Actividad realizada por el Centro Cultural del Banco de la República de Cúcuta

 El lejano oriente neogranadino, elementos estables del nomadismo fronterizo Guayana, siglos XVI al XVIII

Jorge Luis Borges dijo alguna vez que todo rico fue primero un “nuevo rico”. Lo mismo pasa con los territorios que hoy reconocemos integrados a estructuras mayores: todos fueron, alguna vez, espacios limítrofes. ¿Qué hace que una frontera deje de serlo? El historiador Pierre Chaunu especuló a mediados del siglo XX que el sostenimiento de larga duración de cierta densidad poblacional sobre un espacio era un factor esencial para conformar una territorialidad integrada. ¿Son las fronteras aquellos lugares donde la relación entre la densidad poblacional y su tiempo de permanencia se interrumpe o es insuficiente? ¿Cómo pensar en esta idea provocadora los territorios donde circulan, con su adueñamiento espacial, poblaciones nómadas? Entre 1532 y 1777 la antigua provincia española de Guayana (que hoy hace parte de Colombia, Venezuela, Surinam, la República Cooperativa de Guyana y la Guyana francesa) fue una de las piezas del distrito de gobierno de Santafé de Bogotá. Frontera perenne del Reino y del Virreinato y salida al Atlántico de la ciudad, esta “provincia fantasma”, como la llamó alguno de sus estudiosos, es un caso interesante para observar cómo el nomadismo poblacional (que relativiza la relación entre densidad poblacional y posesión territorial) forjó, tanto un duradero territorio fronterizo, como estructuras muy perdurables, que se pueden observar, por ejemplo, en las rutas de movilidad y comercio. Charlaremos sobre este caso para abrir nuevas preguntas sobre la noción de frontera y los elementos duraderos que porta, como bisagras, y que la conectan con otros territorios.

Imagen principal Media
el lejano oriente