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Un encuentro entre dos mundos

Enviado por HelenaAngel el Mié, 08/01/2018 - 12:36
Fecha de la noticia: 
Miércoles, Agosto 1, 2018 - 11:45
Concierto de Ximena Pérez Mejía ofrecido en Bogotá el jueves 26 de julio de 2018 en la Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

En esta era de individualidades es extraño encontrar diálogos prolongados y profundos, paridad en la comunicación y mesura en las intervenciones. Toda interacción humana se enfrenta a esto y la música, ese lenguaje común, no se queda por fuera. Por eso, cuando escuchamos buena música de cámara hay que reconocer que hemos presenciado un momento invaluable: aquel en el que el ego se ausenta para darle un lugar al otro, asumirlo como igual y complementarlo. Es entonces cuando entendemos que la música, al igual que los objetivos más nobles, no es posible de alcanzar sin la existencia y complicidad de otros.

De lo anterior fui testigo durante el recital de Ximena Pérez, Diego Claros y Cristian Guataquira el pasado jueves 26 de julio en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Allí, la música salió victoriosa, pues los tres intérpretes, más allá de exponer su técnica y virtuosismo individual, lograron ser mediadores de una meta más grande.

El programa de mano prometía una variedad de sonoridades y estilos, así como una muestra de ese ir y venir entre la música popular y la tradición europea. De esta manera, en un orden casi estrictamente cronológico, el recital nos permitió recorrer la historia del saxofón y evidenciar la maleabilidad de su sonido, una esencia casi camaleónica que se adapta a estilos musicales radicalmente distantes entre sí.

La Fantasía sobre un tema original para saxofón y piano del compositor francés Jules Demersseman y la Sonata Op. 19 para saxofón alto y piano de Paul Creston fueron la cuota del repertorio ‘clásico’. En estas dos primeras obras, el diálogo entre piano y saxofón fue un juego de intimidad y conciencia del otro. El sonido, a veces dulce y cálido, a veces robusto, se mezclaba con el piano logrando un balance justo. Las frases de uno se fundían en el otro, la claridad en los cambios de tempo y carácter de cada sección fue un resultado de la sintonía y el gran trabajo de ensamble. El segundo movimiento de la sonata demostró esa flexibilidad sonora del saxofón, pues se caracterizó por los cambios de color en el sonido. En ambas obras, los ataques y finales fueron limpios, el vibrato fue sobrio, y los matices, más que claros, fueron sorprendentes. La fantasía fue una muestra de virtuosismo compartida entre los dos instrumentos. El piano, propositivo y protagónico, marcó el carácter de cada variación. Es de resaltar la gran agilidad que exige la obra y la precisión rítmica que consiguieron los intérpretes, pues a pesar de la aceleración gradual del tempo, este fue exacto y medido.

El paso del repertorio académico al popular lo marcó una pieza fundamental en la historia de la música latinoamericana: Tango estudio No. 3 de Astor Piazzolla, original para flauta traversa. El piano, percusivo, marcó el carácter de la pieza. La nueva sonoridad del saxofón, más abierta, brillante y libre indicó el cambio de latitud. El rigor rítmico fue evidente y los acentos claros y marcados; sin embargo, faltó cierta libertad y juego de contrastes en la obra.

De Argentina pasamos a Cuba con la Sonata para saxofón soprano de Andrés Alén Rodríguez, una obra en la que confluyen la tradición académica europea, los aires populares de la isla y algunos elementos del jazz. El timbre del saxofón soprano fue igualmente homogéneo, robusto y limpio. El piano fue gran protagonista de esta obra, con frases activas y texturas complejas que el instrumento de viento enriqueció con su sonoridad. La interpretación de los dos músicos fue excelente y, de nuevo, en función de un equilibrio entre ambos instrumentos. Cuando la técnica es sólida y se comprende la estructura de la obra, lo demás pareciera funcionar por añadidura.

El clímax definitivo llegó con las dos obras colombianas que cerraron el programa. El Monólogo en tiempo de joropo de Carlos Gonzalo Guzmán, para saxofón alto solo, sorprendió por la exploración de recursos tímbricos y técnicos del instrumento enmarcados en una obra que evoca la cultura de los Llanos Orientales. Para empezar, el saxofón cantó con glissandos imitando la voz de las labores de vaquería. La actitud y disposición de la intérprete en el escenario, su musicalidad y entrega a la obra se transmitieron de forma efectiva al público. Las técnicas extendidas como el slap tongue y los microtonos terminaron de demostrar la solvencia técnica de la saxofonista y la gran versatilidad del instrumento. El pajarillo, un aire tradicionalmente ágil, veloz y virtuoso fue acompañado por el zapateo típico de la música llanera. Pérez se desenvolvió con libertad y logró una ejecución impecable y ensamblada.

Resuena un joropo, de Luis Eduardo Aguilar, cerró el recital y demostró el dominio del estilo popular por parte de los intérpretes. Ensamble, precisión, virtuosismo y alegría envolvieron la Sala. Dos lecciones claras: humildad y diálogo para la interpretación y excelencia en la ejecución.

Programa

P. CRESTON: Sonata, Op. 19 para saxofón alto y piano. J. DEMERSSEMAN: Fantasía sobre un tema original para saxofón y piano. C. G. GUZMÁN: Monólogo en tiempo de joropo. A. CLAVIJO: Nadie como tú. L. E. AGUILAR: Resuena un joropo. A. A. RODRÍGUEZ: Sonata para saxofón soprano. A. PIAZZOLLA: Tango estudio No. 3.

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Concierto de Ximena Pérez Mejía ofrecido en Bogotá el jueves 26 de julio de 2018 en la Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
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Noticias de la Red cultural del Banco de la República

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