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Para cambiar nuestra manera de mirar las cosas

Subtítulo: 
Esto tiene arreglo. Cómo y por qué reparamos las cosas
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Visitante de la exposición Esto tiene arreglo en el Museo del Oro

El 24 de mayo se inauguró en el Museo del Oro de Bogotá la exposición temporal Esto tiene arreglo. Cómo y por qué reparamos las cosas. Una exposición sobre nuestros objetos y los de los otros, y una reflexión acerca de esa extraordinaria dimensión que compartimos los seres humanos, los objetos. En un museo que preserva y pone en valor el patrimonio de los colombianos, qué valioso observar el cuidado especial que los antiguos habitantes de este territorio le dedicaron a algunos de sus objetos —reparándolos—, y qué importante pensar sobre todos los objetos que nos identifican hoy en día. 

A continuación, la antropóloga María Alicia Uribe, Directora del Museo del Oro y curadora de la exposición junto con el antropólogo Héctor García Botero, explora este tema en su discurso inaugural.

Decimos que “las cosas se parecen a su dueño”; pero podríamos decir también, y sería tal vez mejor, que “los dueños se parecen a sus cosas”.

 

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Buenas tardes, bienvenidos al Museo del Oro.

¿Esto tiene arreglo?, Cómo y por qué reparamos las cosas. Esta nueva exposición temporal del Museo del Oro del Banco de la República se propone cambiar nuestra manera de mirar las cosas —las cosas en su sentido más literal. Cuando en unos minutos nos acerquemos a Bolívar a través de sus prendas de ropa desgastadas, o a una mujer quimbaya a través de su olla de barro fisurada y cuidadosamente reparada, viajaremos en el espacio y en el tiempo a otras épocas y culturas y a la vez empezaremos a reflexionar sobre nosotros mismos. Pues desde siempre, los seres humanos hemos sido y seguiremos siendo las cosas que hacen parte de nuestra vida.

Esto tiene arreglo es una exposición sobre los seres humanos, sobre nuestra infinita capacidad para crear mundos de objetos —de cultura material, en la terminología de los antropólogos— que a la vez que nos posibilitan extender nuestras capacidades y desarrollar múltiples actividades de la vida (como cocinar, transportarnos, cargar otras cosas), nos construyen y manifiestan lo que somos como sociedad, como cultura y como personas. Las cosas de nuestra vida no son simples cosas que nos rodean, son cosas importantes, están entretejidas con nosotros y son esenciales en nuestras relaciones sociales —piensen por ejemplo en el regalo de cumpleaños, o en el intercambio de argollas en el matrimonio, o en el cartón de grado.

Las construcciones y relaciones de género han estado siempre atravesadas por cosas —verán en la exposición un delicado piano-costurero con el que las jóvenes de las élites neogranadinas adquirían los valores y destrezas necesarios para ser una mujer propia de su clase: coser, tocar un instrumento musical, la vida doméstica, la belleza y la discreción. Los debates y las luchas que sobre todo a partir de los años 60 buscan deconstruir las ideas, actitudes, funciones y valores asociados tradicionalmente a los géneros son uno de los lugares en donde se evidencia de manera más clara la relevancia de los objetos —en ese caso objetos-estereotipo— en la construcción y transformación de una sociedad. El corset, las muñecas Barbie, el maquillaje, los tacones y la corbata son algunas de estas cosas.

Las personas elaboramos nuestra propia identidad a través de las cosas que usamos, llevamos con nosotros y poseemos, y nuestros objetos a su vez van guardando en huellas en su materialidad —en desgastes, rajaduras, roturas, repintes— nuestras historias. No en vano decimos que “las cosas se parecen a su dueño”; pero podríamos decir también, y sería tal vez mejor, que “los dueños se parecen a sus cosas”.

Esta exposición se concentra en un aspecto particular de los objetos: su reparación. Un momento o momentos en la vida de las cosas, y una práctica —la reparación—, que en algunos casos se ha convertido en un oficio.  Reparar y reparación han sido poco explorados hasta ahora en la antropología, la arqueología, el arte y otras disciplinas. Sin embargo, como bien nos muestra esta exposición, son temas que abren caminos nuevos para descubrir y comprender las sociedades, incluida la nuestra.

Sin duda advertirán que esta es una exposición en muchos sentidos diferente a las que hemos tenido antes en el Museo del Oro. Verán piezas rotas, corroídas, espichadas, muchos fragmentos, piezas montadas al revés o ladeadas. Porque la mirada está puesta sobre las huellas de personas que hicieron parte importante de la vida del objeto, en este caso de los episodios de deterioro y de su reparación: las personas del dueño y la del reparador. Esperamos que sea para ustedes, como ha sido para nosotros, una oportunidad más para seguir descubriendo las historias, las personas, la sabiduría y la belleza contenida en nuestras colecciones arqueológicas.

Esto tiene arreglo contó con la colaboración de diversas instituciones. El Instituto Colombiano de Antropología e Historia, el Museo de la Independencia-Casa del Florero y la Casa Museo Quinta de Bolívar prestaron objetos de sus colecciones. A ellos, muchas gracias. La Unidad de Artes y otras Colecciones del Banco de la República prestó asimismo obras de arte e instrumentos musicales.

Una mención especial merece el incunable de Johannes Nider, impreso hacia 1479, de la colección de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Con este préstamo y las actividades de programación que desarrollaremos en conjunto nos unimos también en el Museo del Oro a la celebración de los 60 años de la BLAA.

Un agradecimiento muy especial al equipo de trabajo del Museo del Oro, que demostró con este proyecto una vez más su enorme experticia, compromiso y afán por innovar.

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