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Manuel María Buenaventura

Enviado por jsizaram el Mar, 07/24/2018 - 11:14

Manuel María Buenaventura fue un personaje insigne de la ciudad de Cali, no en vano en la correspondencia que compone su archivo es frecuente toparse con que sus amigos y colegas lo reconocían como la persona que representaba “la historia de Cali”. Este comerciante, hacendado, político e historiador se ganó, sin lugar a dudas, tal apelativo por su fomento a la modernización de la economía regional y por su labor asidua para preservar cierto material relacionado con la historia de esta ciudad y difundirlo a un público general por medio de conferencias, discursos, artículos, libros y museos.

Según distintos documentos que reposan en su archivo, Manuel María Buenaventura nació en Santiago de Cali, en 1880, y murió en la misma ciudad, en 1962. Bajo la bandera del Partido Liberal ocupó distintos puestos gubernamentales en el departamento del Valle del Cauca, tales como: secretario de Gobierno, alcalde de Cali, jefe de instrucción pública, delegado por el Cauca ante el Congreso de la República, además de ser delegado por Colombia ante organismos internacionales y cónsul por siete años en Chile. Como comerciante mantuvo relaciones con varias familias pudientes del Valle, abrió almacenes de abarrotes conocidos con el nombre La Mascota, rentó distintos tipos de propiedades y estableció diferentes negocios que giraban en torno a la importación de mercancías y muebles, así como al préstamo de efectivo y de créditos[1].

Aunque gozó de un papel protagónico en la sociedad vallecaucana, son pocas las referencias con las que contamos acerca de su vida, y lo poco que se ha publicado sobre su vida y obra resulta escaso y demasiado fragmentario. Se sabe, eso sí, que su relación con el mundo del teatro, el cine, las colecciones, las tertulias y los libros fue muy cercana, y que sus labores introdujeron la cultura moderna de la educación, el ocio y el entretenimiento en la ciudad. Si a nivel latinoamericano Cali fue reconocida a lo largo del siglo XX como epicentro de la cultura en el continente, se debe en buena medida por las actividades que adelantaron Manuel María Buenaventura y el grupo de personas que lo rodeaban. En 1927, impulsó y gestionó la construcción del Teatro Municipal de Cali,  y fue miembro activo por muchos años de la Junta de Ornato y Sociedad de Mejoras Públicas de Cali desde donde dirigió varios proyectos culturales y de infraestructura.

En los años cuarenta abrió su propio museo y a lo largo de su vida publicó varios escritos relacionados con biografías de próceres de patria y personajes insignes del siglo XIX colombiano —particularmente oriundos de su región—. Quizás el libro más reconocido de su obra sea Del Cali que fue (1957), el cual recoge biografías de vallecaucanos ilustres y folclóricos de la ciudad; reminiscencias de eventos y lugares trascendentes; anécdotas de las tertulias que se daban a finales del siglo XIX; discursos pronunciados por personajes de la ciudad, reconociendo la labor de Manuel María Buenaventura, y la reproducción de una lectura pronunciada en 1944 por el historiador Horacio Rodríguez Plata, en la Academia Colombiana de Historia, acerca del Museo Manuel María Buenaventura y su dispendiosa tarea de coleccionar una serie de objetos que tuvieron un valor histórico para la época.

Este Archivo fue adquirido por el Banco de la República por etapas y, al parecer, formó parte del Museo Manuel María Buenaventura en la ciudad de Cali. El Archivo se compone de 9.052 documentos y 13.368 folios que abarcan desde finales del siglo XVII hasta la mitad del siglo XX. No obstante, el grueso de la documentación pertenece al siglo XIX, y a las décadas entre los años veinte y cuarenta del siglo XX. A modo general, el archivo se compone de correspondencia, ya sea de interlocutores de épocas anteriores a la de Manuel María Buenaventura o de corresponsales contemporáneos a él. Para el primer caso, se trata de cartas de distinta índole, las cuales seguramente fueron atesoradas debido al interés por reconstruir genealogías, historias de militares e historias de instituciones coloniales o republicanas. Para el segundo caso, se trata de misivas relacionadas con sus actividades comerciales o culturales escritas a mano o a máquina (algunas de ellas corresponden a telégrafos), en las cuales se trata sobre negocios, donaciones y noticias. Los lugares de producción de estos documentos corresponden a diferentes parte de Europa y América, de los cuales se puede destacar países como Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. Los idiomas de la documentación son, naturalmente, francés, inglés y español.

Todo aquel que esté interesado en conocer e investigar acerca de la historia empresarial colombiana, de las prácticas empresariales y las relaciones internacionales de la primera mitad del siglo XX, puede hallar en el Archivo de Manuel María Buenaventura una serie de documentos útiles. La importación de mercancías de Europa y Estados Unidos muestran la introducción de nuevos tipos de objetos y de nuevas formas de consumo para la sociedad de la época. La manera como entraban en contacto los comerciantes, acordaban los precios, las formas de envío y los tiempos de entrega, se pueden rastrear en la documentación del archivo y analizarlos desde una perspectiva histórica. Lo mismo sucede con los negocios que se daban en el país e incluso a nivel doméstico entre socios y negociantes de Colombia o de la misma región. De manera más específica, el Archivo de Manuel María Buenaventura resulta propicio para llevar a cabo una investigación acerca de las relaciones colombo-ecuatorianas, una región que mantuvo fuertes lazos gracias a la cercanía geográfica, al pasado neogranadino y a los vínculos de parentesco entre ambos lados de la frontera que se mantuvieron activos durante varias décadas después de dividida la Gran Colombia.

Por la trayectoria del personaje y la naturaleza del archivo, este conjunto documental es propicio para construir una serie de problemas de estudio sobre la región vallecaucana desde una perspectiva de historia cultural. La circulación de libros, las prácticas de lectura en tertulias, los contactos entre librerías, talleres de impresores e editoriales, las conexiones entre académicos, intelectuales y aficionados a la lectura, son por ejemplo, temas que se pueden trabajar desde los documentos que allí reposan. Así mismo, la cultura del teatro y del cine se encuentran bien documentados en este archivo, pues Manuel María Buenaventura no solo se encargó de difundir este tipo de prácticas, sino que también dio a la tarea de documentar su desarrollo. El ámbito de los museos, por su parte, también se puede abordar mediante este archivo debido a que este empresario y filántropo vallecaucano estuvo en contacto con diferentes museos de Colombia y otras partes del mundo, ya sea para nutrirse de conocimiento, adquirir piezas o incluso asesorar a otras instituciones sobre temas de museografía. Por estos motivos, aquel que aborde el archivo desde esta mirada se topará fácilmente con nombres influyentes como el poeta Pablo Neruda, el historiador Germán Arciniegas, el ingeniero y astrónomo Jorge Álvarez Lleras, el historiador Cornelio Hispano, antropólogo Paul Rivet, entre otros.

Por último, el Archivo de Manuel María Buenaventura resulta relevante para reconstruir la historia de la Historia y el coleccionismo en Colombia, la cual cabe recordar que no se ha  forjado únicamente en los centros de enseñanza superior del país. Los anticuarios, bibliófilos y coleccionistas del siglo XIX y buena parte del siglo XX fueron reconocidos como historiadores de oficio, a pesar que sus ingresos económicos provinieran de otros sectores que no estaban directamente relacionados con la investigación histórica. Si bien muchas de aquellas prácticas de análisis y recolección de datos que empleaban historiadores como Manuel María Buenaventura resultan hoy obsoletas, no se puede dejar de lado el hecho que gracias a este tipo de personajes hoy contamos con buen conjunto de documentos relativamente bien organizados y conservados, y que sus labores constituyen el pasado del historiador moderno y profesional. En ese sentido, en el archivo se pueden vislumbrar las maneras como se fue constituyendo la erudición de este tipo de historiadores-coleccionistas, las redes internacionales que establecieron y la función social que ejercieron en una sociedad en transformación en la cual la modernidad amenazaba con borrar cualquier huella del pasado. Se trata, en síntesis, de un archivo que está a la espera de ser explorado e investigado, que se puede trabajar de manera particular o que se puede enriquecer con otros archivos de investigadores como el de Guillermo Hernández de Alba (el cual también se encuentra en la BLAA) y con quien compartía actividades relacionadas con la historia y la cultura.

Texto redactado por Ricardo Uribe

Notas al pie

[1] Para conocer de manera más específica las actividades comerciales de Manuel María Marulanda, la diversificación de sus negocios, y las familias y socios que colaboraron en tal empresa, se puede consultar: Jairo Henry Arroyo Reina (2006). “Didimo Reyes. Manuel María Buenaventura”, en Historia de las prácticas empresariales en el Valle del Cauca (Cali: Universidad del Valle), 219-238. Volver

Ubicación física: 

Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Libros Raros y Manuscritos

Número topográfico: 
MSS3226
Volumen: 

9.052 documentos (13.368 folios) organizados en 83 carpetas

Tema de colección bibliográfica: