En los años setenta, con el apoyo financiero del Banco de la República y Proexpo, en Cartagena se llevaron a cabo algunas obras que ayudaron a modernizar la infraestructura turística y cultural de la ciudad. Fue así como se concibió la idea de construir edificios como el Centro de Convenciones y financiar otros, como la Casa de Huéspedes Ilustres, el Museo del Oro, el Jardín Botánico Guillermo Piñeres, la restauración del Teatro Heredia y la Biblioteca Bartolomé Calvo; esta última surgió como una iniciativa del gobernador Haroldo Calvo Núñez.
En 1979 existía ya un interés del Banco de la República por asumir la antigua Biblioteca Departamental, para lo cual a partir de 1980 el Emisor la tomó en comodato por 50 años. La Biblioteca ocupa desde entonces el antiguo edificio del Banco de Bolívar, construido en 1907 por el arquitecto alemán Nicolás Samer; la nueva biblioteca se inauguró el 30 de octubre de 1981.
En diálogo con las políticas de descentralización del Museo del Oro, durante los años 80 se creó el Museo del Oro Zenú, una iniciativa apoyada por Rafael Gama Quijano, gerente general del Banco de la República. En 1980 el Banco presentó el proyecto de su nuevo edificio en Cartagena, y la remodelación del existente, pues aunque los orígenes de la construcción de la casa se remontan a los siglos XVII y XVIII se han hecho reformas en los últimos treinta años. El Museo fue inaugurado el 27 de marzo de 1982, con una muestra de 1.700 piezas de diferentes culturas precolombinas del país.
Desde finales del siglo XX, y hasta hoy en día, el Banco ha apoyado eventos internacionales de gran reconocimiento nacional e internacional como el Hay Festival, el Festival Internacional de Música y el Festival Internacional de Cine de Cartagena; asimismo, ha desarrollado una intensa actividad en los barrios de la ciudad a través de talleres, y ha realizado eventos de gran importancia como los simposios sobre la historia de Cartagena con la participación de especialistas nacionales y extranjeros, conciertos internacionales con músicos ampliamente reconocidos, seminarios de antropología y arqueología en el Museo del Oro, entre muchas otras actividades.
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Breve historia del edificio del Banco de la República en Cartagena
Entre noviembre de 1923 y diciembre de 1929, las oficinas del Banco de la República en Cartagena funcionaron en dos locales arrendados: el primero estaba ubicado en la calle Estanco del Tabaco con calle de la Estrella, y el segundo en la calle Santos de Piedra (calle Ribón), frente a la Catedral de la ciudad. Los primeros agentes del Banco de la República en Cartagena fueron Enrique J. Arrázola, Fulgencio Lequerica Vélez y Domingo de la Espriella, y como suplente del primero se designó a Carlos C. Calvo.
En 1927 se iniciaron las gestiones para comprar algunas casas en la esquina del Portal de los Escribanos con calle de Landrinal, frente al parque de Bolívar, escogida para construir el edificio del Banco de la República de Cartagena. En efecto, durante ese año el Banco adquirió tres lotes en el sector, lo que le permitiría hacer un edificio elegante, cómodo y bien distribuido. En septiembre de 1927 fue contratado el arquitecto belga Joseph Martens para hacer el levantamiento de los planos y construcción del edificio del Banco en Cartagena y en enero de 1928 se hizo cargo de la obra. Martens, uno de los más destacados personajes de la arquitectura republicana en Colombia, con obras tan sobresalientes como el Palacio Nacional de Cali, las estaciones de ferrocarril de Chiquinquirá, Zipaquirá y Palmira, también construyó los edificios del Banco de la República en Cartagena, Manizales y Bucaramanga, entre otros.
Por recomendación de Martens, la ornamentación de la parte externa del edificio se encargó al arquitecto italiano Severino Leone. Este arquitecto y escultor era bien conocido entre sus colegas de Cartagena desde principios del siglo XX, pues en 1908 había introducido en la ciudad nuevas técnicas en la construcción, como los moldes en cemento con refuerzo metálico (el calado). Con este sistema se logró un avance significativo en los prefabricados como balaustres, capiteles, columnas y cornisas a bajo costo. Ante la escasez de productos nacionales, para la construcción del edificio fue necesario importar prácticamente todos los materiales necesarios: de Bélgica, por ejemplo, procedía la estructura de acero del edificio y las puertas y ventanas de hierro del primer piso; de Estados Unidos se importaron el ascensor, la caja fuerte, las puertas de las bóvedas, las rejillas de bronce, así como las ventanillas y rejas de hierro para la sección de caja; de Italia se trajo el mármol; de Holanda, el cemento gris; de Francia, el cemento blanco, y de Inglaterra, el reloj de control. Cartagena suministró las baldosas y la carpintería en madera de cedro rojo del Sinú.
La construcción se concluyó prácticamente en diciembre de 1929 y el Banco de la República trasladó sus oficinas en enero de 1930 a este edificio, el más antiguo que tiene en funcionamiento el Emisor en todo el país, ya que las otras edificaciones, construidas o adquiridas entre 1923 y 1930 en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla o Manizales, fueron vendidas en años posteriores.
Martens diseñó y construyó un edificio de estilo republicano de tres pisos, con una altura máxima de 15,6 metros y 28 oficinas. En el primer piso se diseñó un amplio vestíbulo de atención al público, con pisos y mesones en mármol de Carrara, y una escalera en el mismo material. En el frente del edificio, sobre el Portal de los Escribanos, el arquitecto diseñó siete arcos de medio punto, así como tres puertas y tres ventanas de hierro; por la calle de Landrinal, una puerta y ocho ventanas en el mismo material.
La fachada del edificio se compone de arcadas, columnas acanaladas, capiteles, puertas y ventanas de hierro en el primer piso, ventanas de madera en los otros dos pisos, y una cornisa. Las cuatro puertas y once ventanas de hierro instaladas en el primer piso fueron importadas de Bélgica. El inmueble cuenta además con dos patios interiores en el segundo piso, que le dan mayor armonía, ventilación y luminosidad. Los amplios corredores y oficinas del segundo y tercer piso fueron diseñados en torno a estos dos patios centrales, adornados con columnas y balaustradas, estas últimas prefabricadas en cemento, al igual que toda la ornamentación del edificio.
Medio siglo después de construido, entre 1984 y 1988, al edificio se le hizo una intervención completa, con la finalidad de adecuar los tres pisos para oficinas del Banco Emisor y sus funciones complementarias. Luego, entre 1997 y 2001 se adelantó una segunda intervención integral, de ampliación y restauración del edificio, que logró recuperar aspectos originales del inmueble como el vestíbulo de atención al público, las ventanillas en bronce, las escaleras en mármol y las baldosas decoradas, entre otros aspectos. El edificio restaurado y ampliado se re-inauguró el 27 de junio de 2001, con la presencia del gerente ejecutivo Gerardo Hernández, el subgerente administrativo Néstor Plazas, el gerente de la sucursal Adolfo Meisel, así como funcionarios de la sucursal Cartagena e invitados especiales.
El Banco de la República lleva funcionando en el edificio de Cartagena más de siete décadas ininterrumpidamente. Si a estas razones históricas le añadimos las de tipo arquitectónico, se puede afirmar que el edificio del Emisor en Cartagena se ha convertido en pieza armoniosa del paisaje urbano del sector amurallado de la ciudad, así como parte de la memoria colectiva de los cartageneros.