Esta actividad fue realizada por el Centro Cultural del Banco de la República en la ciudad de Girardot.
Aunque muchas mujeres de buena familia prestaron sus servicios a la tropa”, escribe Evelyn Cherpak, “mientras mantenían su residencia en las áreas urbanas, otras dejaron su casa y su hogar para seguir a los soldados durante las campañas. Estas, llamadas juanas, cholas o seguidoras de campamento, eran generalmente mujeres del pueblo, de clase media y mestizas, quienes como esposas, amantes, amigas y compañeras de los soldados rasos, sufrían sus triunfos y sus amarguras”[1]. Una de estas últimas humanas versiones de la valentía fue Simona Amaya, quien decidió disfrazarse de hombre para ser aceptada sin dificultades en las huestes de Bolívar.