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Una noche de música contemporánea

Enviado por HelenaAngel el Mié, 05/16/2018 - 17:58
Fecha de la noticia: 
Miércoles, Mayo 16, 2018 - 17:45
Concierto de Aguilar y Marín realizado el jueves 10 de mayo de 2018 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

El pasado jueves 10 de mayo los guitarristas Juan Sebastián Aguilar y Mateo Marín ofrecieron un recital en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango ante un auditorio semivacío. Tratándose de un repertorio que consistía en su totalidad de música contemporánea experimental (interpretada en dos guitarras eléctricas, nada menos), la poca presencia de público no solo fue lógica sino inevitable.

A decir verdad, la música presentada por el dúo de guitarristas no me gustó en lo absoluto, afirmación que antes de ser tomada como una crítica objetiva debe tomarse como un simple gusto personal, pues todo crítico musical, por más objetivo e imparcial que quiera ser, carga consigo la subjetividad inherente a la naturaleza humana, subjetividad que por lo demás también caracteriza al arte, desde la corta tonada popular hasta la sinfonía de dos horas de duración.

Dicho lo anterior, es justo que ahora diga por qué la música de Aguilar y Marín me pareció aburrida en extremo, no obstante haber sido elaborada con cariño y mucho profesionalismo por parte de quienes son dos excelentes guitarristas. Por un lado, el atonalismo europeo como sistema de composición musical escrito tiene más de cien años, y ese siglo de historia lo ha convertido en un arte con resultados tan predecibles como los tiene la música tonal. Si esta naturaleza predecible, en la música tonal, se reduce a un balance entre la disonancia y la consonancia para crear un discurso sonoro que juegue con el principio de relajación-tensión-relajación, en la música atonal se ha reducido hoy a un juego sonoro de segundas menores, tritonos y todos los cromatismos habidos y por haber.

Esta última estética hace unos treinta años todavía sonaba sorprendente e impredecible, más aún para oídos colombianos. Hoy, sin embargo, suena como los últimos ecos de todo un siglo de arte experimental y conceptual que fracasó rotundamente en capturar la atención e imaginación de la humanidad entera, reduciéndose a ser el placer de una pequeña élite académica que se vanagloria de entender todos los conceptos teóricos que hay detrás de ella, lo cual los sitúa – por lo menos en su imaginación – en una especie de altar musical que los hace los poseedores de la verdad artística en el mundo.

Dicho lo anterior, vayamos a los hechos: el concierto de Aguilar y Marín estuvo conformado en su totalidad por ocho obras originales de los dos músicos, obras cuyo eje conductor fue el uso de técnicas aleatorias y extendidas. La aleatoriedad, ese concepto maravillosamente impredecible rescatado por nombres como Penderecki y Cage, fue convertido –paradójicamente– en un concepto predecible a través de varios minutos de cromatismos insistentes que sonaron tan monótonos como el dembow del reggaeton. Y si a esto le sumamos la apagada y prendida, también insistente, de los botones de switch que los músicos utilizaron como parte de su discurso estético, me sentí con toda honestidad frente a dos niños que acababan de descubrir dos guitarras eléctricas y que no podían dejar de jugar con ellas.

He ahí uno de los problemas fundamentales de mucha música académica experimental y, por qué no, del arte conceptual: en el papel y en la teoría, es hermosa y estimulante, pero en la práctica se reduce a manotazos fácilmente logrables por un niño curioso (todos lo son) o a la famosa Mierda del artista de Piero Manzoni. Porque si bien escuchar a un niño descubrir y jugar con un instrumento puede conmover a un padre, una hora después ese ruido –o debería llamarlo, ‘la aleatoriedad’– cansaría a cualquiera, por más que ese padre sea Karlheinz Stockhausen en sus años más perturbadores.

Así mismo, otro problema fundamental que observé en Aguilar y Marín fue su frialdad frente al público, defecto que va como pan y mantequilla junto a mucha música contemporánea. No importó que el público aplaudiera, pues los músicos nunca dieron una sola venia (y tuvieron más de ocho oportunidades para dar siquiera una). ¿Por qué esta actitud? ¿Acaso el público, por no conocer la teoría intrínseca de la música experimental, es inferior al artista? Dudo mucho que Aguilar y Marín piensen así, pero con su actitud escénica definitivamente le enviaron ese triste mensaje al generoso público que, como yo, fue a apoyarlos esa noche.

Solo me resta decir que hay un aspecto de sumo interés en todo concierto de música experimental, y ese aspecto es la reacción del público, cuyos rostros suelen variar entre la seriedad e inteligencia de quienes creen que entienden la teoría detrás del ruido, y entre la confusión, sorpresa o miedo que causa ver a artistas tan fascinados por la disonancia. Nunca pensé, por ejemplo, que vería a los dos brigadistas que se paran como estatuas del ESMAD a los dos extremos de la tarima de la Sala de Conciertos prestar seria atención a un concierto, pero Aguilar y Marín lo lograron. ¡Enhorabuena!

Programa

J. S. AGUILAR: Nube de papel; El monstruo bicéfalo; Estudio con crayolas; Tierra.

M. MARÍN: Seis piezas para dúo de guitarras y elogio del tomacorriente; Retrato de Isabel.

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Concierto de Aguilar y Marín realizado el jueves 10 de mayo de 2018 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
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Noticias de la Red cultural del Banco de la República

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