Música y poesía se reunieron el pasado jueves 12 de julio en el recital ofrecido por el bajo barítono Laureano Quant y su acompañante, el pianista Jesús David Prieto, en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Un público entusiasta acogió al intérprete cuyo particular tipo de voz parecía adecuarse a la expresión de la muerte, la noche, la tristeza y el amor en los poemas de William Shakespeare, Robert Louis Stevenson o José Asunción Silva. Las composiciones de Maurice Ravel, Franz Schubert o Ralph Vaughan Williams inscritas en la estética musical del Romanticismo y Posromanticismo contribuyeron a la creación de un ambiente mágico, ensoñador y en ocasiones tenebroso que se mantuvo a lo largo del concierto.
Al analizar el programa me llamó la atención la selección de obras en idiomas muy divergentes en estructura y pronunciación como lo son el alemán, español, italiano, francés e inglés. Lo que algunos califican de ‘crudeza’ en la fonética del alemán, en un lied de Schubert suena misterioso y delicado, característica muy bien lograda por Quant en este recital. Crudeza que no habita en un idioma hermano, el inglés, en el que destacó la dicción. Por otro lado, el italiano y el español sonaron más cálidos y musicales, mientras la pronunciación más difícil de lograr fue la del francés. Asumir un reto semejante habla muy bien del nivel de esfuerzo y estudio del intérprete con un muy buen resultado.
La palabra clave para calificar el concierto fue ‘expresividad’, tanto en la dicción como en el gesto corporal del intérprete. Recuerdo especialmente la obra Sombras con texto de José Asunción Silva y música del mismo Laureano Quant. En su faceta de compositor, Quant supo intensificar las ideas del poeta y, en su faceta de intérprete, asumió la obra con un dramatismo casi teatral, audaz y descriptivo. El papel del piano fue destacable a lo largo del concierto resaltando los matices cuando hacía falta, a veces más allá de su rol de acompañante. En este sentido destacó la melodía de la canción Let Us Garlands Bring de Gerald Finzi por su lirismo y delicadeza, y la canción O Mistress Mine del mismo autor, más ligera y divertida, en un registro muy distinto a otras obras del recital.
El trabajo de preparación fue, sin duda, ‘duro y difícil’ según lo expresado por el intérprete. La voz humana es un instrumento sensible y difícil de dominar. En la primera parte del concierto fue perceptible que las notas del registro medio faltaban de cuerpo quizá por falta de calentamiento, quizá una debilidad técnica. Esto no fue impedimento para lograr un resultado musical convincente lleno de matices que logró mantener al público cautivo de principio a fin. Para despedir su recital y luego de unos merecidos aplausos, Quant interpretó, en un registro muy distinto al resto del concierto, el aria Come, Master de la ópera The Rake’s Progress de Igor Stravinsky, acogida con entusiasmo por el público. Buen trabajo.
Programa
F. SCHUBERT: Fahrt zum Hades, D.526; Litanei auf das Fest Aller Seelen, D.343; Der Doppelgänger, de la colección Schwanengesang, D.957. F. SANTOLIQUIDO: I canti della sera. M. RAVEL: Don Quichotte à Dulcinée. L. QUANT: Sombras. R. VAUGHAN WILLIAMS: The Vagabond, del ciclo Songs of Travel, IRV77; Silent Noon, del ciclo The House of Life, IRV 25. G. FINZI: Let us Garlands Bring, Op. 18.