Esta no es una novia feliz...

En los años setenta, cuando los periódicos dedicaban páginas enteras a las bodas y a eventos sociales, Clemencia Lucena encontró un archivo perfecto para desmontar los imaginarios privilegiados de la feminidad.

“Preclara dama, altísima cifra de rancio abolengo y vasta cul” es una de las tantas obras que parte de esos retratos publicados en las secciones sociales: imágenes que la artista copiaba, ampliaba y recortaba para despojarlas de su contexto celebratorio y dejar al descubierto la artificiosidad del gesto, la pose y/o la “distinción”.

Ofrendas que aseguraban el equilibrio del mundo

⛰️ Una cueva en lo alto del cerro La Campana, en Pasca, Cundinamarca, guardó esta vasija durante siglos...

Allí, en un paisaje donde el páramo desciende y las nubes rozan la tierra, sacerdotes muiscas hicieron ofrendas para asegurar el equilibrio del mundo: figuras de oro, cerámicas y huesos de animal.

👉🏼 Este ofrendatario en cerámica es inusual por su forma. Representa a un hombre sentado, en actitud de reflexión. Sin embargo, sus rasgos no son comunes en la alfarería muisca y recuerdan cerámicas de los guayupes de los Llanos Orientales.

¿Cansado? No eres el único...

En #diciembre el año pesa, los días se acortan y la vida va más rápido de lo que quisiéramos.

❤️‍🩹 Por eso, esta vez dejamos que la literatura sea un respiro con frases de siete obras de escritoras y escritores colombianos que se sienten como consejos suaves, de esos que te abren un huequito de luz cuando el cansancio aprieta.

Porque a veces cuando nada más funciona, un libro, una línea o una historia saben cómo sostenernos.