Presenció la segunda mitad del siglo XX, las múltiples estelas de un mundo en reconstrucción ante las masivas matanzas humanas, y la adyacente destrucción cultural y material que dejaron dos conflictos de escala global. El camino para regresar a un ideal estado de cosas en Occidente ,pasó por la reestructuración de los principales aparatos económicos, fundamentados en las industrias pesadas del denominado ¨primer mundo¨ (con especial énfasis a territorios como Japón, Alemania y Estados Unidos), quienes requerían de suscitar el auge de las exportaciones procedentes de las periferias, a fin de alimentar el renacer de un planeta que pasaba de una fase de contiendas bélicas que hundían sus raíces a malestares propios del siglo XIX, a un estado de tensiones ideológicas, de carácter bipolar, enmarcados por la Guerra Fría.
Incentivar un mercado de consumo a gran escala, que proporcionara un espacio de gasto para la adviniente clase media, se convirtió en una de las prioridades en torno a las cuales, las sucesivas campañas publicitarias infundieron a la población, una constante necesidad por adquirir productos alimenticios, electrodomésticos, ropa, accesorios, vehículos, y demás mercancías, que esperaban hacerse pasar por indispensables para sostener un modo de vida ideal, que en los Estados Unidos de finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta, se conoció como el ¨American way of life¨.
Testigo de primera mano de aquel auge de desenfrenado consumismo que proyectaba la prosperidad económica que entonces vivía los Estados Unidos, Andy Warhol se circunscribió a una generación de artistas que optó por distanciarse de los resabios del imperante expresionismo abstracto, a fin de centrar el interés de su abordaje temático en los iconos de la cultura popular que estaban configurando una sociedad donde las marcas, los productos y las celebridades, estaban transformándose en símbolos de altos estándares de vida, donde la prosperidad material, atinente al bloque capitalista se contraponía a la miseria y atraso adjudicado al bloque comunista.
Pone de manifiesto la obra de Warhol, adscrita al arte pop, un acervo que sintetiza los valores de la cotidianidad norteamericana, mediante serigrafias, pinturas, filmes experimentales, fotografías, donde sus protagonistas fueron desde las populares sopas enlatadas Campbell´s, pasando por botellas de Coca Cola, cajas de jabón, billetes de dólar, imágenes de fichas policiales, accidentes de tránsito o disturbios raciales, así como retratos de celebridades de la farándula o la política internacional. Sus piezas evidencian las tensiones entre los debates ideológicos de un país acentuándose alrededor de un nacionalismo fundamentado en su modo de vida, y la dimensión elitista, popular y estrafalaria exhibida en iconos visuales de gran circulación.
En Colombia, el arte pop no tuvo difusión de similares magnitudes al de su vecino septentrional, pero el interés de un conjunto de artistas vino a coincidir, de manera cercana, con el énfasis dado a iconos de la religiosidad popular y política que caracterizan al país. De ahí, se destacaron trabajos como el de Beatriz González, quien desplegó imágenes de deportistas, políticos y reinas de belleza, en soportes como mobiliarios; así como Álvaro Barrios, quien se remitió a la reivindicación de las tiras cómicas, postales y almanaques; o Juan Camilo Uribe, resignificando, mediante el collage, imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y el Divino Niño.
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