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Los mediadores culturales de La paz se toma la palabra constituyen esa red de líderes comunitarios quienes, apoyados en las distintas herramientas del proyecto, contribuyen al fortalecimiento de culturas de paz en sus distintos territorios. En esta oportunidad, queremos presentar a Marjorie Ramos, mediadora cultural que trabaja con integrantes de las fuerzas militares en la ciudad de Cartagena. Si bien su vinculación a este proyecto ha sido reciente, ya es mucho lo que Marjorie declara haber aprendido y, también, es mucho lo que podemos aprender de ella. 



Marjorie es una hija de Colombia. Nacida en Fusagasugá, ha recorrido el país desde muy pequeña debido a los múltiples traslados de su padre, quien perteneció a las fuerzas militares. Haber vivido en diferentes puntos de la geografía nacional permitió que, a muy corta edad, Marjorie despertara una sensibilidad frente a la realidad social del país, sus dolores y problemáticas. Esta sensibilidad le ganó a su talento para las matemáticas, por lo que decidió estudiar Psicología en la Universidad Javeriana, en Bogotá, y hacer sus prácticas en Altos de Cazucá, territorio en el que se concentran y entretejen múltiples complejidades asociadas a la pobreza, la violencia y el conflicto armado. Luego de varias experiencias en Colombia y EEUU, decidió vincularse a las fuerzas armadas donde conoció a su esposo y padre de sus dos hijos de actualmente 5 y 3 años. Luego de 11 años de servicio, y para sorpresa de sus familiares y amigos, decidió desvincularse de la Armada para asumir con mayor compromiso su labor como mamá, con todos los retos y aprendizajes que trae consigo, mientras cursa una maestría virtual en Psicología y realiza actividades como mediadora. 

Marjorie y La Paz se toma la palabra

En la institución militar se acostumbra que el o la cónyuge de un oficial de alto rango se involucre en proyectos sociales:

“Mi idea de lo social se acerca más a la noción de qué hay que hacer en lugar de crear o vincularme a fundaciones, pero sabía que necesitaba algún tipo de respaldo institucional para entrar a las comunidades, fue así como conocí a la sede cultural del Banco de la República de Cartagena, a Vicky -Victoria Tinoco- y al proyecto de la Paz”.

Este proyecto le permite hacer un engranaje con su profesión y trabajar aspectos como mindfulness, manejo de ansiedad y salud mental, desde una perspectiva de paz interior. Actualmente, los participantes que asisten a sus actividades son muchachos que están prestando el servicio militar: “Ellos necesitan mucha contención y consuelo en esta etapa de sus vidas porque la mayoría está allí por obligación o por falta de opciones más que por una vocación”. También participan en sus ejercicios varios militares que se encuentran privados de la libertad en el centro de reclusión militar naval ubicado en el batallón: “Al director de ese centro le ha llamado la atención el cambio de actitud de los muchachos, quienes asisten constantes todos los miércoles a las actividades”, cuenta Marjorie. 

La Paz se toma la palabra es muy importante para ella por varias razones: “lo primero es el respaldo institucional que tiene el proyecto y que yo buscaba para hacer mi ejercicio social de manera más directa con las personas. Lo segundo es el trabajo de construcción interior que La paz se toma la palabra invita a los mediadores para luego exteriorizarlo, porque si tengo actitudes violentas en mi interior, cómo puedo hablarle al otro de paz. Lo tercero es que aquí puedo aterrizar lo científico a lo cotidiano, y bajar los conceptos asociados a la paz a ideas más vivenciales. Las herramientas permiten crear la excusa para llegar a la gente y proponer la conversación de la paz. Y lo cuarto es el sentido de comunidad, porque si bien es cierto que en algunos casos puedo estar sola siempre está el grupo de mediadores que me respalda y me hace sentir parte de una red social real de personas reales. Ha sido una experiencia de mucho aprendizaje”. 

Las herramientas que la acompañan 

Marjorie asegura nunca haber trabajado con libros de cuento anteriormente, no obstante, ha identificado que este recurso permite que los participantes exterioricen muchas cosas sin necesidad de hacer intervención de orden clínico o psicológico: “Usé la maleta viajera todos los miércoles por tres meses y los muchachos sacaban sus libros y los devolvían como una especie de biblioteca ambulante. Ellos leían y luego discutíamos acerca de las lecturas, es muy sanador el ejercicio”. 



Frente al Otro también la ha utilizado con un aliado de la institución militar para trabajar en puestos de comando donde la relación con el compañero soldado es netamente visual y no puede haber contacto de ningún otro tipo. “Esta falta de interacción hace que haya compañeros de la institución que, aun cuando comparten prácticamente sus vidas, no tengan un conocimiento el uno del otro y sean ajenos entre sí, entonces de allí puede surgir agresión y violencia. El tema de la paz y la no violencia de esta herramienta de Frente al Otro permite reconocer a la persona que tienes ante tus ojos”. 

La paz: entre la guerra que fue y la sospecha de lo que será

La experiencia de Marjorie como psicóloga, militar retirada y mediadora cultural hace que su percepción acerca de la paz sea compleja y contemple varias perspectivas. Actualmente, ella encuentra en la paz un ideal a perseguir todos los días, un cambio de actitud y mentalidad frente a la historia de este país que nos conduzca a establecer relaciones de solidaridad, empatía y sanación: 

“Como psicóloga, cuando trabajaba culturas de paz, entendía la paz como el ejercicio de la no violencia, entonces nos basábamos en Gandhi, en la madre Teresa de Calcuta, en Nelson Mandela, en Martin Luther King y otros referentes. Cuando entré a las fuerzas militares, la paz se tornó en algo hasta cierto punto ajeno, tu propio criterio se diluye ante el deber de cumplir órdenes, además el entrenamiento que se recibe está enfocado en la guerra, es decir, en la obtención de la paz por vía del orden que en muchos casos implica violencia. Recuerdo que, cuando era niña, durante sus entrenamientos los soldados solían cantar un coro que decía: ‘sube, sube guerrillero; que en la cima yo te espero; con granadas y mortero…’ y eso me golpeaba mucho”.



Para Marjorie, hoy la paz significa reivindicar esos daños morales y psicológicos ocasionados, no solo por los militares sino también por los medios de comunicación y otros agentes, con el afán de ganar la guerra. “Cuando salíamos de viaje teníamos que inventarnos una historia nueva en la que mi papá, por ejemplo, era comerciante y no militar, y estudiábamos en tal o cual colegio y no en el que estudiábamos... Todo el imaginario de la paz se ha construido desde la violencia, entonces quienes trabajamos en iniciativas como La paz se toma la palabra y otras instancias, debemos evitar olvidar y que la gente olvide qué ha estado pasando en nuestro país y hagamos el ejercicio diario de limpiar los hechos violentos que viven y persisten en una persona o en una comunidad”.