Usted está aquí

La Vicepresidencia en Colombia: historia de una institución cuestionada

La Constitución de 1991 dio nueva vida a la institución de la Vicepresidencia después de 86 años, cuando Ramón González Valencia fue cesado en sus funciones de vicepresidente por el presidente Rafael Reyes. La institución tuvo su desarrollo desde los inicios de la República, y en general fue bien aceptada durante gran parte del siglo XIX, con más frecuencia bajo gobiernos de corte conservador y predominantemente centralistas. Durante el período federal (1863-86), la Vicepresidencia fue borrada del mapa político, cuando el poder ejecutivo fue menos importante que el legislativo y que los poderes regionales. Ya en el siglo XX la desaparición de la Vicepresidencia fue total desde 1905 y la figura del Designado adquirió un peso de relativa importancia.

La Constitución política sancionada por el Congreso de 1821 determinó que el poder ejecutivo sería ejercido por el presidente durante un período de cuatro años; se encargaría de la administración de la República y sería reemplazado en casos de ausencia temporal, destitución, renuncia o muerte por un vicepresidente. Las faltas de los dos funcionarios serían suplidas por el presidente del Senado, quien buscaría inmediatamente cómo llenar las vacantes. Además, en el ejercicio del mando, el presidente estaba respaldado por el Consejo de Gobierno, compuesto por el vicepresidente, por un ministro de la Alta Corte de Justicia y por los secretarios de despacho. Esta Constitución centralista rigió hasta el 27 de agosto de 1828, fecha en que Bolívar promulgó el decreto orgánico llamado Ley Fundamental, por medio de la cual asumió la dictadura, dejando sin vigencia la Constitución de 1821 y borrando instituciones republicanas como la Vicepresidencia, la cual fue prácticamente sustituida por el Consejo de Estado que, como nueva creación constitucional, buscó "templar el rigor del régimen dictatorial". 

La supresión de la Vicepresidencia, que venía funcionando como una institución de origen popular, pues su elección la hacían las Asambleas Electorales, implicaba que la presencia del vicepresidente reducía de algún modo los poderes del presidente o, por lo menos, impedía que él actuara de manera inconstitucional, estableciéndose rivalidades entre los dos funcionarios. Claro ejemplo de ello fue el caso del vicepresidente Francisco de Paula Santander quien, después de haber ocupado el cargo durante ocho años (1819-27), fue destituido por medio de la Ley Fundamental. Santander, apegado en buena medida al ordenamiento legal, cumplió un papel decisivo como vicepresidente: organizó jurídicamente en compañía de sus más cercanos colegas la nueva nación; impulsó la educación, especialmente lancasteriana, y buscó quitarle a la Iglesia el monopolio sobre ella; trabajó en la organización de la administración de justicia, e hizo política de la manera más realista y eficaz. 

A partir de 1824, por orden del Congreso, empezaron a restringirse los poderes extraordinarios que habían sido otorgados al poder ejecutivo por el Congreso de 1821, previendo situaciones conflictivas de orden interno y externo. Ello implicó una disminución del poder del ejecutivo (el cual recayó muchos años en el vicepresidente por ausencia de Bolívar) y el incremento de las funciones legislativas. Con esto, el Congreso buscó impedir el ejercicio de gobiernos personalistas.

Las divergencias personales y políticas entre Bolívar y Santander llevaron a que las muchas renuncias que Santander hizo de su cargo como vicepresidente hayan sido entendidas por algunos historiadores como una táctica política para alcanzar el poder presidencial, lo que eficazmente logró en 1832.

Muerto Bolívar, la Constitución de 1821 fue reemplazada por la de 1832, de corte menos centralista. En ella, si bien no hubo cambios fundamentales a la institución de la Vicepresidencia, sí los hubo en cuanto a su elección: el vicepresidente debía ser elegido por dos años después que el presidente; fue una elección alternada, con lo que se buscó, al igual que durante la vigencia de la Constitución de 1843, que el vicepresidente ocupara su cargo durante dos administraciones seguidas, para evitar rivalidades o coaliciones "peligrosas". Otra de las funciones del vicepresidente fue asistir con su consejo y dictamen al presidente, como parte del Consejo de Gobierno, el cual conformaba con los secretarios de Estado.

Entre 1832 y 1843 se encargaron del ejecutivo los vicepresidentes Domingo Caicedo, José María Obando y José Ignacio de Márquez. La Vicepresidencia de Obando fue la más importante de este período: al ocupar el cargo en 1832 por ausencia de Santander, sancionó la Carta política de 1832, y puede considerarse, al lado de José Hilario López, como el restaurador del orden legal, después de la dictadura de Urdaneta.

En 1843 se sancionó una nueva Constitución, después de la guerra civil de los Supremos, durante un período predominantemente conservador vivido en el país entre 1838 y 1849; en ella se retomó el carácter centralista del Estado y se introdujeron algunos cambios en el poder ejecutivo, el cual pasó a ser representado por el presidente, el vicepresidente, el designado y el Consejo de Gobierno; así, el poder ejecutivo quedó reforzado frente al legislativo. El país sufrió transformaciones importantes a mediados del siglo, y entre 1849 y 1885 se desarrolló un período liberal, a excepción del gobierno bipartidista de Manuel María Mallarino (1855-57) y del gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez (1857-61). La Constitución de 1843 fue sustituida por la federativa de 1853 en la que, sin cambiar la conformación del poder ejecutivo, se tendió a disminuir sus atribuciones frente al legislativo. Sin embargo, durante el golpe de Estado de José María Melo en 1854, fue abolida la anterior Constitución y puesta en vigencia la de 1843. Derrotado Melo, se volvió a la Constitución de 1853, la cual no se reformó hasta 1858.

Así, puede hablarse de un período bipartidista pero predominantemente conservador en la Vicepresidencia entre 1847 y 1857, durante el cual ocuparon el cargo Rufino Cuervo, José de Obaldía y Manuel María Mallarino. Este fue nombrado por el Congreso de 1855 para terminar el cuatrienio de Obando (1853-57), quien había sido, a su vez, depuesto por Melo y destituido después por el Congreso. Mallarino nombró un gabinete bipartidista buscando la paz del país; al terminar su período fue elegido popularmente Mariano Ospina Rodríguez, quien sancionó en 1858 una nueva Constitución de tendencia federativa, que delegó en los Estados algunos asuntos importantes y suprimió la Vicepresidencia reemplazándola con el nombramiento de tres designados. Desde la sanción de la Constitución de la Confederación Granadina en 1858 hasta la de 1886 no hubo vicepresidentes. La Constitución liberal, radical y federativa de 1863 no cambió el esquema de tres designados, aunque sí disminuyó poderes al ejecutivo. 

Esta situación pervivió hasta el año 1886, cuando, gracias a la nueva Constitución conservadora, se dio un cambio en la organización política del país: se buscó restablecer una república unitaria e implantar un régimen presidencial fuerte, en contravía de los presupuestos del régimen federal; se impulsó la centralización política y la descentralización administrativa; y se estableció que el poder ejecutivo lo conformarían en adelante el presidente, reemplazado en sus faltas por el vicepresidente, a quien le seguirían en orden jerárquico un designado (como suplente del anterior), los ministros del despacho y el Consejo de Estado. Este nuevo estatuto buscaba un ejecutivo fuerte y establecía que no fuese "juguete de ningún parlamento". 

Entre 1886 y 1910 fueron vicepresidentes de la República Eliseo Payan, quien posesionado por ausencia de Rafael Núñez fue rápidamente destituido, porque sus posiciones políticas, todavía asociadas al régimen federal, no concordaban con el pensamiento del partido nacional ni con el del presidente; Miguel Antonio Caro y José Manuel Marroquín, ambos vicepresidentes conservadores, pilares de los gobiernos regeneradores, que se caracterizaron por su fuerte centralismo, aunque difirieron en excluir del gobierno a liberales y conservadores disidentes.

Miguel Antonio Caro hizo parte del Consejo Nacional de delegatarios convocado por Rafael Núñez y se posesionó como vicepresidente en 1892, al lado del mismo mandatario; su concepción ideológica fue básica en la formación de la Carta política de 1886, e inclusive redactó su texto final. La Vicepresidencia de Caro hasta 1895, cuando murió Rafael Núñez, fue un factor clave de apoyo al ejercicio presidencial y un seguro de continuidad de su partido en el poder. Por su parte, José Manuel Marroquín, vicepresidente bajo el gobierno de Manuel Antonio Sanclemente desde julio de 1898, tomó por golpe de Estado la Presidencia el 31 de julio de 1900, en plena guerra civil de los Mil Días, en vista de la polarización de las fuerzas en combate y de la necesidad de unificar su propio partido frente a los opositores liberales. En agosto de 1904 concluyó este sexenio. 

Bajo el gobierno del quinquenio de Rafael Reyes culminaría la institución de la Vicepresidencia, al iniciarse el nuevo siglo, pero todavía marcada por los elementos del siglo XIX. El santandereano Ramón González Valencia, quien firmó con el revolucionario Ricardo Tirado Macías uno de los tres tratados de paz, el de Chinácota (3 de diciembre de 1902), con que se protocolizó el cese de fuego que puso término a la guerra, fue vicepresidente por sólo siete meses.

Colaboración: Lina Marcela González, estudiante de Historia, Universidad Nacional.

Fecha de prublicacion: 
Lunes, Marzo 1, 1993 - 21:15
Es portada?: 
false

Colección de Credencial Historia:

Imagen para slider: 
Portada: