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Despedida 2018

Enviado por HelenaAngel el Mié, 12/26/2018 - 14:49
Fecha de la noticia: 
Miércoles, Diciembre 26, 2018 - 14:30
Reseña sobre el concierto Comisiones y Retratos ofrecido el miércoles 28 de noviembre de 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Era la tarde-noche del miércoles 28 de noviembre. El centro de la ciudad lucía desolado. Al navegar fluidamente las calles del barrio La Candelaria, a esas horas usualmente atestadas de tráfico, la aguerrida escena parecía en ocasiones estar evocando una Bogotá fría y serena de algún tiempo pasado, y en otras un paisaje apocalíptico, tras el inevitable colapso de nuestra actual versión criolla de Sodoma y Gomorra. La sensación era de una particular ambivalencia: asombro y estupor por la impensada situación y sus aires de desolación, y al mismo tiempo una profunda fascinación al sentirme parte afortunada de la surreal escena.

Momentos más tardes, volverían a mí sensaciones parecidas, esta vez no en respuesta a la tensa calma citadina provocada por el paro del sector educativo, sino como reacción a la también inesperada y asombrosa curva expresiva del Cuarteto de cuerdas No. 6, ‘nostalgias del 19’, del compositor colombiano Johann Hasler, interpretado aquella noche en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango por el fabuloso ensamble colombiano Cuarteto Q-Arte, en compañía de la soprano Beatriz Elena Martínez. Con un estrepitoso primer movimiento titulado ‘Frenético’, y un segundo más neoclásico titulado ‘Tranquilo’, el cuarteto culminaba con un insospechado y sobrecogedor tercer movimiento titulado ‘Lebewohl’ o ‘Despedida’, un evocador y sereno finale construido a manera de Lied con acompañamiento de cuarteto de cuerdas. Así, el esperado estampido final propio de la tradición del género era reemplazado por una lenta, sosegada y nostálgica música de despedida, maravillosamente interpretada por Q-Arte, y especialmente por Beatriz Elena, quien con sutil vibrato y cálido color vocal, con aguda pero contenida expresión, evocaba exquisitamente el sentido de aquella fragmentada canción.

La de Hasler había sido la segunda de un tríptico de piezas de compositores colombianos cuya presentación en concierto de aquella noche servía como cierre a la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República en su versión 2018, y como el lanzamiento de tres discos compactos: el tercero de la serie Compositores de nuestro tiempo y dos de la serie Retratos de un compositor dedicados a las obras de Francisco Zumaqué y el propio Hasler, series ambas ideadas por el Banco con el fin de resguardar y divulgar el patrimonio cultural colombiano, en este caso de música académica. La programación de aquel conciso y sinóptico tríptico de piezas de Zumaqué, Hasler, y Juan Antonio Cuéllar, respectivamente, fue un contundente acierto. El concierto había estado precedido por una charla con la mayoría de los compositores protagonistas de los discos (el difunto Jesús Pinzón siendo la única excepción), y había sido introducido por un sobrio y también acertado discurso de Mauricio Peña, Jefe de la Sección de Artes Musicales. Ante las varias instancias que, más allá del espacio del concierto, constituían la celebración del lanzamiento y el cierre de temporada, la vertiginosa sinopsis sonora de la triada de piezas sin intermedio permitía el espacio para la necesaria digestión de los universos sonoros presentados, y al mismo tiempo dejaba un excedente de deseos de escucha para ser saciados luego con los discos.

Casualmente, mi experiencia de navegación del concierto —fluida, compacta, y plena de momentos de fabuloso estupor— se había asemejado, como por serendipia, al sorpresivamente fluido tránsito por las desoladas calles capitalinas de antes y después del concierto. El tríptico había iniciado con el cuarteto de cuerdas Elegía de la anaconda de Zumaqué, pieza que sintetiza muy bien y con vigorosa fuerza las varias tendencias —cosmopolita, folclórica, académica— del compositor cereteano. Y luego del antitético cuarteto de Hasler, el concierto había culminado con Conversaciones. Variaciones para violín, violonchelo y piano, Op. 32, de Cuéllar, una obra cuya curva presenta una fuerza teleológica de talante profundamente beethoveniano, constituyendo así una especie de respuesta reaccionaria de la tradición a la maravillosa disgresión de Hasler. Asombrosamente interpretada por el célebre Lincoln Trio de Estados Unidos, la pieza inició con un dulce tema que, a la luz del delicado Lied de Hasler, parecía funcionar como una necesaria transición hacia el voltaje sonoro que poco a poco se iría desatando en las magistralmente conectadas variaciones. Luego de un par de descansos, alguno con sutil evocación a preludio Bachiano, las variaciones desembocarían en un vertiginoso finale que, interpretado de manera asombrosamente virtuosa por el trío estadounidense, se sintió como una embestida, como el intempestivo cierre con de exclamación que había sido negado en Hasler, como el regreso furibundo y mortal de la anaconda de Zumaqué, cuya energía se liberaría solo con un estrenduoso aplauso.

Aun así, una vez emprendí mi regreso a través de las fantasmagóricas calles bogotanas, y quizás precisamente por esa aura, me di cuenta de que en mi corazón quedó resonando no tanto aquella estampida final, sino aquel mágico momento en el que sonó el insospechado y evocador anticlímax del adiós de Hasler. Lebewohl 2018. Lebewohl.

Programa
F. ZUMAQUÉ: Elegía de la anaconda.
J. HASLER: Cuarteto de cuerdas No. 6, ‘nostalgias del 19’.
J. A. CUÉLLAR: Conversaciones. Variaciones para violín, violonchelo y piano, Op. 32 (Obra comisionada por el Banco de la República).

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Noticias de la Red cultural del Banco de la República

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