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Fincas cafeteras de la Familia Herrera Restrepo en Sasaima, Cundinamarca

Enviado por jsizaram el Mié, 07/25/2018 - 13:48

Las grandes haciendas cafeteras se consolidaron durante la segunda mitad del siglo XIX en Antioquia, Santander, Cundinamarca y Tolima. Para el caso de las plantaciones cafeteras de Cundinamarca, los propietarios de las haciendas provenían de la actividad comercial, arrendaban y formaban parcelas dispersas en las que había una poca diversificación, y la tenencia de la tierra estaba dada por el latifundismo. Los empresarios territoriales venían de familias adineradas, podían pertenecer a uno de los dos partidos, liberal o conservador y generalmente estaban en el negocio de la exportación (Vega Cantor, 2002)

En el caso de las haciendas en Cundinamarca (segunda región colombiana exportadora de café, después de Santander), la mano de obra era fundamental: se observa la presencia de los jornaleros, que recibían un pago por su trabajo en las plantaciones de café. Asimismo, empleaban a los arrendatarios, que estaban obligados a vender la producción de su parcela a la hacienda y podían tener cultivos para su mantenimiento, pero se les prohibía sembrar café. La mayoría de los trabajadores temporales llegaban de Cundinamarca y Boyacá.

Roberto Herrera Restrepo (1848-1912) era hijo de Bernardo Herrera Buendía y María de Jesús Restrepo Montoya. Católico y liberal; estudió en el Liceo del institutor Ricardo Carrasquilla. Vivió en París y Londres, y a su regreso se casó con María de La Torre. Su hermano Bernardo Herrera fue arzobispo de Bogotá. Roberto Herrera Restrepo “Tenía un conocimiento muy completo y muy práctico de las ciencias económicas, y una gran versación comercial y agrícola”[1]. Además, era conocida su preocupación por las necesidades de la sociedad, en particular de sus trabajadores. Roberto Herrera se dedicó a las labores comerciales, al lado de su padre (propietario de la finca Las Mercedes), y fundó la hacienda Santa Bárbara, en Sasaima en 1870.

El café de Sasaima era excepcionalmente fino y hasta finales de la década de 1890 la marca de Herrera Restrepo se vendía por encima del nivel general de precios colombianos en el mercado de Londres.

Las haciendas cafeteras de la familia Herrera Restrepo incluían instalaciones para beneficiar el café hasta ponerlo en condiciones de exportación. En esa época el comercio del café era dominado por casas comisionistas localizadas principalmente en Londres y Nueva York, a las cuales pequeños y grandes productores terminaban entregando su producción: los primeros, vendiendo su café a los almacenes de depósito que se negociaban con los comisionistas; los segundos, despachando directamente a las casas.

Santa Bárbara tuvo en su momento unos 120.000 árboles de café. Mantener una hacienda que producía gran calidad de café requería constante atención: debía permanecer podada y desyerbada. Según Malcolm Deas, “Santa Bárbara mantenía un herrero, un carpintero y a veces albañiles, constructores experimentados […]. Los arrendatarios y sus familias formaban el mayor grupo permanente en la hacienda, se calcula que entre doce y veinte familias” (Deas, 1976).

Posterior a la guerra de los Mil Días (1899-1902), se reorganizó la producción de comida de la hacienda pagando a los arrendatarios para que sembrara más plátano, incentivados por una cosecha destinada para su propio sustento. Pese a este esfuerzo, la hacienda se deterioró durante los tres años de guerra; además, sufrió el agotamiento de sus tierras en las que se cultivaba yuca y maíz, a la vez que con frecuencia compraba panela y miel, todo esto para lograr la permanencia de los trabajadores en la plantación de café, ya que sin ellos se profundizaría la crisis.

Roberto Herrera Restrepo se fue endeudando crecientemente con su agente de Londres, cuya deuda fue pagada con letras compradas con el producto de sus otras empresas. Comerciaba con ganado, actividad que amplió al sufrir el descenso del café, que se dio en medio de las transformaciones externas previas a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y que influyeron de forma determinante en la agricultura del país. Ejemplo de ello fue el cambio del oro y la plata por el curso forzoso del papel moneda, por esta situación se vio obligado, dado su carácter de exportador financiero, a retirarse del comercio.

Falleció el primero de noviembre de 1912. Sus sucesores decidieron vender la hacienda en lotes para fincas de recreo.

El Archivo

El archivo de la familia Herrera Restrepo contiene, en su mayor parte, información sobre la hacienda Santa Bárbara en Sasaima, y otras propiedades como el rancho ganadero El Peñón, cercano a Tocaima, y la hacienda San Bernardo.

Este acervo documental se encuentra a disposición del público en la Sala de Libros Raros y manuscritos de la Biblioteca Luis Ángel Arango y consta de 88 libros que permiten rastrear el funcionamiento de estas fincas, a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Los libros están clasificados así: volúmenes 1 al 37, corresponden a los copiadores de correspondencia; del 38 al 83 son diarios de contabilidad; y del 84 al 88 documentos mercantiles varios (recibos, facturas y vales, entre otros).

Los documentos que constituyen este archivo respaldan, lo que se vivía en la hacienda, reflejo de la actividad propia del sector cafetero en su momento y puede ser consultados para observar cómo se dio el período decisivo que generó el declive de la producción cafetera, no solo de esta hacienda sino a nivel nacional en el contexto de la guerra de los Mil Días (del 17 de octubre de 1899 al 21 de noviembre de 1902), y que originó un descenso de los precios del café, en medio de la paralización del transporte, el encarecimiento de los fletes, el reclutamiento forzoso de trabajadores por parte del ejército o el abandono de los campos para evitar el reclutamiento. De hecho, el mismo Roberto Herrera permitió a sus jornaleros, salir a trabajar a otras haciendas y advirtió a sus mayordomos que evitaran que sus trabajadores fueran reclutados, para lo cual pagaba la exención militar de forma que en la hacienda protegían a sus peones, quienes no obstante veían disminuidos sus pagos.

Texto redactado por Viviana Mejía

Referencias

Vega Cantor, R. (2002) Gente muy rebelde: indígenas, campesinos y protestas agrarias, tomo II. Bogotá: Ediciones Pensamiento Crítico.

Deas, M. (1976) “Una hacienda cafetera de Cundinamarca: Santa Bárbara (1870-1912)” Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 8. pp. 74-100.

Notas al pie

[1] El Liberal, núm. 472 del 5 de diciembre de 1912. Volver

Ubicación física: 

Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Libros Raros y Manuscritos

Número topográfico: 
MSS3218
Volumen: 

88 libros (27.279 folios)

Tema de colección bibliográfica:

Material complementario: 

Publicaciones

Palacios, M. (2002). El café en Colombia (1850-1970): una historia económica, social y política - Tercera edición. Recuperado de http://babel.banrepcultural.org/cdm/ref/collection/p17054coll10/id/1006

Rivas, M. (1946). Los trabajadores de tierra caliente. Recuperado de http://babel.banrepcultural.org/cdm/ref/collection/p17054coll10/id/2468