La transformación teórica y material del arte europeo a comienzos del siglo XX propició una ruptura de los principios clásicos y tradicionales de entender la obra de arte. Con la llegada de diversas vanguardias como el cubismo, el futurismo y el surrealismo, la mirada personal del artista se potencializó y se tornó más radical y revolucionaria. Este lenguaje particular estaba ligado a los constantes cambios sociales, políticos e ideológicos presentes en aquel momento y variaban de acuerdo al entorno. Además de las ya mencionadas vanguardias, se suma a este panorama el dadaísmo, surgido en Suiza y que se presentó como un nuevo modelo de vida artística que contravenía la tradicionalidad ya establecida para aquel entonces en algunas regiones de Europa.
Este movimiento criticaba fuertemente al Estado nacional y los ideales burgueses, lo que permitió la adhesión de gran número de artistas a movimientos políticos; asimismo, favoreció la acción participativa del artista al recurrir a la provocación, la ironía, las excentricidades y el uso de técnicas industriales como la fotografía y cinematografía para expresar las diversas posturas personales y comunitarias. Con esta corriente se incentivó el uso de técnicas no convencionales como el collage y el fotomontaje y procesos artísticos como cortar, montar, pegar y ensamblar, acciones más enfocadas en un paso a paso mecánico que a los métodos artísticos tradicionales.
Entre los materiales utilizados por los dadaístas figuran el cartón y el papel periódico, cortados, pegados y yuxtapuestos sobre una superficie para representar así imágenes simbólicas e icónicas complejas. Aunque mayoritariamente el dadaísmo utilizó la sátira social mediante medios no convencionales, fue el fotomontaje la técnica más radical y utilizada. Desarrollado a partir de las tarjetas postales del siglo XIX y las diversas litografías de corte militar, se evidencia para aquel entonces un desarrollo en la intervención fotográfica pues se usan diversos fragmentos de imágenes tomados de revistas o periódicos para luego modificarlas en su forma y tamaño. Destacan en este panorama John Heartfield, George Grosz, Raoul Hausmann y Hannah Höch. Esta última artista, nacida en Alemania, fundamenta la presente exposición temporal. Su obra presenta un componente irónico y crítico frente a los valores nacionales alemanes. Sus montajes provienen de fuentes visuales periodísticas como periódicos y revistas, en los que selecciona, corta y recrea escenas de parodia.
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