Santiago Quintero se recorría los pasillos de la biblioteca del Centro cultural del Banco de la República en Pereira y obtuvo su carné de afiliado antes de que aprendiera a leer y a escribir; también, a sus tres años, ya hacía parte de los Boy Scouts. De la primera experiencia recibió el amor por la literatura y las artes; de la segunda, su sentido de manada y su pasión por trabajar por la comunidad. Hoy, con casi 15 años, es uno de los mediadores culturales más jóvenes que podemos encontrar en la red nacional del proyecto La Paz se toma la palabra. Pero que su edad no te engañe, Santiago es miembro del Consejo Asesor y Consultivo Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes y lidera su propia organización: Viajeros entre letras.
Precisamente, esta iniciativa que inició con el nombre de Pereira, ciudad lectora, funciona desde el año 2017 y ha mantenido el firme propósito de promover la lectura en niños, niñas y adolescentes. Actualmente, la organización que lidera junto con su mamá tiene una fuerte presencia en el corregimiento de Caimalito, en el que habitan mayoritariamente comunidades embera y afro; los libros han abierto la posibilidad para que Santiago les lleve un mensaje de paz, de reconocimiento de sus derechos y de esperanza. Por medio del plan “Hermanitos”, y con libros de autores colombianos en los que se puedan evidenciar temáticas relacionadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los 150 jóvenes voluntarios de Viajeros entre letras acogen a los niños y familias de la comunidad para adelantar actividades y ejercicios de lectura que luego se transforman en canto, títeres, bailes y otras artes expresivas. “Hemos aprendido a leer las comunidades en las que trabajamos y adaptamos nuestras metodologías según sus intereses. La idea es usar los libros para ver cuáles son las emociones y sentimientos que queremos abordar y hacer lectura con todos los sentidos”, explica Santiago.
En el marco de su proyecto, también realiza otras actividades sociales como donación de kits alimentarios y de bioseguridad, apoyo a la comercialización de artesanías y adecuación de espacios para el acceso a la lectura y las artes como la biblioteca del sector El Cafetal. “Hacemos rifas y otras actividades lúdicas para recaudar fondos que nos permitan desarrollar nuestras actividades, especialmente en esta coyuntura en la que nos encontramos”, expresa Carolina, madre de Santiago, representante legal de la organización y mano derecha de este joven mediador.
Las herramientas que impulsan su labor
La maleta viajera de libros del proyecto, Los niños piensan la paz y Contando historias o “El queso”, como ellos cariñosamente le dicen, han sido algunas de las herramientas que más usan y más les gustan a los participantes de sus actividades. “Estas herramientas nos han permitido conocerlos más a fondo y a ellos les ha posibilitado hacer catarsis y conocer más de la historia de sus familias. Con estos recursos del proyecto Paz podemos tocar de manera didáctica temas sensibles que anteriormente nos eran difíciles de tratar”, asegura Carolina.
Las maletas viajeras que lleva Santiago en sus hombros son para los niños y niñas del corregimiento de Caimalito su contacto con la literatura y la imaginación, puesto que en este sector el internet y otros servicios públicos son muy limitados. Su labor ha favorecido que incluso personas adultas aprendan a leer y que las familias se reúnan en torno a los libros y la cultura.
Para Carolina y para Santiago, las herramientas del proyecto La Paz se toma la palabra son llaves que abren puertas a comunidades y personas con las que se pueden adelantar procesos de memoria histórica y ancestral, catarsis y sanación de dolores pasados y presentes. “Es muy valioso que chicos como Santiago, con menos de 15 años, puedan ser parte de un proyecto como este, con incidencia nacional, que les da prioridad a los niños, niñas y adolescentes. Los adultos solemos creer que los jóvenes no se interesan en las causas sociales, pero ellos tienen mucho que aportar y quieren aportar”, afirma Carolina