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El jazz, lo colombiano y las improntas

Enviado por HelenaAngel el Mié, 05/09/2018 - 14:40
Fecha de la noticia: 
Miércoles, Mayo 9, 2018 - 13:45
Concierto de Anamaría Oramas Jazz Cuarteto realizado el jueves 26 de abril en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.

En medio de su concierto con casi la totalidad de las sillas ocupadas realizado el jueves 26 de abril en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Anamaría Oramas expresó que su propuesta es de jazz colombiano. Esto lo complementó explicando que su acercamiento al jazz consiste en la apropiación de una técnica de origen estadounidense que luego pone a dialogar con las músicas populares colombianas y latinoamericanas. Esta posición refleja la esencia de las composiciones y arreglos de su música y, de paso, se convierte en su impronta personal, un factor diferenciador necesario para que una propuesta logre trascender. Es este el gancho que utiliza cuando invita a su público a escucharla, afirmando que es necesario apartarse de las ideas preconcebidas del jazz como un género musical demasiado serio, demasiado acartonado, casi aburrido y ajeno a nuestro contexto (ideas que no comparto, pero entiendo), para aceptar y disfrutar del panorama que ofrece una nueva música fundamentada en las tradiciones de allá y de acá.

A partir de esta impronta, considero que la mayor fortaleza de la música de Oramas corresponde a sus composiciones, ya que en la improvisación aún podría explorar más y tomar mayores riesgos. Sus piezas logran una amalgama en la que tanto el lenguaje jazz como el tradicional latinoamericano se enriquecen desde un diálogo en dos vías, pues es bastante claro el origen de cada material que utiliza, y la proporción de cada uno de ellos es justa. Esto es clave para mantener el dinamismo de una escena que no cuenta actualmente con la proyección que se merece, si bien existen algunos espacios de desarrollo del jazz nacional. Y es que en la manera en que concibe su música, con piezas que surgen de sus vivencias y sus viajes por el territorio colombiano, consciente de la riqueza y diversidad de nuestro acervo, Oramas acierta, tanto al adoptar esa técnica traída de los Estados Unidos que permite el encuentro entre géneros dando pie a la fusión, como en el mismo resultado musical en el que el jazz convive con el chandé, el currulao, el bambuco y otros aires de Colombia y América Latina.

Sus compañeros de tarima, muy talentosos, expanden lo escrito en las partituras, especialmente desde lo rítmico y lo armónico. Tan acoplada está esta intención en el ensamble, que en alguna de las piezas la ‘batería’, un Frankenstein armado de redoblante, tambor alegre, platillos, cencerros y cajón, hizo un solo al estilo drum and bass. O la guitarra, que con la técnica del apagado de cuerdas con la mano derecha emuló el sonido de la marimba de chonta en otra de las piezas del repertorio. A propósito de lo anterior, me llamó especialmente la atención, el aporte del guitarrista Santiago Sandoval, proveniente de una familia de músicos importantes en el jazz hecho en Colombia desde hace más de dos décadas. Además de sus solos llenos de notas rápidas, ejecutadas con una facilidad absoluta y una claridad envidiable, Santiago es poseedor de un gusto armonizador inusual: aborda los acordes disonantes con tal exquisitez que logra expandir la armonía tradicional triádica del folclor colombiano para sustituirla por una de corte estilizado. Y, aun así, la música del ensamble no pierde su referencia popular.

Hacia el final del concierto Oramas invitó al escenario a su padrino musical, Antonio Arnedo, a quien ella llama ‘padre del jazz colombiano’. Arnedo participó con su acostumbrado despliegue de indiscutible talento y gusto al tocar e improvisar en el saxofón sobre una composición de la flautista. Y, más que robarse el show, lo que hizo fue reafirmar otra impronta, vigente desde la década de los noventa, con la que se han diluido las fronteras entre lo de allá y lo de acá en el jazz, permitiendo el surgimiento del jazz colombiano. La invitación que aceptó Arnedo es una confirmación de la consideración que debemos tener en Colombia con el jazz que hacen nuestros músicos, muchos de los cuales tienen aún mucho por decir.

Lo meritorio de este tipo de propuestas, que vienen desde la familia Arnedo, los Sandoval y en adelante, incluyendo a Oramas y tantos otros músicos de esta tendencia, no solo es el aporte a la consolidación de un lenguaje nacional del jazz, sino también la manera en que ayudan a diversificar públicos que, o bien disfrutan de lo importado, o bien del folclor colombiano. En ese sentido, Colombia vive un momento importante de producción de nuevas músicas, algunas muy audaces y otras más recatadas. Para ambos casos es cada vez más necesario conocer su aporte, sea desde la curiosidad o desde el apoyo y el reconocimiento frontales.

A manera de reflexión: a pesar del llamado de Oramas, parte del público estaba concentrado en otras cosas, intentando burlar el control del personal de la sala de conciertos para grabar clandestinamente secciones del recital con sus celulares. ¿Hasta cuándo mi generación persistirá en esta inútil práctica que no aporta al reconocimiento? Reconocemos a nuestros músicos asistiendo a sus conciertos y prestando atención a su música.

Programa

A. ORAMAS: Bullerengue de allá; Breath; Zamba; Guajeo criollo; Ocio; Fernando; Viento y vació; En el borde.

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Concierto de Anamaría Oramas Jazz Cuarteto realizado el jueves 26 de abril en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.
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Noticias de la Red cultural del Banco de la República

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