¿Cómo se ordenan las obras en un museo?, ¿cuáles son los criterios de su selección? o ¿qué historias nos cuentan cuando están reunidas en una o en varias salas? son algunas de las preguntas que con frecuencia se realizan los visitantes. En un ciclo de 8 sesiones virtuales, a través de la apreciación estética y ejercicios curatoriales, el ´Curso virtual de Apreciación del Arte y Curaduría del Museo Botero´ se dio a la tarea de responderlas.
Este curso surgió, junto a otro grupo de actividades, como parte de la celebración delos 20 años de la creación del Museo Botero, gracias a la donación que el artista antioqueño hizo al Banco de la República en el año 2000. Su colección de arte, que hace parte de la Manzana Cultural del Banco de la República, es una de las más significativas del país, y su condición pública es una característica determinante para identificarla y detallarla.
A partir de la lectura que Fernando Botero propuso de la historia del arte occidental en la selección de obras y el montaje de las salas, el curso abordó su rol como coleccionista y curador. Por medio del acercamiento a temas como el cuerpo, la música, la violencia, los mitos y la historia, los participantes pudieron identificar el lugar que tiene su obra en la historia del arte local y universal.

Sesión 2: El Museo Botero como libro de historia del arte occidental
Esteban Wilches y Andrés Murcia, mediadores de la Sección de servicios al público y educativos, develaron junto a los(as) participantes, cómo está presente la mano del artista en la organización del museo, reconociendo la importancia y los efectos sociales y culturales de su disposición pública. A través del estudio de las obras se realizaron ejercicios curatoriales que crearon nuevas lecturas y caminos para conocer la colección, resaltando las múltiples maneras mediante las cuales el visitante puede acercarse a una obra de arte, narrarla y experimentarla.

Sesión 6: Museo de arte ¿caja de resonancias?
Si bien el curso estaba pensado para ser ejecutado en las salas del museo, tuvo que desarrollarse de modo virtual, lo que supuso adaptar las actividades e implicó un ejercicio de reescritura; aunque como lo cuenta Esteban Wilches “fue una oportunidad para darle vida al museo cada ocho días, pensándolo, estudiándolo y encontrándonos con visitantes asiduos y también nuevos”. La virtualidad se convirtió en ese espacio de reunión y reencuentro que hizo del museo un lugar empático, de complicidad, o lo que se tiende a llamar un “museo afectivo”.
Por su parte, Andrés Murcia destacó “la calidad de los resultados, la disciplina de los asistentes y la realización de ejercicios de dibujo y escritura muy creativos, que nos dieron, a nosotros como mediadores de la colección, unas nuevas miradas sobre el Museo Botero”.

Sesión 7: Del público para el público: una herramienta para el diálogo
El resultado final fue el diseño de recorridos que podrán ser experimentados in situ con la apertura del museo, partiendo de las propuestas realizadas por los participantes: 15 alternativas para recorrer las salas del Museo Botero creadas por el público y para el público que lo visite, a través de conceptos cotidianos como la familia, la religión o la violencia; con el objetivo de valerse de la autonomía del visitante, proponer un diálogo más allá del mediador y el curador y generar una conversación entre las mismas personas que conforman la comunidad del museo.
Alexandra Reyes, una de las participantes de este curso resume lo valioso de esta experiencia en “la posibilidad de conocer la contextualización de los movimientos artísticos en que se inscriben las obras del Museo Botero, con la realización de ejercicios muy didácticos que nos acercaron al término curaduría. La virtualidad nos dio la posibilidad de que el museo se expandiera, y llegara a más lugares, en un momento donde es importante siempre volver a este espacio para encontrarnos, dialogar, construir y reflexionar”.
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