsellesa, con sus evocaciones de Libertad, Igualdad y Fraternidad, además del ejemplo constitucional norteamericano, sirvieran de aliciente para los próceres que, a comienzos del siglo XIX, instauraron las bases de un embrionario régimen republicano a partir de la circulación de textos, libros, ensayos, tratados y convenciones cuyos turbulentos ecos atravesaron el Atlántico hasta llegar a América. El comercio y los empréstitos ingleses, además de su aporte en materia bélica con la Legión Británica, o la introducción de los últimos avances de maquinaria alemana, dinamizaron muchas de las facetas de la cotidianidad de los nuevos países, sin ser Colombia la excepción.
Con la llegada del siglo XX las contribuciones de personajes procedentes del exterior no se detuvieron, poniendo de manifiesto cuan susceptible a la apertura se iba está haciendo el país a pesar de las reticencias de vieja data a los influjos del modernismo. Como una evocación del periplo hecho por Alexander von Humboldt a finales del siglo XVIII, durante tres meses de 1910, el zoólogo Otto Furhmann y el médico Eugene Mayor, encabezaron lo que se conoce para la historia como la Expedición Helvética. Al llegar a Barranquilla, emprendieron una travesía al interior, con cortas estancias en parajes como Puerto Berrio, Medellín, Manizales, Mariquita, Honda, Guaduas y finalmente Bogotá.
La naturaleza del viaje, ante la compleja situación geográfica del país y la exigua infraestructura de transporte, complicó los desplazamientos de los expedicionarios, quienes se vieron sujetos a recorrer grandes extensiones de territorio a caballo, lomos de mula o a pie, a través de caminos y trochas en estado arcaico y cuyas condiciones se agravaban ante las inclemencias del clima. No obstante las contrariedades del viaje, éste resultó ser muy fructífero debido a la gran cantidad de muestras biológicas recolectadas, dentro de las que se contaron ¨algas de agua dulce, hongos, líquenes, briofitas, pteridofitas y fanerógamas¨, así como biotipos animales como ¨protozoarios, rotíferos, turbelarios, oligoquetos, hirudinales, gasterópodos, dafnias, ostrácodos, copépodos, isópodos, cangrejos de agua dulce, onicióforos, quilópodos, diplópodos, escorpiones, opiliónidos, arañas, hidrácnidos, tadígrados, hormigas, anfibios, aves y reptiles¨.
Culminada su estancia americana, regresaron a Europa, donde muchas de estas muestras se difundieron por varias universidades del Viejo continente, siendo sometidas a una rigurosa observación y análisis, los cuales fueron puestos expuestos a la luz pública a través de un conjunto de 34 artículos, publicados en las ¨Memorias¨ de la Sociedad de Ciencias Naturales de Neuchatel, en 1914, en un tomo que consta de más de 1.090 páginas, y una de cuyas copias reposa en la sala de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
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