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Estadio de Béisbol de Cartagena, 1947

El Estadio de Béisbol de Cartagena, diseñado y construido en 1947, sintetizó un momento especial de la arquitectura y la ingeniería en Colombia. Es un proyecto ejemplar de la política de modernización del país, la actualización de técnicas constructivas en obras civiles y arquitectónicas, y de una nueva manera de hacer arquitectura.

El edificio hace parte del esfuerzo de transformación que se llevó a cabo en la primera mitad del siglo XX en Colombia, especialmente dentro del hilo de reformas que emprendió el gobierno de Alfonso López Pumarejo en su primer período como presidente de la República (1934-1938). En ellas se establecieron los lineamientos para transformar el país a través de su modernización institucional y educativa. Colombia estaba cambiando de un país rural a un país urbano y aparecía una incipiente oleada de industrialización. Además de la necesidad práctica de construir una infraestructura que apoyara dicha modernización, esta, cómo política pública, necesitaba ser demostrada a través de ejemplos visibles para la sociedad, con obras tangibles y contundentes. Históricamente, uno de los vehículos que las instituciones usan para tal fin es la arquitectura. Es en este contexto político y social donde se gesta un proyecto como el Estadio de Béisbol de Cartagena.

Entre los diversos ámbitos e instituciones desde los cuales se implementó el cambio, la Sección de Edificios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas fue la que influyó con mayor ahínco en el desarrollo de la arquitectura durante este período, gracias a un trabajo de décadas que realizó en pro de este propósito. Esta institución entregó al país un sinnúmero de obras fundamentales que apoyaron la puesta en práctica de las nuevas ideas que llegaban a Colombia. Entre las obras más relevantes desarrolladas allí, se encuentra el Estadio de Béisbol de Cartagena. La intención de transformación no era concebida simplemente como una necesidad estatal, también estaba embebida en la ideología de los arquitectos e ingenieros autores del estadio, quienes creían firmemente en los postulados técnicos y teóricos desarrollados por el Movimiento Moderno en arquitectura, que para 1947 ya llevaba dos décadas siendo implementado alrededor del mundo, especialmente en Europa y Norteamérica. Los autores del estadio hacen parte de una generación de ingenieros y arquitectos formados en universidades nacionales y extranjeras, profesionales de primer nivel que propiciaron un cambio radical en la arquitectura del siglo XX en Colombia. A partir de su influencia académica, especialmente en la Universidad Nacional de Colombia, formaron decenas de generaciones bajo los postulados de la arquitectura moderna, y les transmitieron un entendimiento de la arquitectura como una disciplina donde la integridad debía reinar.

El equipo de trabajo que desarrolló el estadio estuvo conformado por los arquitectos Gabriel Solano, Jorge Gaitán, Álvaro Ortega y Edgar Burbano, con Carlos Santacruz como coordinador, y los ingenieros Alfonso Mejía, Mario Barahona y Julio Noel Montenegro en la dirección de obra. El diseño estructural fue realizado por Guillermo González Zuleta, uno de los ingenieros estructurales más importantes del país durante el siglo XX, con una impresionante carrera en la que estuvo a cargo del diseño de centenares de obras, por lo cual mereció el Premio Nacional de Ingeniería en 1968 y 1974, y a través de la cual desarrolló una sólida investigación en técnicas constructivas en concreto. Transcurrieron seis meses desde el momento en que el proyecto fue encargado al Ministerio hasta el día de su entrega, ya construido, para ser sede de la novena Serie Mundial de Béisbol Aficionado, prueba de la diligencia y profesionalismo con que la Sección de Edificios Nacionales abordaba los proyectos.

En su intención por romper con el pasado, el Movimiento Moderno en arquitectura se apoyó fervientemente en la experimentación y utilización masiva de nuevas técnicas constructivas y de nuevos materiales; vidrio, acero y concreto reforzado permitían ejecutar una arquitectura radicalmente diferente a la que obedecía los cánones del Beaux-Arts y del Neoclasicismo, imperantes en el siglo XIX. Por razones geográficas, comerciales y económicas, el concreto fue el material utilizado para construir el proyecto moderno en Latinoamérica. En el Estadio de Béisbol de Cartagena fue empleado magistralmente, convirtiendo a esta obra en uno de los paradigmas de la arquitectura moderna en América Latina.

El estadio rodea el campo de béisbol con un sencillo cerramiento, graderías parcialmente cubiertas, circulaciones, zonas de servicios y mantenimiento. Dentro del complejo, el sector norte de las graderías es protegido del sol y la lluvia por una cubierta en concreto reforzado. La solución arquitectónica y estructural para esta parte del proyecto, le mereció al estadio figurar como un hito de la historia de la arquitectura en Colombia. Allí, el potencial portante y escultórico del concreto fue explotado de una manera exquisita.

Las graderías forman una secuencia de vigas en Z distanciadas 10 metros entre apoyos verticales. Se transforman en 12 costillas de sección parabólica, cada una de estas se apoya en dos columnas que transfieren las cargas al terreno. En su porción superior, las costillas soportan una cáscara de doble curvatura en concreto reforzado con un grosor de 4 cm, conformando un espectacular voladizo de 16 metros de largo sobre las graderías. Esta propuesta expone un nivel de sofisticación técnica único, aplaudido en su momento y valorado desde entonces. Además de su naturaleza innovadora, cumple cabalmente con las condiciones de uso del proyecto, su sistema constructivo y su desarrollo geométrico permiten tener una visual sin interrupciones desde las graderías hasta el campo de béisbol. Por otro lado, para dar respuesta a las altas temperaturas de la ciudad de Cartagena, entre las costillas mencionadas se dejaron aperturas en la parte posterior de la cubierta, permitiendo el libre flujo de aire, y proporcionando confort térmico a los espectadores. La sección de ese único elemento, con funciones diferentes, y que formalmente integra graderías con cubierta, es visible desde los costados, manifestando su elegante solución técnica y enfatizando la sensación de levedad que el voladizo genera.

La audacia del proyecto estructural fue alabada en su momento por el gremio de la arquitectura e ingeniería del país y resaltada en publicaciones nacionales y extranjeras. Desde un punto de vista técnico el estadio integra de una manera excepcional su intención arquitectónica con su desarrollo estructural. En esta obra las dos disciplinas son indisociables, la sutileza y claridad de la propuesta hacen de estructura y arquitectura una unidad. Varias razones contribuyeron a esto, en la Sección de Edificios Nacionales del Ministerio de Obras Públicas era natural que los ingenieros trabajasen de la mano de los arquitectos, por otro lado, dada la complejidad de determinantes para su diseño, los estadios son idóneos para que este tipo de diálogo entre disciplinas ocurra. Existe una razón de mayor peso y que dejaría lecciones más contundentes. Gracias a la experimentación estructural y a la interrogación del espacio arquitectónico a través de la rigurosidad geométrica, la arquitectura encuentra en la técnica a su mejor aliado. Se manifiesta así uno de los principios de la arquitectura moderna.

El legado de esta obra en la historia de la arquitectura en Colombia se transmite en diversos ámbitos. Cumple a cabalidad con lo que un equipamiento en un país en desarrollo debe generar en la ciudad, expresión de una ambición pública, cultural y técnica. Este proceso de desarrollo enunciaba una doble promesa: la modernización de Colombia se haría mediante la técnica, y desde lo público se construiría un país. Es reflejo de un momento crucial para entender el cambio de paradigma dentro de la práctica de la arquitectura del siglo XX, un canon que continuó intacto en las dos primeras décadas del siglo XXI. Desde su inauguración, el estadio se convirtió rápidamente en referente visible de cambio y en un hito moderno para la ciudad de Cartagena. Avanzó el desarrollo e investigación en el país de las técnicas constructivas en concreto reforzado, ayudando a confirmar su idoneidad para ejecutar el plan de modernización de infraestructura del país. En su momento, el Estadio de Béisbol de Cartagena puso a Colombia en el mapa de la arquitectura moderna, setenta años después, gracias al carácter visionario de sus autores, su apuesta no deja de asombrar e insta a proponer un camino de innovación conciliando dos ámbitos que pocas veces se integran de una forma tan coherente en arquitectura: la experimentación y la implementación. La sintonía perfecta entre arquitectura, ingeniería estructural y método constructivo hace que esta obra exhiba lo que pocas otras logran: una racionalidad emocionante, llena de complejidad técnica y de sencillez arquitectónica. Su integridad se confirma por la permanencia en el tiempo.

* Arquitecto graduado con honores de la Universidad de los Andes, con maestría en Arquitectura y Urbanismo del Design Research Lab, Architectural Association School of Architecture. Socio de la firma Perez Reiter. Ha sido docente en la Universidad de los Andes, Bogotá; Tsinghua University, Pekín y la Architectural Association School of Architecture, Londres.

Bibliografía

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Viernes, Junio 22, 2018 - 14:45
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