La obra del artista cubano Félix González-Torres ha estado ligada a diversas reflexiones y posturas frente al orden político, social y económico actual, al igual que a la búsqueda constante de la reivindicación de los derechos humanos y principios como la igualdad. Paralelamente con este propósito social, la obra del artista cubano se enlaza desde el rol que ejerce la relación arte-artista-público en la transformación de la promoción, distribución y consumo de imágenes en áreas tradicionales como museos, galerías, e incluso, espacios públicos. González-Torres nació en Cuba en 1957 y pasó una parte de su infancia en Puerto Rico; desde 1979 se radicó en Nueva York donde estudió en el International Center for Photography y en el programa de estudios independientes del Whitney Museum. Murió de sida en 1996.
Su obra establece un equilibrio entre teoría y concepto, a la vez que promulga la experiencia y vivencia personal como base de inspiración. Adicionalmente, su obra toma elementos políticos y sociales y está catalogada dentro del minimal art y conceptual art, arte minimalista y arte conceptual, respectivamente. Lo anterior basado en la sencillez de sus obras, la ausencia de detalles y la limpieza y serenidad de las superficies. Desde el punto de vista del espectador se complementan gran parte de sus piezas, pues las ideas y significados de estas conforman la generalidad participativa, presente en el estilo personal del artista. Complementa además como parte fundamental de su obra el proceso, la acción para llegar a algo, unitario o global, y que a futuro puede ser intervenido por el espectador, contradiciendo una regla de los museos: “no tocar”. Entre esta intención comunicativa de la obra y el espacio de exhibición no hay límite para recorrer las piezas y tampoco una forma única: las obras pueden cambiar de tamaño y lugar. Otra intención artística de González-Torres es reproducir infinidad de veces fotografías de obras, para adaptarlas acorde con la exhibición y el espacio. De igual forma, destaca la invitación sugestiva de intervenir sus obras y por tratar mecanismos sociales de control desde lo público hasta lo íntimo; un ejemplo es el hecho de consumir los chocolates que componen algunas de sus obras y dejarse “fundir” por los dulces, lo que potencia una notable carga erótica, detalle inherente a la corporalidad. Finalmente, es llamativo el interés que aborda el artista por lo púbico y lo privado desde un umbral histórico-personal, los recuerdos comunitarios e íntimos y la espacialidad del arte, de lo conservador como el museo o la galería hasta lo novedoso como la calle y sus vallas publicitarias.
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