El Centro Cultural del Banco de la República en Tunja ubicado habitualmente en el Claustro de San Agustín (que en este momento se encuentra en restauración por el Emisor), edificación reconocida como de prioritaria conservación monumental. Además de hacer parte del Monumento Nacional que conforma el centro histórico de la ciudad, es considerado como un lugar que conserva objetos y memorias que dan cuenta de su contexto de concepción y planeación, en el siglo XIV, y se extienden hasta la actualidad.

Su historia comienza en 1549, cuando se solicitó al Cabildo de Tunja el establecimiento de un Convento de San Agustín en la colonial Plaza de Abajo, solicitud que fue denegada y que prohibió a los hijos de San Agustín abrir el convento en la ciudad. En 1551 se estableció en este lugar un Convento de Santo Domingo, que estuvo compuesto por una casa con su capilla, techada con paja. Fue utilizada durante algún tiempo por los dominicos, pero teniendo en cuenta lo apartada que se encontraba del centro, decidieron trasladarse cerca de la Plaza Mayor (lugar donde ahora se encuentran), dejando abandonada la primera construcción colonial sobre el Cercado del Zaque y permitiendo la llegada de la Orden de San Agustín.

Los agustinos se establecieron, finalmente, en 1585. Para el año de 1586, Fray Lorenzo de Sufre presentó los planos de la iglesia al Cabildo de Tunja. Después del fallo de la Real Audiencia a favor de los agustinos, se inició la construcción y en el año de 1659 se dio por terminada la obra de la iglesia y el convento.

Manteniéndose activa a través de los siglos, y considerada como una de las más bellas del país, la edificación es representativa de una arquitectura inspirada en modelos sevillanos, con estilo renacentista, compuesto por cuatro galerías dobles, sostenidas sobre columnas toscanas y arcos de medio punto que encierran el amplio patio interior. Tiene, además, una iglesia conventual adosada, cubierta de pintura mural que remata su fachada en una esbelta espadaña de piedra; para unos propia del estilo barroco mudéjar, para otros de estilo manierista. Cuando se realizó la restauración del claustro, bajo los pañetes de los muros originales se encontró una gran cantidad de pinturas murales correspondientes a dos épocas: una de muy buena calidad que corresponde cronológicamente a la época de construcción del claustro y de la iglesia, que representa escenas de la vida de San Agustín; y otra más tardía, correspondiente a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, más fresca y más barroca, que llena de flores todos los espacios del claustro. Los agustinos abrieron el noviciado con estudios en gramática, artes y teología a finales del siglo XVI, para ese momento el segundo en importancia del país. En el año de 1821 tuvieron que entregar la edificación del claustro al Colegio de Boyacá, debido a la nueva Ley de Educación, que ordenó cerrar los conventos con menos de ocho religiosos.

Por los mismos años, el vicepresidente Francisco de Paula Santander creó el Colegio de Boyacá, el 17 de mayo 1822; años más tarde se incorporaron las cátedras de medicina, derecho civil y derecho canónico; luego se estableció la educación primaria con el Método Lancasteriano. En el año de 1827 se fundó la Universidad de Boyacá mediante el Decreto del 5 de enero de 1828 del Libertador Simón Bolívar, e inició sus labores en el mismo año en las instalaciones del Claustro de San Agustín. El claustro pasó nuevamente a los agustinos entre 1829 y 1831, y el colegio y la universidad fueron trasladados al Convento de la Compañía de Jesús.

Bajo la dirección de los religiosos de San Juan de Dios el claustro se convirtió en hospital durante el periodo de 1835 a 1859. En la Guerra Civil de 1860 fue habilitado como cuartel del ejército. El entonces presidente del Estado de Boyacá, General Sergio Camargo, expidió el Decreto del 10 de febrero de 1863 en el cual establecía que el claustro será la penitenciaría o panóptico de Tunja. A través de la Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, el claustro pasó en forma definitiva a ser propiedad de la Nación. Es así como durante un siglo, el claustro albergó todo tipo de prisioneros de las diferentes regiones del país, hasta el año de 1966 en el cual el panóptico fue trasladado a la vereda El Barne. Con el transcurrir de los años el Claustro de San Agustín entró en decadencia arquitectónica, y es entonces cuando el gobierno decidió entregar la propiedad del inmueble al Colegio de Boyacá.

Teniendo en cuenta la importancia histórica y arquitectónica que el claustro representaba para Boyacá y el país en general, y los altos costos que implicaba la restauración, el Banco de la República decidió financiar las obras, a través de la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano.

Este proyecto fue dirigido por el arquitecto Álvaro Barrera, quien identificó en sus estudios la desaparición del 60% del claustro, que se encontraba destruido y saqueado tras su abandono como penitenciaría, quedando en pié una sola de las cuatro galerías del antiguo claustro. Barrera propuso restaurar la parte del Convento que todavía se encontraba en pie y planteó una reconstrucción virtual del espacio y los volúmenes, utilizando el mismo lenguaje arquitectónico pero con interpretación moderna del mismo, reconstruyendo las arcadas inexistentes en metal, que sigue las formas originales y reemplazando los muros perdidos con grandes vidrios templados, utilizando tecnología colombiana en todo el proceso.

El 28 de marzo de 1981 el Colegio de Boyacá entregó a la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano el Claustro de San Agustín, a través de la firma de un contrato de comodato. Durante el año 2004, de común acuerdo, las partes realizaron la cancelación del comodato. De igual forma se realizó la permuta entre el Colegio de Boyacá y el Banco de la República, de tal manera que el Claustro de San Agustín pasó a ser propiedad del Banco.

Desde el 21 de octubre de 1988 se reconoció como área cultural del Banco y se inauguró la Biblioteca, en principio nombrada como Alfonso Patiño Rosselli. A partir de ese momento y hasta comienzos del siglo XXI, se han desarrollado actividades de carácter cultural, promoviendo servicios de tipo bibliotecario, apropiación de la música académica y acercamiento a las artes plásticas, a través de la instalación de exposiciones didácticas, en beneficio de la ciudad y de la comunidad tunjana. Actualmente, la antigua área cultural pasa por un proceso de redimensionamiento, que la concibe como un Centro Cultural en donde se puede tener acceso a todos los servicios, colecciones y programación que organiza Subgerencia Cultural del Banco de la República.

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Claustro San Agustín del Banco de la República en Tunja, selección fue publicada en el libro Banco de la República. Arquitectura, cultura y patrimonio, publicado en 2017.