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Jonathan Rosero: riesgos y libertades

Enviado por HelenaAngel el Mar, 05/21/2019 - 09:58
Fecha de la noticia: 
Martes, Mayo 21, 2019 - 09:45

Son pocas las veces que un solista –y más aún, un joven intérprete– se aventura a proponer un recital enmarcado en un único estilo o estética musical. La decisión tiene sus costos y beneficios. Por un lado, existe el riesgo de que el repertorio no logre una buena curva que sostenga la atención o genere sorpresa en el público. Por el otro, el carácter temático del programa tiene la ventaja de que el intérprete se puede desenvolver cómodamente en el estilo musical de su preferencia, que con toda seguridad es aquel en el que tiene mayor experticia y dominio, lo cual asegura el éxito de su ejecución. Ejemplo de esto fue el recital ofrecido por el saxofonista nariñense Jonathan Rosero el pasado jueves 9 de mayo en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

El programa, para saxofón solo, se enmarcó en la estética contemporánea de finales del siglo XX, cuya principal característica es la exploración tímbrica del instrumento a través de sus diferentes posibilidades y de las técnicas tradicionales y extendidas. Así, los cambios de registro extremos, el contraste súbito de dinámicas y tempo, el uso de multifónicos, slap tongue, microtonos o frullato fueron elementos comunes a cada una de las obras de este recital. Además, la mayor parte de las piezas escogidas concedía ciertas libertades interpretativas que iban desde el orden en el que se tocaba la pieza, hasta la elección de tempos, lo cual evocó cierto carácter improvisatorio.

Si bien cada obra tuvo sus particularidades específicas y la interpretación de Rosero fue realmente pulida, cuidadosa y ágil en todas ellas, la riqueza sonora y textural de cada pieza fue bastante similar entre una y otra, lo cual hizo que ciertos momentos del recital se tornaran un tanto planos y monótonos. A esto se suma el hecho de que no había variedad en el formato pues se trataba de un recital para el instrumento solo. Los cambios de timbre más contrastantes se lograron gracias a las técnicas extendidas y al cambio entre saxofón alto y soprano. En ese sentido, las obras Ku Ku de Barry Crockcroft y la Suite para saxofón solo de Herman Fernando Carvajal sobresalieron entre las demás por tener mayor movimiento rítmico y sonoro, por su carácter programático y alusivo, y por presentar un contraste evidente entre sus partes. La primera, describe sonoramente el amanecer en un gallinero, evocando el cacareo y los sonidos de las gallinas con su rítmica característica. La segunda es un homenaje a tres ritmos del Caribe colombiano desde la estética y los recursos compositivos de vanguardia. Esta última fue sin duda la obra preferida por el público pues las melodías y ritmos que evoca son parte de la identidad nacional.

La ejecución de Jonathan Rosero se destacó por sus sorprendentes niveles de pianissimo, por la proyección de su sonido y su destreza para pasar rápidamente de técnicas extendidas como los multifónicos o el frullato a notas reales en patrones rítmicos veloces. De igual forma, quedó en evidencia su análisis juicioso de las obras, así como la consciencia de su propuesta interpretativa que fue comunicada al público antes de iniciar cada pieza. Estas breves intervenciones -más que acertadas- se convirtieron en un recurso valioso para guiar la escucha del recital y acercar este repertorio a los oyentes. Gracias a su solvencia técnica, el saxofonista consiguió cambios radicales de color en su sonido: en ocasiones brillante y sonoro, otras veces más pastoso u opaco y en obras como Improvisations I, II, III de Ryo Noda, logró evocar el sonido de la flauta de bambú japonesa, aquella en la que el compositor se inspiró para escribir estas improvisaciones.

Es de resaltar, en primera instancia, el desafío que eligió Jonathan Rosero con este programa vanguardista para saxofón solo, altamente exigente, y con el cual tuvo un excelente desempeño. En segundo lugar, reconocer su solidez técnica y su gusto por el estilo y, finalmente, destacar que el intérprete, consciente de la complejidad de su programa para un público novato en la escucha de este repertorio, hizo un gran esfuerzo por generar una conexión íntima con los asistentes: compartió su perspectiva de las obras, recitó el poema sobre el cual se basa Maï, otra de las obras del programa, habló desde las emociones que le transmite cada pieza y así logró romper esa barrera que muchas veces se crea entre el espectador y  la música contemporánea. 

Programa

F. ROSSÉ: Lobuk Constrictor. B. COCKCROFT: Ku Ku. R. NODA: Improvistion I, II, III. J. LÓPEZ MARÍN: La palabra. R. NODA: Maï. H. F. CARVAJAL: Suite para saxofón solo.

 

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Noticias de la Red cultural del Banco de la República

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