Isabel Zuleta es ambientalista popular y feminista comunitaria, y vocera del Movimiento Ríos Vivos. El movimiento está compuesto por gentes trashumantes y muy diversas, cuya vida discurre alrededor del río Cauca, entre las zonas de Ituango, Caucasia y Sabana Larga.
Zuleta nos propone una conversación sobre la importancia de los procesos comunitarios en defensa de los ríos en Colombia y nos contará su experiencia en el cuidado, la protección y la defensa del agua con diversas comunidades.
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Sobre su vida dice:
“Nací en Ituango. Soy desplazada por el conflicto, por los paramilitares que, cuando yo tenía catorce años, asesinaron a mis compañeritos del colegio y nos obligaron luego a salir del pueblo. Estudié Sociología en la Universidad de Antioquia y desde la universidad vengo estudiando las circunstancias del conflicto armado en nuestro territorio. De ahí pasé al río y a trabajar en la tensión empresarial que hay con el río Cauca. Pronto entré a juntar gente en esa defensa y luego pude conocer los ríos de Colombia y otras comunidades que también quieren defender sus ríos”.
Sobre los orígenes de su movimiento:
“Yo hacía parte de una asociación de mujeres víctimas de Ituango y veníamos haciendo un trabajo más bien introspectivo y colectivo para mirar qué nos había pasado. Nos reuníamos a charlar y a llorar, a hacer una sanación interna. Ahí conocí muchas mujeres que buscaban a sus hijos desaparecidos o que estaban afectadas por otras situaciones muy duras en el territorio. Así entré a redes de grupos de mujeres de otros lugares y, hacia 2007, llegué a Ituango a programar foros. Asistieron campesinos, barqueros y pescadores, seres del bosque y del cañón profundo, esa gente que casi no se veía. A mí eso me impresionó y me fui a vivir allá y a entender esas vidas y esos mundos. Así, en 2008 conformamos el movimiento”.
Sobre el objetivo del movimiento:
“Allá en el río Cauca me encontré con lo estructural del territorio y con la realidad concreta de lo que la gente siente frente a Hidroituango. La gente percibe la amenaza de que los van a sacar del territorio y la resistencia a eso formó el movimiento. Yo me siento conectada a eso porque también yo fui sacada de mi territorio. Somos un movimiento contra la violencia ambiental, que no está desvinculada de la violencia del conflicto armado. Empezamos a crecer y conectarnos con otras plataformas de Derechos Humanos y en ese intercambio tuvimos que definir nuestra esencia. Decidimos que somos ambientalistas populares”.
Sobre los procesos comunitarios alrededor del río:
“Lo comunitario en nosotros se ha definido por lo que no somos: no somos una ONG, no somos academia, no somos Estado, no somos institucionalidad: somos la comunidad viva y la cotidianidad expresada en su interior. Eso nos da un acceso genuino a los problemas y un derecho a participar y decidir sobre nuestra vida, sobre el río, sobre el futuro de su entorno. Eso es lo que nos hace ambientalistas populares: el hecho de que queremos soluciones, pero desde nuestras lógicas”.
Sobre la interlocución con otros actores y sectores:
“La estrategia de EPM fue que Ríos Vivos no existiera. El anterior gerente le dijo en noviembre a una periodista que no reconocía a Ríos Vivos como actor. ¡Pero es muy difícil no hacerlo! Para entender eso, hay que conocer, por ejemplo, a un pescador. Un pescador es radical con el pescado, pero a su pescado se lo mataron y con eso afectaron su identidad cultural. ¿Cómo no quieren que sea un radical? Nosotros hemos sido escuchados fuera del país, somos conocidos en Colombia y nos hemos ganado premios de liderazgo. Nosotros no queremos estar en resistencia toda la vida. No es nuestro anhelo porque en el fondo queremos que se resuelvan los problemas. Pero las cosas siguen siendo muy difíciles porque todavía no le dan lugar a nuestra palabra, no somos escuchados”.
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