Fernando Botero

Un pueblo

Un pueblo

Fernando Botero, 1998

Óleo sobre tela

188 x 119 cm

Colección de Arte del Banco de la República

 

Fernando Botero nació en Medellín, Colombia en 1932 y desde muy joven manifestó su interés en la pintura y el volumen. Tras una breve estadía en Tolú, en el caribe colombiano, en 1952 emprendió sus viajes por España, Italia, Francia y luego México, en busca de formación que le permitiera consolidar su estilo. Sus influencias, tan variadas como el arte mismo, abarcan desde el Renacimiento y su etapa del quattrocento marcado por pintores como Piero della Francesca, hasta la pintura mexicana, en especial la obra de Rufino Tamayo.

Al comienzo de su carrera, su obra tuvo características mucho más expresivas y menos figurativas que lo que conocemos ahora, y hacia finales de la década de los setenta empezó a consolidar el estilo que conocemos actualmente como el “boterismo”, su propia forma de expresión  en torno valor plástico del tratamiento del volumen, que lo convierte en uno de los artistas más reconocidos y prolíficos de Colombia. En su obra aborda la cotidianidad, la crítica social, la historia del arte y la religiosidad, por medio de recursos como la ironía, el humor y la sátira.

En este caso, el pueblo retratado en esta pintura es un lugar que puede o no existir en el mapa, pero que definitivamente existe en la memoria visual de los colombianos; los tejados cafés, los muros blancos y el piso empedrado son una herencia colonial y constituyen el estilo de muchas poblaciones del país. La vista de las montañas al fondo, las torres de la iglesia que sobresalen, la calle principal desierta y las chimeneas de las que sale humo que dan cuenta de presencias que intuimos pero no podemos corroborar, son algunos de los posibles evocaciones que nos transportan a esa imagen de nuestro lugar en el mundo.

Este pueblo es también la referencia de un lugar que muchos han dejado atrás y se ha detenido en el tiempo y en el recuerdo.

 

Paul Cézanne

Botella, garrafa, jarro y limones

Botella, garrafa, jarro y limones 1902 - 1906 Acuarela sobre papel. 44,5 x 60 cm Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Botella, garrafa, jarro y limones

1902 - 1906

Acuarela sobre papel

44,5 x 60 cm

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

 

El bodegón y el paisaje, fueron los dos grandes temas que sirvieron de “motivo” esencial a Paul Cézanne, para configurar su universo pictórico. Para Cézanne, la pintura no representa la naturaleza o los objetos, sino que en sí mismos el color y la forma, son unidades nuevas, inseparables. De allí que entendiera el cuadro como una superficie autónoma, con unas reglas propias, en la que él rompe con la idea de profundidad heredada desde el renacimiento, y busca la comprensión del motivo a partir de la geometría. Esos elementos se encuentran presentes en la obra Botella, garrafa, jarro y limones, construidos a partir de la geometría, y conectados a través de la forma y el color.

La obra corresponde a la etapa final del artista, cuando Cézanne regresa a su pueblo de origen, Aix-en-Provence, al sur de Francia, después de haber pasado la mayor parte de su vida entre París y otras poblaciones del sur. En esta obra observamos, como en muchos otros de sus bodegones, objetos que hacen parte de su hogar, son sus utensilios domésticos, y entre ellos destaca la jarra de cerámica con decoraciones florales, seguramente elaborada en alguna de las fábricas de la región. Los demás elementos son también de uso diario, una bandeja sobre la que además se ubica una garrafa, unos limones y tal vez un pedazo de pan. Más atrás percibimos la transparencia de una botella, todo dispuesto sobre un mantel del que alcanzamos a distinguir la cuadrícula. La obra se cierra con una división espacial estructurada en franjas horizontales que leemos como la pared de atrás.

Llama la atención el uso de la acuarela para esta obra que evoca la transparencia del cristal de la garrafa y la botella, y la contrasta con la opacidad de la jarra, efecto que consigue dejando el papel sin pintar, lo que también ocurre con otras superficies de la obra, en un sutil juego de transparencias que nos permite ver la estructura geométrica propia de la composición. 

 

Las obras juntas

¿Qué te hace sentir en casa? Estas imágenes son una invitación a evocar todas aquellas imágenes o recuerdos que nos transportan a esa sensación de seguridad que nos brinda lo conocido, nuestro hogar. En su caso, Botero nos transporta a ese pueblo típico, pequeño, que tal vez solo nuestra imaginación o nuestro recuerdo, podría volver a llenarlo de personas compartiendo y disfrutando de esos espacios. 

Con su bodegón, Cézanne nos coloca en el interior de alguna de estas casas y nos transporta con las sensaciones de los objetos más locales y cotidianos, con los colores y las atmósferas más entrañables que podamos conservar. Seguramente estamos en la cocina, y de allí podemos recuperar, además de las sensaciones que el pintor nos ha querido transmitir, todas aquellas relacionadas con los olores y sabores de nuestra casa, y las sensaciones de aquellos con quienes compartimos aquellas comidas. Nuevamente, solo nuestra evocación podría hacer aparecer los personajes ausentes aún en la escena. ¿Nos compartes tu relato?

Imagen principal Media
A partir de la selección de obras que hacen parte de la Colección de Arte del Banco de la República.