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La historia de la actividad cultural del Banco de la República comenzó poco después de su creación, en 1923, con la organización de una pequeña biblioteca con documentos y libros dispuestos para la investigación sobre estudios económicos. Desde ese entonces se configuró la premisa de incentivar el rescate, la preservación, el análisis, el estudio y la difusión del patrimonio cultural de Colombia. Por esto en el transcurso del siglo XX sus espacios culturales empezaron a resguardar acervos de documentos, libros, obras de arte y piezas precolombinas, filatélicas y de numismática. Paulatinamente las colecciones fueron abiertas al público en espacios emblemáticos para el país, como el Museo del Oro (1939), la Biblioteca Luis Ángel Arango (1958), el Museo Casa de la Moneda (1996), el Museo Botero (2000) y el Museo de Arte Miguel Urrutia – MAMU (2004), además de las sedes de la red cultural que extiende el Banco de la República en 28 ciudades del país.

Su primera colección fue el Diario Oficial y una serie de libros sobre asuntos económicos, memorias de hacienda y publicaciones legales de la Junta de Conversión, entidad que hasta comienzos de la década de 1920 tuvo a su cargo el reemplazo del papel moneda por billetes con respaldo en oro. Durante toda la década, estos documentos fueron puestos a disposición de los funcionarios del emisor y de estudiantes en una pequeña biblioteca ubicada en el edificio “Pedro A. López”, sede del Banco en ese entonces. Desde 1932, luego del nombramiento de su primera bibliotecaria, la colección fue creciendo hasta alcanzar 10.000 volúmenes, en su mayoría relacionados con actividad bancaria, legislación nacional y extranjera, economía política, hacienda pública y negocios provenientes de bibliotecas privadas o compradas por el Banco a intelectuales, políticos y funcionarios públicos del país.

El proceso de crecimiento de la colección bibliográfica desembocaría, durante la década de 1950, en la gestión realizada por Luis Ángel Arango —por ese entonces gerente general del Banco— quien encargó la construcción de un edificio para albergar una biblioteca que prestara servicios a toda la ciudad. El 20 de febrero de 1958 se inauguró entonces la Biblioteca Luis Ángel Arango, con espacios destinados a la lectura, la exposición de obras de arte y una sala de audiciones musicales.

Entre las décadas de 1960 y 1990 la infraestructura de la Biblioteca se amplió, lo que permitió el desarrollo de sus colecciones, la consolidación de la estable programación de la Sala de Conciertos y la creación de una Hemeroteca y una Mapoteca. Además, se comenzó a implementar una política de descentralización mediante acciones como la apertura de las primeras bibliotecas públicas de la Red de Bibliotecas en las siguientes ciudades del país: Manizales (1981), Cartagena (1981), Girardot (1981), Riohacha (1981), Pasto (1981), Pereira (1983), Tunja (1983), Ipiales (1984), Ibagué (1984), Armenia (1986), Leticia (1986) y Quibdó (1987).

Desde entonces, y hasta la actualidad, esta Red de Bibliotecas se ha convertido en un referente a nivel mundial de trabajo cultural descentralizado con un desarrollo técnico y cualificado de colecciones, investigaciones y exposiciones; una programación continuada y de calidad, y una amplia gama de servicios abierta para todo tipo de público. Además de contar con biblioteca en 21 ciudades del país, a la Red de Bibliotecas se suman 5 centros de documentación regional y 3 de servicios de información virtual en igual cantidad de ciudades, más la Casa Gómez Campuzano, sede norte de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. El ingreso a estos espacios es gratuito así como el acceso a la gran mayoría de sus servicios.

Por otro lado, el interés oficial por proteger y adquirir piezas precolombinas —entendidas como elementos emblemáticos del patrimonio nacional— llevó, durante la década de 1930, al Ministerio de Educación a encargarle al Emisor la compra, para su conservación, de objetos de oro o plata, de fabricación indígena. En consecuencia, el 22 de diciembre de 1939 el Banco de la República dio inicio a la colección del Museo del Oro con la compra del poporo Quimbaya, a la que durante la década de 1940 se fueron sumando otras piezas precolombinas. Esto fue fruto de la implementación de una política de compra de colecciones privadas con la que el Banco buscó, además, impedir la salida del país de este tipo de objetos arqueológicos en manos de coleccionistas particulares.

Entre 1944 y 1959, la colección del Museo sólo podía ser visitada por dignatarios extranjeros, misiones diplomáticas e invitados especiales. En 1959 se inauguró una nueva sede del Museo en el sótano del actual edificio del Banco de la República en Bogotá, abierta al público en general, y en donde se dispuso la ya por entonces mayor colección de orfebrería prehispánica del mundo.

En los años siguientes, el auge de las investigaciones etnológicas y antropológicas en el país evidenció fuertemente la necesidad de integrar las actividades del museo más estrechamente con la vida cultural del país. Por esto, durante la década de 1960 se gestionó la construcción de su actual sede, que fue inaugurada en 1968, diseñada como un espacio con áreas de exhibición que cumplían simultáneamente funciones didácticas y de contemplación estética. En sus casi 80 años de existencia el Museo del Oro ha fortalecido la valoración que tienen los colombianos sobre el patrimonio arqueológico y antropológico del país a través de la gestión de colecciones en seis museos regionales —además de su sede en Bogotá— y ha visibilizado la riqueza de este patrimonio frente a visitantes de todo el mundo.

Paralelamente, el Banco de la República también ha desarrollado colecciones de arte y numismática, resguardadas y exhibidas en el Museo Casa de Moneda, el Museo Botero y el Museo de Arte Miguel Urrutia – MAMU. Entre las décadas de 1950 y 1980 fueron abiertos espacios de exposición como el Museo de Arte Religioso (1979) —dentro de las instalaciones de la Biblioteca— y la Casa de Exposiciones (1996) —que tenía lugar en la actual sede del Museo Botero—. Después de diferentes procesos de reestructuración, las colecciones de estos espacios pasaron a formar parte de los acervos preservados en los museos ya mencionados. En lo concerniente a las colecciones de arte, numismática y filatelia, la actividad cultural también se ha estructurado a partir de la descentralización en las 29 sedes del Banco en el país, por lo que se han desarrollado programas de incentivo a la producción artística regional y emergente, como Imagen Regional y Nuevos Nombres, y colecciones vocacionales que responden a la historia y los contextos de producción cultural de cada uno de los Centros Culturales del Banco.

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Foto histórica de la Biblioteca Luis Ángel Arango