Con el establecimiento de imperios globales desde el siglo XVI, especialmente con el descubrimiento y colonización de América, donde la búsqueda de riquezas implicó la introducción de dinámicas de sujeción cultural sobre aquellos a quienes consideraban barbaros, se recurrió al empleo de herramientas de investigación dirigidas a brindar un mayor conocimiento de las nuevas tierras que hallaría en el medio impreso un mecanismo idóneo de transmisión para el subsiguiente trascurrir de los siglos.
La publicación de tratados de medicina, herbolarios, novelas, diarios de viaje, atlas cartográficos, compendios geológicos, entre otros, pusieron de manifiesto los encomiables esfuerzos que los colonizadores emprendieron en la labor por conocer al ¨otro¨, y en la raíz de aquel interés vital, la lengua tenia una preeminencia monumental. De ahí que los Vocabularios, compendios elaborados por misioneros a fin de registrar los términos de lengua indígena que designaban todos aquellos elementos desconocidos, y que posteriormente pasaron a ser conocidos como Diccionarios de barbarismos, se erigen en ejemplo de la gran empresa por acercar a aquellas poblaciones a la particular concepción que se tenía de ¨civilización¨ para aquel momento, pues para las labores de evangelización, habría de considerarse indispensable que se hiciera en una sola lengua, y el surgimiento previo de los diccionarios apuntaló la estructuración de un idioma común que, inicialmente en las metrópolis, unificaría el diseño de los documentos oficiales y enmarcaría los procesos educativos.
La fundación de las Academias de la Lengua en Europa, desde el siglo XVII, se dirigió a la estipulación de las reglas gramaticales y a definir el correcto uso del idioma, en el marco de un proceso de estandarización lingüística, fundamentado con la creación de ciclópeos Diccionarios, sujetos a periódica revisión a fin de dejar registro de las actualizaciones en el uso de la lengua. En esta exposición, de carácter bibliográfico, se da cuenta de un conjunto de diccionarios que han tenido una gran incidencia en la configuración del idioma español, partiendo desde los que aspiraban reglamentar el castellano propiamente peninsular, hasta los diccionarios que tomaban en consideración las variaciones lingüísticas surgidas en América, ante el surgimiento de términos técnicos, extranjerismos y americanismos que se hicieron a un lugar de reconocimiento desde la Real Academia de la Lengua Española de manera gradual. Dentro de los exponentes de gran relevancia a encontrar en esta exposición, se hallan ediciones del ¨Tesoro de la lengua española¨. De Sebastián de Covarrubias, originalmente publicado en 1611; así como el ¨Diccionario de autoridades¨, de la Real Academia Española, publicado en 1739 y que serviría como base para el subsiguiente ¨Diccionario de la Real Academia de la Lengua¨ (DRAE) que se sigue editando hasta la actualidad. Otro conjunto de ejemplares de preeminencia lo constituye el ¨Diccionario del español actual¨ de Manuel Seco; el ¨Diccionario del español de México¨ coordinado por Fernando Lara; sin olvidar el ¨Diccionario de construcción y régimen¨ elaborado por Rufino José Cuervo, un trabajo que avanzó hasta 1893, y que el Instituto Caro y Cuervo culminó en 1994.
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