Los billetes son elementos usados y vistos diariamente por millones de personas en el mundo. No sólo cumplen una función monetaria vital, sino que además contienen la identidad de un país. Además, albergan miles de imágenes, cuyo estudio y diseño comprenden múltiples miradas y personajes. Por esta función son considerados obras de arte, pues no sólo implican un proceso y una estética específica, sino que además analizan y detallan la función iconográfica social, cultural, histórica, política y artística de un país. En Colombia el papel moneda fue desarrollado por primera vez entre 1813, con la emisión de un billete de 1 Real en el estado de Cartagena; dicho objeto contenía la firma de un personaje, Gutiérrez de Píñeres y sirvió para respaldar una transacción. Una centuria después, hasta la tercera década del siglo XX, el billete colombiano cambió con el tiempo, desde componentes sociales y políticos, hasta la reflexión e importancia particular. Estos aspectos fueron representados visual e iconográficamente de manera constante e influenciada por la mirada europea en Colombia. La imagen en los billetes está ligada a la invención de la litografía a comienzos del siglo XIX, la cual facilitó la difusión de imágenes en Occidente desde un comercio gráfico. Algunas personas con alto poder adquisitivo, contaron con la oportunidad de viajar a Europa para educarse allí, vivir la cotidianeidad social, cultural y política; además de tener contacto con las novedades tecnológicas y visuales del momento. Dentro de esta última función estaba presente la adaptación de imágenes europeas idealizadas en la identidad corporativa de instituciones como bancos y manejadas por estos mismos personajes adinerados.
Durante el siglo XIX, las entidades bancarias fueron abundantes y sobresalieron aquellas pertenecientes a banqueros, comerciantes e industriales. Estas instituciones privadas, comunes en Colombia durante 1870 y 1880, al igual que las entidades públicas estatales, tuvieron como común denominador la representación iconográfica de elementos inherentes a la identidad de un país en pleno desarrollo. Numerosas imágenes fueron producidas en el exterior por casas impresoras de Estados Unidos e Inglaterra. En estos lugares se contrataban grabadores y dibujantes para realizar retratos de personajes históricos y sociales, tomando como referencia la cuestión alegórica, muy común en Europa por aquel tiempo. Las imágenes eran adaptables a cada país, según criterio del dueño o administrador de la institución de crédito y de los impresores; según estas características, las imágenes presentes en los billetes producidos entre 1812 y 1923, representan la manera social de ver al país desde el exterior e interior. Por otra parte, es muy relevante en esta cuestión visual la idealización y representación de la identidad nacional, desligada del proceso político y social español colonial. En la construcción de nación autónoma primaban los valores y símbolos estatales como elementos patrios, la geografía y las constituciones, entre otros. Para lograr una readaptación visual de la identidad, se tomó como referente a Francia e Inglaterra desde sus roles de potencias culturales, políticas, económicas y sociales. Elementos como la libertad, la abundancia, la prosperidad y la justicia hicieron parte del imaginario nacional.
Desde esta configuración artística de los billetes, es importante analizar la función que ejercen las detalles de corte político e histórico. La inclusión de personajes como héroes, próceres o políticos es vital al momento de establecer los protagonistas de la historia de Colombia; figuras como Policarpa Salavarrieta, Antonio Nariño, Francisco de Paula Santander o Simón Bolívar establecieron la idealización de poder y lucha en la consecución de autonomía del país, razón por la cual sus retratos comenzaron a hacer parte de las emisiones de bancos estatales. Asimismo, el desarrollo económico de Colombia fue un pretexto para emancipar, alabar e idealizar el comercio, la agricultura, la industria y el transporte de manera gráfica. La inclusión del ferrocarril y la navegación a vapor como vehículos de progreso y las escenas costumbristas rurales como la recolección de café o el pastoreo de animales de granja, sirvieron para mostrar al país como un territorio económicamente pujante durante la segunda mitad del siglo XIX. Desde este sentido, los billetes plasman y contienen el desarrollo, la identidad, la historia, el avance y la imagen de un país como Colombia, visto desde sus habitantes y desde el exterior.
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