La Habana es una ciudad que lleva implícito en su patrimonio arquitectónico y trazado urbano, la persistencia de las memorias asociadas a un puerto que antaño fue parada estratégica de trascendental importancia para el Imperio español en el Nuevo Mundo, así como metrópoli a la vanguardia de la prosperidad económica en la primera mitad del siglo XX, e inclusive la ralentización en la incursión de la anhelada modernidad material que se tomó el Occidente capitalista, que halló con la llegada de la Revolución un contratiempo para su consolidación en la mayor de las Antillas.
Carlos Garaicoa es uno de los artistas cubanos pertenecientes a la joven generación que tuvo la oportunidad de presentar su obra en escenarios internacionales desde los años ochenta. Pese a que sus primeros pasos los dio en el medio pictórico, posteriormente fue asentándose en una producción que le brindaba la posibilidad de reinterpretar los espacios urbanos de la capital cubana, valiéndose de la versatilidad de la fotografía, inscrita con el establecimiento de instalaciones, donde la interacción interpretativa con el espectador adquiere gran relevancia. Para los espectadores de su obra, personajes concurrentes de la cotidianidad habanera, la representación visual de los espacios referenciados por Garaicoa, está asociada a un conjunto de recuerdos y memorias personales entrelazadas, que difieren de la percepción ajena, y permite diversificar la naturaleza de los significantes asociados a lugares específicos, cargados de sueños y memorias de un trazado subjetivo, atemporal, o inhabitable en caso de edificaciones que ya no existen, por lo cual es recurrente la invitación a imaginar el pasado de estos sitios, durante los momentos de mayor esplendor vivido por cada quien que haya tenido la oportunidad de atesorar algún recuerdo presencial.
En la obra de Garaicoa es usual hallar el emplazamiento de fotografías frente a espacios de la ciudad donde ya no se encuentren las edificaciones retratadas, o cuadros religiosos que den cuenta de aquellos mismos escenarios en un momento añejo de su historia. La fotografía es un medio más para la construcción de la realidad, especialmente de una realidad subjetiva y personal tanto para quien captura la imagen como para quienes tras observarla activan toda una sucesión de recuerdos asociados a momentos, eventos, encuentros personales, vivencias sentimentales, entre otros.
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