El 25 de junio de 1982, el Banco de la República inauguró en Barranquilla el imponente Teatro Amira De la Rosa que lleva el nombre de uno de los personajes más destacados de la historia cultural de la ciudad: la narradora, poeta y dramaturga Amira Arrieta McGregor de De la Rosa (1895-1974); a ella le deben también los barranquilleros la hermosa letra de su himno. Además de ser escritora, Amira fue una destacada educadora; se estableció un largo tiempo en Madrid (España), donde estudió periodismo y se especializó en teatro y crítica teatral.

El proyecto original del Teatro Amira De la Rosa fue concebido en los años sesenta por la firma Zeisel, Magagna & Lignarolo, que ganó la convocatoria que hizo la Sociedad de Mejoras Públicas en 1961 para su construcción. El 19 de junio de 1980, estando la estructura en obra negra, se firmó el contrato de comodato entre la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla y el Banco de la República, asumiendo este su administración y mantenimiento por 99 años. La siguiente intervención, en 1980, con mayor énfasis en los acabados y la parte técnica, fue realizada por la firma Barón y Macchi Ltda., y coordinada por los arquitectos Hernán Vieco y Alexis Barón.

Una de las preocupaciones del Banco fue dotar a la obra de la mejor asesoría de ese momento en materia de sonido, luces y tramoya, por lo que se contrató a la firma norteamericana Acustic Research, Co., que instaló en el escenario una concha acústica móvil, un puente para iluminación escénica y un sistema electrónico de tramoya. Fue el primer teatro de Colombia hecho con tecnología de punta.

El Teatro, con un área de construcción de 5.710 m2, cuenta con confortables espacios: la Sala principal, que está dotada con 949 sillas y posee equipos especializados, apropiados para el montaje de cualquier tipo de espectáculo; 32 camerinos; una cafetería para artistas y una cafetería para el público; la Sala múltiple, con capacidad para 120 personas; el Foyer, con capacidad para 200 personas; un kiosco adyacente al teatro, con capacidad para 60 personas; un parque con zonas verdes alrededor para albergar cerca de 1.000 personas, y un amplio parqueadero para 225 vehículos.

Pero quizás uno de los mayores valores estéticos del Teatro es el telón de boca pintado por el maestro Alejandro Obregón (1920-1992), titulado Se va el caimán, obra de gran colorido inspirada en la leyenda del Hombre Caimán, emblemática de la cultura del Caribe colombiano. Esta pieza artística de 14,4 m de ancho por 8,14 m de alto, templada en un bastidor, fue encargada al maestro por el gerente general del Banco, el doctor Rafael Gama Quijano, y fue realizado en menos de tres meses, con la colaboración de los artistas barranquilleros Humberto Aleán, Gabriel Quintero y Henry Noguera. Es un ejemplo de la vital imaginación del artista, conocido como el gran colorista del arte moderno colombiano.

Al abrir sus puertas, el Teatro comenzó como Área Cultural de la sucursal del Banco en la capital del Atlántico, para ofrecer a la comunidad, de manera continua y abierta, diversas posibilidades de acceso a las manifestaciones culturales y artísticas. La política cultural del Banco de la República quiso despojar a este tipo de lugares de su carácter elitista, y para lograr esto vinculó a todos los sectores de la sociedad a actividades académicas, artísticas y culturales, como conciertos, exposiciones, seminarios, lecturas, talleres y conferencias.

Además de desarrollar una amplia programación auspiciada por el Banco, el Teatro ofrece la posibilidad de arrendar sus diferentes espacios para la realización de diversos espectáculos nacionales e internacionales. Fue declarado, por el Ministerio de Cultura, Bien de Interés Cultural de la Nación, según resolución 1277 del 31 de agosto de 2006. Esta distinción se basa en los antecedentes históricos, la originalidad, funcionalidad y diseño del edificio. El Consejo de Monumentos Nacionales determinó que el edificio del Teatro es un aporte a la arquitectura de la región y un importante ejemplo de ingeniería en el país.

Este centro cultural representa un hito histórico regional y nacional; es testimonio de una época de progreso para la ciudad de Barranquilla, en la cual se buscó recuperar la vida cultural que la caracterizó en el pasado. Pero el verdadero valor de “el Amira”, como cariñosamente le llaman los barranquilleros, no solo es el magnífico edificio, sino su historia de vida artística y cultural, y la calidad de sus servicios, que lo han convertido en un símbolo de la ciudad que sus gentes muestran con orgullo a nacionales y extranjeros.

La renovación del Teatro

Luego de una convocatoria y selección de oferentes, el Banco de la República contrató a la firma Arquitectos Restauradores SAS para realizar el estudio de valoración del inmueble. Esta firma se destaca en el ámbito del patrimonio arquitectónico y el desarrollo de intervenciones sobre bienes culturales, gracias a encargos similares, entre los que se encuentran la recuperación integral del Teatro Santa Marta, las obras de adecuación de la Casa del Marqués de Valdehoyos, en Cartagena, y las restauraciones del Capitolio Nacional y el Teatro Colón, en Bogotá.

Una vez terminado el estudio de valoración, el Banco de la República presentará una propuesta general de intervención del Teatro al Ministerio de Cultura, que es la instancia encargada de aprobar los proyectos para la actualización y restauración de inmuebles patrimoniales, para que este otorgue su aval. La propuesta avalada por el Ministerio será la base sobre la que se contratarán y formularán los diseños definitivos del Teatro.

Con el desarrollo de este proyecto, el Banco de la República reafirma su presencia en Barranquilla, el desarrollo de su función cultural en la ciudad y así mismo, responde al compromiso de recuperar uno de los escenarios culturales más importantes de la región Caribe y del País.

La restauración del telón de boca

El Banco de la República culminó con éxito la restauración de 'Se va el caimán', el telón de boca que pintó el maestro Alejandro Obregón para el Teatro Amira de la Rosa de Barraquilla. Los trabajos sobre este acrílico monumental se realizaron en los últimos meses y estuvieron a cargo de Rodolfo Vallín, restaurador experto en la obra de Obregón, quien lamentablemente falleció el pasado 7 de enero.

El telón ha acompañado la vida y eventos del Teatro desde su apertura en 1982 hasta el cierre temporal en 2016. En sus años de uso en el Teatro, el telón tenía algunos deterioros como la oxidación de la tela en los bordes por las grapas del tensado, suciedad, rayones, algunas manchas y pequeñas roturas y faltantes en los bordes. Tras la declaratoria del telón como BIC en 2018, el Banco gestionó y contrató una intervención de conservación-restauración en 2019 a cargo de Rodolfo Vallín, quien tiene amplia experiencia en intervenciones a pinturas de gran formato y murales del maestro Obregón, esto a fin de garantizar que la obra luzca su esplendor por muchos años más.

La intervención del telón duró tres meses y se realizó con base en una serie de estudios técnicos que dieron línea sobre los procesos de limpieza, recuperación de plano, tensado de bordes, montaje sobre un nuevo bastidor, unión de rasgaduras, resanes en áreas de faltantes y reintegración de color en zonas donde se había perdido. Este proceso fue autorizada por el Ministerio de Cultura (resoluciones 1365 y 2457 de 2019) dado que se trata de un BIC nacional.

“Lo importante de participar en este proyecto es poder conocer otra faceta del maestro obregón al intervenir una obra suya de estas dimensiones en soporte de tela”, manifestó Vallín durante los trabajos de restauración.

Personajes del Amira

Amira De la Rosa

Esta escritora, pedagoga y diplomática nació en Barranquilla el 7 de enero de 1895, con el nombre de Amira Arrieta Mc-Gregor (el De la Rosa lo tomó después de su matrimonio con Reginaldo De la Rosa Ortega). Amira De la Rosa es uno de los personajes más importantes en la historia de la ciudad: estudió en el Colegio La Presenta­ción, de donde se graduó; viajó a España, y allí estudió periodismo en la escuela de El Debate, en Madrid, y se especializó en teatro y crítica teatral; escribió poemas, obras teatrales, novelas y cuentos con una maestría impecable (a ella le deben los barranquilleros la hermosa letra de su himno); además de ser una gran escritora fue una destacada educadora y la fundadora del colegio Gabriela Mistral.

En 1948 se estrenó en el teatro María Guerrero, de Madrid, su obra Piltrafa, drama de ambiente colombiano que obtu­vo el primer premio en el Concurso de Obras Teatrales Españolas e Hispanoame­ricanas. También se estrenó en Madrid su obra Madre borrada, representada por la Compañía de Társila Criado. En Caracas fue estrenada su obra Los hijos de ella, presentada por la Compañía de Eugenia Zuffoli. Además tiene un centenar de obras radiofónicas que fueron presentadas en Madrid a través de la Radio Nacional e interpretadas por importantes valores del teatro español. Fue miembro de la Sociedad de Autores de España y miembro de honor de la de Colombia. También hizo parte del Instituto de Cultura Hispánica.

Entre sus obras publicadas están los libros de prosa poética Poemas de maternidad (con prólogo de Gabriela Mistral), Lecturas para niños, Geografía iluminada y la novela Marsolaire. Ocupó posiciones destacadas, entre ellas, agregada cultural de la Embajada de Colombia en España, cónsul de Colombia en Sevilla y consejera cultural de la Embajada de Colombia en España. Recibió la Cruz de Boyacá por los servicios prestados al país y la primera medalla Sociedad de Mejoras Públicas, con ocasión del estreno del himno de Barranquilla. Fundó el primer grupo escénico barranquillero en 1945. Con esta Compañía montó sus obras Madre borrada, Las viudas de Zacarías y El ausente.

Amira De la Rosa murió el primero de septiembre de 1974 en Barranquilla. Por acuerdo municipal, en 1982 se dio su nombre al teatro.

Dr. Rafael A. Juliao

Eminente médico nacido en Barranquilla el 30 de mayo de 1908, quien, además de dedicar su vida al ejercicio de su profesión, promovió por varios años la divulgación del proyecto del teatro Amira De la Rosa. En 1947 entró a formar parte de la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla y en 1948 fue nombrado presidente del comité pro-teatro municipal, y como tal intervino en los eventos cívicos y legales para formalizar dicho comité; intervino en la firma del contrato del teatro el 7 de abril de 1963 y dirigió el acto de colocación de la primera piedra en 1964.

El 19 de junio de 1982, a pocos días de la inauguración del Teatro Amira De la Rosa (el 25 de junio), el gobernador distrital le impuso la medalla Puerta de Oro. Falleció el 20 de octubre de 1985.

Alfredo Gómez Zureck

Realizó estudios musicales en el Conservatorio de Música de la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla. Tuvo como profesores a Martha Emiliani, Pedro Biava, Aurelio Vásquez Pedrero y Alfred Wittmann. Posteriormente en Bogotá, a la par con sus estudios de Ingeniería Química, realizó cursos de piano con Lucía Pérez y de historia de la música con Otto de Greiff. Fue miembro fundador y director del Coro Philarmonía, director del Coro del Conservatorio de Música Pietro Biava, director del Conservatorio y primer decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, profesor de historia de la música, formas musicales y apreciación musical en las Universidades del Norte y del Atlántico.

Fue el primer director del Teatro Amira De la Rosa, cargo que ocupó durante 13 años. Realizó numerosos recitales como pianista acompañante y dirigió en una oportunidad la Orquesta Sinfónica del Caribe. Fue miembro del Consejo Nacional Asesor de Música del Instituto Colombiano de Cultura.

Además de un destacado pianista también fue gestor cultural, poeta, columnista de El Heraldo, miembro de la comisión coordinadora que dirigió el Suplemento Dominical del Diario del Caribe, autor de numerosos artículos publicados en revistas de circulación local y nacional, entre ellos el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República.

Falleció en noviembre de 1997, poco después de su jubilación, luego de un emotivo recital que diera con la pianista Rosalba Reina en el Teatro de Bellas Artes.

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Historia Teatro Amira de la Rosa